miércoles, diciembre 28

La era del hibridismo, por Salvador Pániker

EL PAÍS - Opinión - 28-12-2005
Se nos antojan cada vez más bizantinas las grandes disquisiciones sobre conceptos absolutos (nación, patria, religión, etcétera). Ello es que pertenecemos a la era de la fluidez y el hibridismo. Los valores son cada vez más relativos, móviles, provisionales. Los territorios científicos son interdisciplinarios. La misma ética es, ante todo, ética aplicada y casuística. Y hablar de hibridismo es hablar de identidades múltiples, pluralismo a la carta, mestizaje cultural. Sucede que todo es hoy una mezcla felizmente poco consistente de actitudes y valores dispersos. De la gran matriz cultural, de los miles de matrices culturales, se pueden extraer combinaciones múltiples. Se puede ser a un tiempo anarquista, petimetre y budista. Homosexual y cristiano. Ateo y místico. Socialista y nacionalista. Caben todas las combinaciones imaginables. También las inimaginables. Y no hay que pensar que los distintos factores se relacionen causalmente: simplemente, conviven. Se interconectan. En algunos casos, claro, sí procede hablar de causalidad, pero ésta no es lineal sino cibernética, inscrita en redes complejas. Hay quien usa la palabra conectividad: interdependencia de ámbitos alejados entre sí, relaciones improbables. Fenómenos generalizados de ecología no lineal.
Sí, todo puede incidir sobre todo. O no incidir. Democracia y capitalismo, sin ir más lejos. En algunos países asiáticos existe hoy un pujante capitalismo, pero con poca libertad de expresión, poca independencia del poder judicial, poco espacio para los derechos humanos. Hablar de "confucianismo del desarrollo" resulta equívoco, pero no del todo desatinado. Ello es que los caminos que conducen a cualquier parte son múltiples. Así, los famosos análisis de Max Weber relacionando el nacimiento del capitalismo, no con el afán de enriquecimiento sino con la ética puritana del trabajo, también podrían trasladarse a las virtudes confucianas de justicia, honradez y respeto a los ancianos, las cuales tendrían como resultado una cierta austeridad que haría posible la acumulación capitalista. En rigor, cualquier teoría culturalista del crecimiento económico debe ser tomada con las mayores reservas. Las explicaciones -los "relatos"- son múltiples.
El caso es que la gente se siente hoy a la vez atraída y repelida por ese sincretismo escéptico que hace que todo se pueda cruzar, combinar, conectar. La nuestra, digo, es una época de hibridismo lúcido y fluido. Abundan, por ejemplo, los cristianos que sienten la necesidad de asomarse al exterior de su caverna, salir fuera de las cuatro paredes dogmáticas en que fueron educados; cristianos avisados de sus mil genealogías subterráneas, precisamente híbridas; cristianos que saben -o deberían saber- que el cristianismo tomó de Pitágoras la doctrina del cuerpo como prisión, que recogió de los egipcios el concepto de inmortalidad, que se inspiró en el budismo para el movimiento monástico; cristianos que conocen el legado judío, el helénico y, sobre todo, el romano: ya se sabe que la Iglesia quiso ser la continuación del Imperio Romano desde otras, no muy distantes, coordenadas (lo fundamentó San Agustín en La ciudad de Dios, y lo denunció el sagaz Hobbes a propósito del papado). Es frente a ese relativismo que se alzan las voces de la Iglesia oficial. Inútilmente. Porque los "grandes relatos" tradicionales se han disgregado. Porque el pluralismo es el trasfondo esencial de nuestro tiempo. Y pluralismo significa espacio laico.
Por otra parte, claro está, también presiona la otra cara de la moneda, la indigencia mental, el pluralismo degradado en dispersión perezosa, la tendencia a pensar a través de bloques erráticos y frases hechas, en el espacio yermo de las palabras demasiado usadas. A señalar que hubo un tiempo en que las palabras estaban vivas. Las palabras eran sacramento, energía sagrada. Jacob no vaciló en recurrir al engaño con tal de conseguir las palabras de Isaac. Su bendición. Las palabras, irreversibles, dejaban una huella imborrable. Isaac ya no pudo volverse atrás, Jacob huyó a esconderse. El verbo era carne. Las palabras, sí, eran sagradas, y quienes conocían el secreto de las mismas tenían el poder. Fue el caso de los brahmanes en la India, capaces de conjurar a los dioses y al destino. Los mismos himnos védicos, compuestos de palabras, se suponía que eran previos al universo, pues contenían las poderosas sílabas eternas de las que todo procede. Por ejemplo, OM.
Hoy todo es distinto. Hoy políticos y predicadores se desgañitan casi en vano. La otra faz del pluralismo híbrido, ya digo, es que las palabras no valen gran cosa (ocurría ya en tiempos de Shakespeare: words, words, words). La secularización tiene su coste. Se olvidaron los poemas primordiales. Publicamos miles de inútiles libros. Todo es inflación. Devaluación. Y, en consecuencia, nadie se fía de nadie. Es cierto, sí, que todavía la democracia, la empresa y el mercado necesitan la confianza de los ciudadanos para poder funcionar; pero se trata de una confianza devaluada y, ya digo, meramente funcional, y de ahí la exigencia de garantías, los contratos escritos, los registros de la propiedad, el aparato de justicia, la defensa del valor de la moneda, las instituciones, el Estado. Ello es que si nuestra época es esencialmente híbrida, también es escéptica, latentemente nihilista, vagamente incoherente, no lineal. Acontecimientos minúsculos provocan efectos impredecibles. Cuenta la trama biográfica de cada cual. Por ejemplo, el filósofo Zubiri, que jamás tuvo preocupaciones sociales, fue el maestro del teólogo de la liberación Ellacuría. Cualquier doctrina filosófica puede desembocar en cualquier práctica, o inhibición, política.
Conviene insistir, en todo caso, en que las redes no son lineales, la causalidad es cibernética y los acontecimientos se inscriben en una lógica da la complejidad. La gente ya no se sorprende, pongo por caso, de leer en la prensa que "las buenas noticias sobre el empleo hacen caer la Bolsa de Nueva York". Ya imaginan que alguna relación sistémica debe de haber entre subida del empleo (buena noticia), peligro de inflación (mala perspectiva) y subida de los tipos de interés (peor escenario para la Bolsa). Y así la Bolsa se apresura a "descontar" los posibles efectos sistémicos de un dato inicialmente bueno. Y la misma gente acaba comprendiendo que ya no hay buenas ni malas noticias absolutas. Lo que hay son diferentes articulaciones de los elementosque componen los sistemas finitos. Y precisamente un sistema es tanto más fértil y complejo cuantos más antagonismos albergue.
Finalmente, resulta obvio que todos los fundamentalismos que hoy emergen son intentos simplistas de atajar ese trasfondo de hibridismo fluido que genera inseguridad. Lo que ocurre es que para sobrevivir a la provisionalidad, a la complejidad y a la incertidumbre se requieren unas reservas de "libertad interior" que no todo el mundo posee. A menudo he señalado que conviene distinguir entre vida pública, vida privada y vida íntima. Algunos tienen vida pública, todo el mundo tiene vida privada, muy pocos tienen vida íntima. Si el movimiento hacia la secularización híbrida y global es imparable, la compensación sólo puede proceder de la "vida íntima". Entonces uno tiene "fe" -confianza en la realidad- sin necesidad de tener creencias dogmáticas. Uno configura su visión del mundo a la carta. Uno puede abandonarse al gozo de tomar de aquí y de allá, con cierta agilidad y despreocupación, a la medida de sí mismo. Que al fin y al cabo, ésta ha sido una de las conquistas fundamentales de la modernidad: el derecho de cada cual a ser cada cual. Un derecho que pocas veces ejercemos.

jueves, diciembre 15

Elecciones presidenciales: partidos y liderazgos, por Gonzalo Martner


La elección de diciembre de 2005 tiene una característica: se producen importantes distancias en los resultados de los grandes bloques políticos a nivel parlamentario y sus liderazgos presidenciales. Mientras la derecha suma 38,7 % en diputados a nivel nacional, sus candidatos presidenciales suman 48,6 % (25,4% y 23,2% respectivamente). Lavín desborda solo un punto sobre la UDI (fuerza que suma 22,3% del electorado), reduciéndose a representar su partido de origen. En cambio, Piñera agrega 11,3% a los votos de RN (partido que suma 14,1% del electorado). A la inversa, la Concertación logra un 51,8% de los votos a nivel de diputados, mientras Michelle Bachelet obtiene un 46% en la elección presidencial. El pacto Juntos Podemos Más obtiene un 7,4% de los votos y Tomás Hirsch un 5,4% de los mismos.
¿Es esta disparidad una situación nueva? Hay que remitirse a las elecciones de 1989 y 1993, en las que también existió la simultaneidad presidencial y parlamentaria (lo que no ocurrió en 1999). En 1989, la Concertación y la izquierda extraparlamentaria sumadas obtuvieron una votación (56,8%) algo superior a la de Patricio Aylwin (55,2%), candidatura presidencial que ambas fuerzas apoyaron, mientras en la derecha la situación fue de dispersión en dos candidaturas presidenciales (que sumaron 45% de los votos) y 5 listas parlamentarias (que sumaron 42% de los votos). En 1993, en su peor desempeño, la derecha tuvo dos débiles candidatos presidenciales que solo sumaron 30,6% de los votos, mientras su lista parlamentaria ahora unificada sumó un 36,7%. Eduardo Frei obtuvo un 58% y la Concertación una proporción algo inferior (un 55,4%), en su mejor momento histórico. La izquierda extraparlamentaria presentó 3 candidatos presidenciales que sumaron también su mejor registro, con un total de 11,4%, y dos listas parlamentarias que sumaron solo 7,8%. Para completar la descripción, cabe consignar que en primera vuelta en 1989 Ricardo Lagos obtuvo un 48% y en la siguiente elección parlamentaria de 1991 la Concertación obtuvo un 47,8% en diputados.
En suma, estamos frente a un fenómeno bastante novedoso: la distancia de 5,8% entre la Concertación y su candidatura presidencial. Existen en mi opinión dos explicaciones para este fenómeno.
La primera es que en el escenario político actual y futuro una candidatura presidencial DC pierde votos a la izquierda y una progresista pierde votos en parte del electorado moderado y conservador. Ya no es concebible que tan fácilmente una candidatura presidencial de la concertación tenga tantos votos como los que suman los candidatos a parlamentarios de sus partidos.
La segunda razón es que en esta específica elección Sebastián Piñera cosechó en el imaginario colectivo el ensalzamiento que buena parte de las élites hacen hoy de la figura del empresario. Ya no es el intelectual, el artista, el servidor público, el religioso, el dirigente social, el gestor comunitario, el que es valorado por su rol, que incluye una buena dosis de desprendimiento frente a lo material: hoy más de los que debieran no mantienen la necesaria distancia cultural y valórica frente a la codicia y al afán de lucro. No otra cosa es la motivación en la vida de empresarios especuladores como Sebastián Piñera. Que los que hacen de la ENADE el más importante de los escenarios de la vida nacional no se extrañen que por primera vez en Chile un multimillonario rentista obtenga el 25% de los votos.
Para que Michelle Bachelet gane bastaría que en segunda vuelta dos tercios de los que votaron por los candidatos al parlamento de la Concertación lo hagan por Michelle Bachelet. Lo que no es tan fácil de obtener, aunque se puede esgrimir al respecto un sólido argumento: de ganar Piñera, este no tendría sustento parlamentario ni social para gobernar, mientras su propia Alianza está fracturada hace años precisamente a propósito de su controvertida y ambiciosa figura. Y supone que el sistema político concertacionista se cuide de presentar, como con frecuencia algunos han hecho, a los partidos como el resumidero de los desperfectos humanos ni menos contribuir al desprestigio de sus parlamentarios. Con todos sus defectos, que de haberlos los hay, ambos actores han cumplido más que honorablemente sus deberes.
Si además se suma el voto de la izquierda extraparlamentaria, que debiera solicitarse formalmente en nombre de la común lucha antiderechista y del compromiso de hacer todo lo necesario para terminar con el sistema binominal y de gestionar el gobierno con participación y diálogo social, subordinando a la tecnocracia arrogante, entonces solo errores de magnitud debieran impedir el triunfo que lleve por primera vez a una mujer, y a una mujer de gran talento y capacidad, a la Presidencia de la República. Esa es la verdadera innovación y expresión de modernidad y no que gobierne alguien movido por dos de los más antiguos y menos nobles sentimientos humanos: el oportunismo y la codicia.

lunes, diciembre 12

Agradecimientos, por Gonzalo Martner


Agradecimientos

Quiero agradecer de manera muy afectuosa a todos los que trabajaron en mi campaña, muchos de ellos con gran sacrificio y con escasos medios, y a todos los que votaron por nuestra opción ayer domingo 11 de diciembre. Es cierto que el resultado es modesto, es decir 74 864 sufragios que equivalen a un 5,7% de los votos, y que algunos a lo mejor se sentirán decepcionados. Por mi parte, expliqué desde el principio que se trataba de una campaña para representar las ideas del mundo progresista y acompañar a Soledad Alvear, que había tenido la generosidad de evitar una confrontación en la Concertación al declinar su precandidatura presidencial. Esa generosidad debía ser correspondida y, no habiendo otros voluntarios, yo me ofrecí para acompañarla.

El objetivo no era obtener el escaño, salvo por la vía del doblaje, lo que a su vez era poco verosímil. El objetivo era no dejar sin representación al mundo progresista y de izquierda en la circunscripción más grande de Chile (en donde además se reeligieron con amplias mayorías los cuatro diputados socialistas y PPD en ejercicio y se eligieron dos más, ampliándose la presencia de 4 a 6 de los 8 distritos) y sobre todo contribuir a la unidad de la Concertación, tan necesaria en estos días. Creo que la tarea está cumplida y estoy contento por eso.

También estoy contento por el hecho que con Soledad Alvear hicimos una campaña muy cordial. Aumentamos la votación de la Concertación del 45,5% obtenido por Alejandro Foxley y Jaime Estévez en 1997 al 49,5% obtenido este domingo, en un contexto en que la derecha mantuvo su votación de 43,7% en una de las circunscripciones que le es sociológicamente más favorable. A su vez, me alegra que haya aumentado el número de votantes, que pasaron de 1.205.857 a 1.314.818 electores.

Participar en esta elección democrática ha sido una gran experiencia. Por eso, reitero mis agradecimientos a todos los que nos apoyaron. Los que deseen mantenerse en contacto podrán hacerlo a través de www.gonzalomartner.blogspot.com y de la futura página www.gonzalomartner.cl.

Ahora a todos nos toca aportar con energía a la tarea de derrotar a la derecha el próximo 15 de enero y elegir Presidenta de Chile a Michelle Bachelet. A eso los invito desde hoy, empezando por estar presentes mañana en el Court Central del Estadio Nacional en Nuñoa. Mientras, un gran abrazo para todos.

martes, noviembre 29

Michelle Bachelet: Más empleo con pleno respeto a derechos laborales


La abanderada se reunió con dirigentes sindicales en el Cine Arte Normandie.
"En mi Gobierno crearé más empleo y garantizaré el respeto a los trabajadores".
La candidata presidencial de la Concertación, Michelle Bachelet, afirmó esta mañana que su gobierno creará más empleo, garantizará el respeto a los derechos de los trabajadores y los apoyará con un sistema de protección social que hará más accesible el seguro de cesantía y entregará pensiones dignas en la vejez. La abanderada se reunió con dirigentes sindicales en el Cine Arte Normandie, donde fue recibida por Arturo Martínez, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT); Ana Bell, vicepresidenta nacional de la entidad; María Rosas, vicepresidenta de la mujer; Pedro Chullak, secretario general del Colegio de Profesores, y Raimundo Espinoza, presidente de la Federación de Trabajadores del Cobre. Después de escuchar el testimonio de tres representantes de organizaciones sindicales y la intervención del presidente de la CUT, la doctora Bachelet dijo que su gobierno creará un millón de puestos de trabajo durante su período presidencial. Esta meta se cumplirá sin hacer más precario empleo. Por el contrario, se aumentará la fiscalización de la legislación laboral, política que se verá fortalecida por los nuevos tribunales del trabajo, que aplicarán procedimientos más rápidos y eficaces. También se promoverá la sindicalización y la negociación colectiva. En esta estrategia para generar nuevos puestos de trabajo, resulta imprescindible fomentar el desarrollo de la pequeña y mediana empresa, potenciar los subsidios para la contratación de personal, ampliar la capacitación y reconversión de los trabajadores, para lograr una inserción exitosa en las dinámicas condiciones que impone la apertura de nuevos mercados para los productos chilenos.
Michelle Bachelet reiteró su compromiso con el programa “Sueldo Seguro”:
  • subsidios por el 50% del ingreso mínimo para la contratación de trabajadores jóvenes de hasta 25 años por períodos de dos años o más y un aporte estatal que cubrirá sus cotizaciones previsionales;
  • creación de un fondo permanente que permita financiar planes de emergencia cuando la tasa de desocupación aumente en alguna comuna o región del país;
  • más recursos estatales para el fondo solidario del seguro de cesantía y disminución a seis meses de los requisitos para acceder a sus beneficios;
  • salas cunas y educación pre-escolar para los hijos de las mujeres trabajadoras.

La abanderada concertacionista reafirmó la necesidad de un sistema de protección social que acompañe a las personas desde la cuna hasta la vejez. Con este objetivo, se impulsará la reforma del sistema de AFPs. También se otrogará de manera automática, sin listas de espera, la pensión asistencial a todos quienes no tengan otros ingresos y se hará un reajuste extraordinario de estos beneficios sociales apenas asuma el nuevo gobierno.

Bachelet y la disciplina de la agenda procrecimiento, por Sara Larraín


La Nación
Sara Larraín
Directora de Chile Sustentable
La semana pasada los medios de comunicación dieron cuenta del apoyo de los líderes ecologistas a Michelle Bachelet. Este hecho causó gran curiosidad en diversos ámbitos, porque los ecologistas de todos los sectores han sido críticos del Gobierno de Ricardo Lagos y, en particular, de su mal desempeño ambiental.
La actual administración no sólo no cumplió su programa ambiental, sino que tampoco llevó a cabo el acuerdo firmado con los ambientalistas de la Concertación en el Cerro Santa Lucia. Esto le hizo perder toda credibilidad sobre el tema, incluso entre sus partidarios. Aunque el Gobierno avanzó en el saneamiento de aguas, la estrategia de biodiversidad, el reglamento sobre desechos peligrosos, su falta de voluntad política en el área ambiental, lo llevó a concentrarse -en una alianza con el sector empresarial- en implementar una Agenda Pro Crecimiento sin ningún disciplinamiento ambiental. Este enfoque restringido, además de los vicios de Ralco y Celco, heredados del período de Frei Ruiz-Tagle, le impidieron frenar el deterioro ambiental, terminando su mandato con serios conflictos y claros síntomas de ingobernabilidad ambiental.
Los ecologistas no aceptamos la concepción de que la degradación ambiental y social es el precio del desarrollo y el costo del progreso. El respeto de los derechos de las personas, incluyendo el derecho a la salud y la calidad de vida, así como la protección ambiental, no limitan ni restringen el desarrollo; al contrario, posibilitan un desarrollo socialmente justo y ecológicamente sustentable. Al igual que los problemas sociales, los problemas ecológicos que sufre el país no pueden resolverse mediante “parches ambientales”, sino correcciones profundas del tipo de desarrollo que los genera.
Los ecologistas aspiramos a un Chile sustentable. Estamos convencidos de que para avanzar hacia una sociedad sustentable en Chile, con mayor justicia social y ambiental es necesario efectuar importantes modificaciones legales e institucionales al ordenamiento vigente.
Aunque mantenemos una visión crítica ante el desempeño ambiental y social de los gobiernos de la Concertación, los ecologistas hemos coincidido con la candidata presidencial Michelle Bachelet en que es necesario poner condiciones ambientales al modelo de desarrollo, de manera en que el progreso económico esté siempre en armonía con el medio ambiente.
Sobre esta base, y con profunda confianza en la calidad ética y la coherencia de Michelle Bachelet, la apoyaremos en elaborar una nueva política ambiental, que sea mucho más exigente y moderna. Para esto, hemos coincidido en el nombramiento de un ministro o ministra, y la creación de un Ministerio del Medio Ambiente con presencia nacional, regional y comunal. Esto facilitará una mayor justicia ambiental y mayor descentralización. La creación de cuentas ambientales, de la Subsecretaría de Recursos Naturales y la Superintendencia Ambiental permitirá proteger el patrimonio natural de Chile y prevenir la contaminación. La actividad económica internalizará los costos ambientales, y la creación de empleos no se hará a costa del medio ambiente y de la salud de las familias de los trabajadores.
El diseño de instrumentos de política fiscal que permitan reorientar subsidios y mecanismos de fomento, internalizar costos ambientales, y fiscalizar las normas, permitirán a Chile cumplir los requisitos ambientales de la inserción internacional y demostrar mejor desempeño ambiental ante la próxima evaluación de la OCDE en 2007. La ampliación del Fondo Ambiental a un monto anual de cinco millones de dólares (20 millones de dólares durante el mandato) para la investigación y la acción ambiental permitirá que los centros de estudio y las organizaciones ciudadanas apoyen el mejoramiento ambiental y sean parte integrante de la política pública.
Chile somos todos: un desarrollo en armonía con el medio ambiente permite proteger la salud y la calidad de vida de los chilenos, cuidar los cisnes, proteger los glaciares, evitar la contaminación nuclear y transgénica, y dejar una tierra limpia y generosa a nuestros hijos.

lunes, noviembre 28

Hacia una alianza de las civilizaciones, por Juan Ramón de la Fuente

EL PAÍS - Opinión - 28-11-2005

En 1950, el historiador británico Arnold Toynbee bautizó su gran obra con un título fascinante: Guerra y civilización. En su interpretación de las civilizaciones destacaba un supuesto esencial: la guerra. Señalaba, en efecto, que en el inicio y el fin de las civilizaciones existe siempre, de una suerte u otra, la guerra.
Casi cuarenta años después, en el verano de 1989, Francis Fukuyama, un profesor estadounidense incorporado a la Secretaría de Estado y la Rand Corporation, publicó un artículo que tuvo audiencia universal: El fin de la historia. Fukuyama proclamaba el fin de la historia, teniendo en su cabeza, como memoria, a Hegel. El fin de la historia gravitaba sobre una visión global: que la democracia y el mercado constituirían un nuevo consenso de legitimidad y, en consecuencia, que ni Marx ni los modelos totalitarios podrían superar ni impedir ese proceso.
El derrumbe del Muro de Berlín ese mismo año y la disolución posterior de la Unión Soviética, con la incorporación de los países del Este a las economías de mercado, depararon a Fukuyama una gloria efímera sobre el fin de la historia, y su antítesis real: la irreprimible marcha de la historia hacia nuevas y poderosas contradicciones. Tres años después, Fukuyama tuvo que escribir el libro El fin de la historia y el último hombre, en el que intentó matizar sus ideas, orientando su análisis hacia la legitimidad como concepto esencial de la política y, posteriormente, hacia la revolución biogenética.
La mención a textos tan explosivos nos conduce, ineludiblemente, al ensayo que Samuel Huntington publicara en 1993, El choque de las civilizaciones, artículo que causó un estallido polémico similar al de Fukuyama. Y si el derrumbe de los muros berlineses propició una breve gloria a Fukuyama, los atentados contra las Torres Gemelas lograron elevar a toda una nueva categoría "el choque de las civilizaciones". Huntington mantenía la tesis de que, al finalizar la guerra fría, las contradicciones de las civilizaciones reemplazarían a las ideologías como factor decisivo de los conflictos internacionales; pero se deslizaba, en tal hipótesis, una interrogación importante: ¿cómo construir la paz americana en un sistema unipolar? Dicho de otra manera, la pregunta sería: ¿cómo imponer, entre el equilibrio y el imperio, un proyecto consensuado de paz universal?
Huntington fue más allá con otro libro, ¿Quiénes somos? El desafío a la identidad nacional americana, en el que plantea el dilema estadounidense como originado por una grave perturbación cultural derivada de las poblaciones hispánicas y, sobre todo, del flujo migratorio mexicano. Esas poblaciones, según el autor, contradicen la trilogía sacra de la identidad estadounidense: blancos, anglosajones y protestantes.
Sin percibir siquiera su propio fundamentalismo, Huntington niega, con su tesis, a los Estados Unidos, porque las civilizaciones -incluida la estadounidense- han sido el fruto histórico de grandes mestizajes culturales. De ahí que su fracaso en Irak gravite sobre esa perentórica incapacidad para entender, comprender y asumir quién es el otro como sujeto histórico de una civilización que hizo posible, entre otras cosas, que en el siglo VIII Bagdad fuera bautizada como Medina al Salam, es decir, la Ciudad de la Paz.
Al revés del choque de civilizaciones, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió en 2001 establecer, como antítesis, el Programa Mundial para el Diálogo de las Civilizaciones. Enfrentaba así a la barbarie del atentado contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre con una tesis fundada en la capacidad humana para explorar, frente al determinismo del terrorismo y la reacción imperial, un análisis más racional. Pero en el centro del debate cultural gravita también la necesidad de afirmar, frente a la simplificación que niega nuestra complejidad existencial, una variable no sólo racional, sino también ética y moral.
Rousseau, en su Émile, definía en una frase admirable la esencia del problema: "Quiero aprender a vivir". Parecería, sin embargo, que el ensayo existencial de nuestro tiempo plantea lo contrario: aprender a matar masivamente, como si el otro no existiera o no debiera existir.
Antes de la invasión a Irak, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tuvo que aceptar el verdadero significado del debate sobre la paz y la guerra. Un debate atrapado, desde el inicio, en un cuestionamiento de relevante significado moral: ¿existían causas objetivas, probadas, indiscutibles, evidentes, para desencadenar la guerra contra Irak bajo el supuesto de poseer armas de destrucción masiva? Las pruebas insuficientes, la imposición de una tesis sin su comprobación y la conclusión posterior, de que si no existían las armas de destrucción masiva, al fin y al cabo el mundo estaba mejor sin Sadam Husein, hicieron retroceder la historia de la humanidad a la barbarie. Es poco disputable decir que el vacío ético que ha dejado ese impulso destructor nos obliga, sin equívocos, a defender contra viento y marea el proyecto que el presidente del Gobierno español ha replanteado como alianza de las civilizaciones. Pero no sólo ritualmente, sino porque frente a la idea de la confrontación, es decir, frente al choque de las civilizaciones, es indispensable defender la identidad humana común, plural, compleja y mestiza. Identidad inseparable de la aventura del hombre por encontrar soluciones solidarias.
El imperativo moral de las democracias es que éstas no pueden ser una bandera para las conquistas, sino una bandera para la convivencia y la tolerancia. No existe, pues, el fin de la historia, sino lo contrario: la historia tiene que hacerse cada día, y tanto mejor si se asume que sólo desde el conocimiento se pueden afrontar las complejidades del existir.
Las universidades, como centros generadores y difusores del conocimiento, habrán de ser fundamentales en la construcción de esa historia que viene.
Por eso no podemos aceptar, como última razón, el choque de las civilizaciones; pero sí al revés: el diálogo y la alianza entre civilizaciones.
Es necesario reconocer también que la Universidad, a escala global, ha de ser la memoria colectiva y crítica de un planeta común. El hombre y la mujer del siglo XXI habrán de entender que el terrorismo suicida no es la expresión del islam ni de una civilización frente a otra. Es, en el fondo, una forma primaria y trágica de una catástrofe ideológica y social que no quiso advertir que la libertad sólo se realiza en la solidaridad y que sin la solidaridad la libertad se vacía de su validez universal. Somos libres porque somos solidarios.
Vuelvo a Toynbee, quien conversaba en 1963 con su hijo Philip, cuando éste le hizo, a quemarropa, una apremiante pregunta: "¿Crees en Dios?". A lo que Toynbee contestó: "Creo en Dios si las creencias hindúes o chinas están incluidas en la creencia en Dios. Pero me parece que los cristianos, judíos y musulmanes, en su mayoría, no admitirían esto y dirían que no es una genuina creencia en Dios". Me parece que esas palabras son hoy esenciales para el diálogo y la alianza entre civilizaciones. Las sugiero a manera de reflexión para avanzar en el tema. Respaldar la alianza de las civilizaciones es negarse a admitir que la guerra es la solución a un problema mal presentado y mal defendido, que no sólo distorsiona gravemente la realidad, sino que favorece la expansión de la violencia, y lo que es peor, hace de la violencia un mundo inédito para los suicidas a través del terrorismo.
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Juan Ramón de la Fuente es rector de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fragmentos del texto leído en la Universidad de Alcalá durante su investidura como doctor honoris causa el pasado lunes 21.

martes, noviembre 22

Entrevista a Gonzalo Martner, El Mostrador


-¿Cómo le ha ido en su campaña, considerando que Santiago Oriente es una zona con un alto número de votantes de derecha?
-Bueno, son un millón 600 mil electores y darse a conocer allí, con escaso recursos financieros como es mi caso, no es fácil, pero estamos haciendo todo lo posible por subir mi votación, lo que también es un aporte para la candidatura de Michelle Bachelet. Estoy contento y satisfecho porque esta campaña ha sido una instancia para conocer muchas situaciones y compartir con la gente. Bueno, también esto es el contraste que el país tiene, ya que en la zona oriente efectivamente está el barrio alto y también muchas zonas populares y uno dimensiona mucho más la tarea que debe hacer para disminuir las brechas sociales que hay en Chile.
-¿Qué le parecen los resultados de la encuesta CERC, donde aparece con menos de un 6 por ciento?
-Mi intención de voto es de un cinco por ciento. Bueno, Alejandro Foxley y Jaime Estévez sumaron 45 por ciento hace ocho años atrás, mientras que Soledad Alvear y yo vamos a tener una votación mayor que eso, aunque yo esté haciendo un aporte bastante menor, por cierto, pero eso es un dato que se sabía desde un principio.
-¿Hace un par de meses usted dijo que en estas elecciones quería tener una votación similar a la del candidato a senador de la UDI, Pablo Longueira, quien también postula por esa circunscripción?
-Cuando yo dije eso Longueira tenía un 14 por ciento de votación, y sinceramente yo no he subido mucho, sin embargo uno propone y es la gente la que dispone...
-¿Qué le parece la cantidad de recursos que estarían utilizando tanto Longueira como la candidata de RN, Lily Pérez, en esa zona?
-Aquí hubo una ley que buscó limitar los gastos de campaña y la verdad es que yo no veo que esté funcionando, hay un despliegue excesivo, un derroche de dinero, y seguimos con el problema. Nuestra democracia, en muchos sentido, es prisionera del dinero.
-¿Qué le parece que el candidato del Partido Comunista, Manuel Riesco, tenga una votación similar a la de usted, pese a que él ha hecho muy poca campaña electoral?
-Estoy consciente de eso, recordemos, en todo caso, que hace ocho años atrás Mireya Baltra sacó cerca de un ocho por ciento de los votos. Y sin duda que en esta zona hay un porcentaje de personas que está de acuerdo con las propuestas de la izquierda extraparlamentaria.
-¿Usted cree que hay alguna posibilidad de que el PC pueda llegar al Parlamento?
-A mí me parece que sí, porque ellos tienen el legítimo derecho de estar en el parlamento, si bien el sistema binominal en la actualidad lo hace imposible.

lunes, noviembre 21

Entrevista a Michelle, El Mercurio

LA CANDIDATA ESTRENA NUEVOS ÉNFASIS DESPUÉS DE SU DURA SEMANA
Bachelet sale a encarar a Lavín y Piñera

A 21 días de las elecciones y pese a las encuestas, mantiene la certeza de terciarse la banda presidencial. En el peor escenario, reconoce, sería en segunda vuelta.


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RAQUEL CORREA

En la recta final de la extenuante campaña no se la ve tan espontánea como solía. Y pese a las últimas encuestas, está segurísima de que será la próxima Presidenta de Chile, la primera de nuestra historia. Sin embargo, acepta que en el nuevo escenario "hay que trabajar más duro, porque en la puerta del horno...".

Durante dos horas, en medio de sus extenuantes y eternos días, se dejó preguntar de todo, sin una interrupción. Desde cómo se vestirá para jurar si es electa, por sus proyectos más caros, hasta qué significa ser "la heredera de Lagos que deja la vara tan alta". La "doctora" -como muchos le dicen ahora- se considera preparada para gobernar e insiste en que es "muy trabajadora". Satisfecha con su actuación en el último foro televisivo, se sintió más relajada, aunque sólo sonrió cuatro veces -según contabilizó uno de sus asesores.

-Es que cuando hablo en serio, hablo en serio -explica. Y niega haberse propuesto lucir más seria, en general, para no verse como una "Miss Simpatía". -Antes me criticaban porque sonreía mucho y ahora porque no sonrío -dice riendo-. Yo no soy actriz ni producto de marketing. Claro que me dicen que sonría más... Pero si estoy hablando sobre desigualdad, ¿cómo voy a sonreír? -comenta luciendo sus dientes perfectos.

-¿Qué ha sido lo más complicado de la campaña?

-En lo personal, conciliar la vida de candidata, mamá, dueña de casa. Lo he logrado. En lo político, combinar una política más tradicional con una nueva manera de hacer las cosas, con los ciudadanos.

-¿Lo que más la ha sorprendido?

-La fuerza y empuje que tienen las mujeres y hombres de este país. También re-conocer Chile, recorrerlo y descubir tantos Chiles diferentes.

-¿Lo más ingrato?

-La forma en que opera la política. Ver o leer gente diciendo cosas espantosas de mí y cuando se encuentran conmigo me dicen "nada personal, mi amor, te adoro, te admiro, pero es la política, ¿entiendes?". Esa es la política que yo no quiero, dice con ese rictus que, con frecuencia, reemplaza su reconocida sonrisa.

A votar

-Si no fuera candidata, ¿por cuál de los postulantes votaría?

-Por el que fuera por la Concertación.

-Con una mano en el corazón, ¿se siente más próxima a Hirsch que a cualquiera de los otros?

-Me habría sentido más próxima a cualquier candidato de la Concertación.

-O sea, no contesta... Usted fue allendista, ¿no la complica Hirsch con la bandera de Allende?

-Allende es un símbolo importante para millones de chilenos y nadie tiene propiedad sobre él.

-La irrupción de Hirsch y la arremetida de Piñera parecen asegurar segunda vuelta. ¿Ahí puede pasar cualquier cosa?

-No. Creo firmemente que seré la próxima Presidenta de Chile. No tengo ninguna duda.

-¿Qué les diría a los que votarán por Hirsch y a simpatizantes de la Concertación que no votarán por usted en primera vuelta?

-No dejes para la segunda lo que puedes hacer en la primera.

-¿Qué representan, a su juicio, Lavín y Piñera?

-A la derecha. Detrás de esas candidaturas están los poderosos; como lo dueños y socios principales de Isapres y AFP. La incapacidad que han tenido de ponerse de acuerdo revela su incapacidad de darle gobernabilidad al país. Lo que está en cuestión, con primera o segunda vuelta, es quién va a llevar adelante el liderazgo de la oposición en la derecha.

-¿Con cuál de los dos prefiere competir en una segunda vuelta?

-La verdad, me da lo mismo. Mi impresión es que la diferencia entre Lavín y Piñera va a ser muy estrecha, voto a voto.

-¿Y qué representa la candidatura de Juntos Podemos Más?

-Un conjunto de personas que, desde una postura más ideologizada, quisieran un modelo distinto. La izquierda extraparlamentaria y un conjunto de chilenos que sienten frustración porque algunos temas no los hemos resuelto bien o les habría gustado que los resolviéramos distinto. Además... tienen libertad para decir lo que quieren porque saben que no van a ser Presidentes.

-Y a usted ¿le satisface este modelo?

-Ha tenido una serie de aspectos muy positivos: todo el ámbito exportador, la producción de bienes, la mejoría de la calidad y condiciones de vida de la gente. Pero requiere ajustes y correcciones importantes de manera que no termine significando una concentración del poder, de la riqueza, del mercado, del poder político y Chile sea un país próspero a nivel macro pero con tremendas desigualdades a nivel micro. La Concertación se ha dedicado todos estos años a corregirlo, mediante políticas sociales, seguros de cesantía, que los derechos laborales se respeten. Este no es un modelo libremercadista, pero tiene algunas características del modelo que impera en el mundo globalizado de hoy.

-¿Es efectivo que Eyzaguirre dejaría el gabinete para trabajar en su comando?

-No. Seguiré trabajando con mucha fuerza y no he tomado ninguna decisión de esa naturaleza.

La voz de las encuestas

-A la luz de las encuestas, su candidatura ha ido bajando. ¿Lo atribuye a que pasó la novedad, a su antigua relación con el FPMR, a que no ha sido suficientemente propositiva...?

-Hay encuestas y encuestas.

-¿A cuál respeta más? ¿La CEP que la dio bajando seis puntos?

-Esa es una de las tantas encuestas que hay. Han salido otras encuestas y mi deber como candidata es ser analítica, no apresurarme y mirar el panorama más ampliamente. No pienso en manipulación política... asumo que ya no tengo 50%. Hay un aspecto objetivo: con cuatro buenos candidatos, que han logrado instalar ciertos temas, es fácil que se dispersen los votos. Por otro lado -se ríe-, influye la pérdida de mi sonrisa...

-Hablando en serio: me ha costado mostrarme propositiva. Cuesta que los medios muestren mis propuestas. Hago 40 propuestas y me preguntan qué opino de lo que dijo Fulano o Zutano. No hay interés. Segundo, tengo un décimo de campaña desde el punto de vista propagandístico en relación a los dos candidatos de derecha. Y creo que ha faltado más trabajo en terreno, en todo Chile. Y más energía.

-¿Culpa del comando, de los partidos, suya...?

-Yo hago bastante terreno. Si hay que aumentarlo, lo aumento. Es el momento en que todos se pongan más las pilas. Yo creo que el peor escenario es que vamos a pasar a una segunda vuelta, pero estoy convencida de que seré Presidenta.

-¿Diría que la DC se ha jugado a full? Pizarro dijo que no, que casi no se ha visto a Foxley...

-Foxley está haciendo el trabajo que tiene que hacer, que es programático. A lo largo de todo Chile ha habido enorme cantidad de decés, con sus presidentes regionales, apoyándome. Es posible que haya gente que aún no se ha sumado, pero quedan tres semanas...

-Ya que "ningún ministro se repetirá el plato", ¿Foxley no podría ser ministro suyo?

-(Se ríe) Yo me refería a ministros de este gobierno... Y sólo los presidentes electos deciden sus gabinetes.

La herencia de Lagos

-¿La perjudica no poder ser crítica de Lagos...?

-He tenido independencia. Pero yo no soy demagoga y creo que de verdad se han hecho esfuerzos importantes. Precisamente por eso puedo plantear un paso más allá en el próximo gobierno. Cuando he tenido que opinar sobre algo, lo he hecho.

-¿No le tiene miedo a Lagos?

-Nooo. El es Presidente y yo soy una candidata. Tenemos muy buena relación y él es extremadamente respetuoso de mi rol.

-Muchos sostienen que Lagos deja la vara demasiado alta. ¿Lo siente así?

-Yo creo que es el mejor estadista que ha tenido Chile.

-¿Cómo es ser la heredera de Lagos?

-Puras ventajas. Hemos tenido tantos avances que es posible avanzar a lo que yo quiero hacer. No pienso dedicar mis cuatro años en administrar lo que él hizo muy bien, sino en hacer las cosas a mi manera.

-En el foro de TV usted dijo que "persiste la desigualdad". ¿Qué faltó? ¿Voluntad política, recursos...?

-Efectivamente el ingreso de los chilenos es 14 a 1, igual que en 1990. Pero sumando los beneficios sociales, esa desigualdad cae 7 a 1.

-Y hay los mismos 500 mil cesantes...

-Pero se crearon 250 mil nuevos empleos. Pasa que se ha incorporado mucha gente al mundo del trabajo, especialmente mujeres y jóvenes. Y soy partidaria de flexibilidad laboral para mujeres y jóvenes, pero sin que signifique precariedad laboral.

-Esta imagen de un Lagos más cerca de los empresarios...

-Cuando uno asume un gobierno en medio de una crisis económica, con alto nivel de desempleo, obviamente una gran prioridad tiene que ser lograr que la economía despegue: esa es la manera de generar empleo y superar la pobreza. Que el Presidente Lagos trabajara para que los empresarios tuvieran las condiciones para realizar su trabajo me parece bien. Yo, dentro de mi programa, he señalado que tendremos un Pacto Social para el Desarrollo y creo que la manera de avanzar en una serie de temas es mediante el diálogo social en el que estén los actores relevantes: empresarios, trabajadores y, cuando corresponda, el Estado.

-Se criticó que Luisa Durán hiciera puerta a puerta con usted...

-Me ha señalado que ella es la señora del Presidente, pero es una mujer con opinión propia y que yo soy su candidata. Ni la Luisa es mi madrina ni el Presidente Lagos es mi padrino.Yo no tengo madrinas ni padrinos. Cuando la Concertación sale a la calle, la derecha entra en pánico, de ahí esas acusaciones. Soy autónoma, escucharé a quienes me interese su opinón y tomaré mis propias decisiones.

Polleras y pantalones

-¿Piensa gobernar con polleras o con pantalones?

-Gobernaré con polleras y pantalones. Pantalones para tomar todas las decisiones firmes que hay que tomar y polleras para hacer que junto con empujar a los que quieren surgir, también acojamos y protejamos más a los que tienen dificultades. Esto no lo debería decir como candidata, pero es cierto: yo no puedo garantizar que en cuatro años voy a poder terminar con todas las desigualdades de este país.

-¿Da lo mismo un gobernante hombre que mujer?

-Significa que las mujeres podemos hacer las cosas tan bien como los hombres, pero le podemos poner algo más: una manera distinta de hacer las cosas. Podemos ser eficientes, cumplir lo que prometemos, pero, además, podemos tratar de que este sea una país más acogedor. Podemos movernos entre lo teórico y lo práctico, entre lo general y lo particular. Nos preocupamos mucho de las grandes cosas, pero también de implementarlas, de los detalles.

-Si es elegida, ¿va a jurar con pollera o pantalón?

-No he tomado la decisión.

-¿No se ha mandado a hacer el traje...?

-Nooo. Falta mucho. No he pensado ni en el color.

LO VALÓRICO

-Legalizar el aborto:

-No.

-¿Y la píldora del día después?

-No es abortiva. Para todas las que la requieran, con algunas restricciones: no a niñas de 13, 14 años sin la presencia de sus padres.

-Matrimonios de homosexuales:

-No, pero que exista un sistema jurídico para todas las parejas de hecho, sean homo o heterosexuales.

-Legalización de la marihuana:

-Legalizar "el pito", no, sí estudiar sus efectos en el campo de la medicina.

DEFINICIONES ECONÓMICAS

Para enumerar sus planes, no vacila:

-Primero, trabajo digno y decente. Vamos a crear todas las condiciones para que a los grandes les siga yendo bien, pero para que a los medianos y pequeños también les vaya bien, tanto en las ciudades como en el campo.

-Segundo, más educación: salas cuna, jardines infantiles, más calidad en la educación básica y media. Y excelencia en la educación superior.

-Otro tema central: Pymes.

-Para ayudar a las Pymes -se explaya- hay que desconcentrar el mercado. De lo contrario no pueden competir.

-¿Cómo desconcentraría el mercado?

-Garantizando, con las medidas antimonopólicas, que las grandes empresas no abusen de las pequeñas. Que funcione la institucionalidad y la ley, cambiando algunos contenidos. Por ejemplo, queremos que el fiscal económico nacional se elija por concurso, que el Tribunal de Libre Competencia funcione jornada completa, no media jornada; que haya una política de fusiones. Que se suban las multas, que son muy bajas, a quienes abusen. Quiero dar una señal clave: que no puedan pasar más de 30 días sin que el Estado le pague a un pequeño proveedor e instaré a que el sector privado haga lo mismo.

-Pensiones:

-Reajuste extraordinario a las más bajas y acceso automático a la pensión asistencial.

-Alza de impuestos:

Para los aranceles de China no me parece necesario. Para el Plan de Igualdad de Oportunidades creo que tampoco será necesario: tenemos suficientes recursos. Pero sí para más solidaridad, aumentar pensiones; si fuera necesario buscar recursos adicionales, plantearía que cualquier aumento "eventual" sería para algo específico, que haya consenso y que no sean las capas medias y más pobres las que tuvieran ese peso.

-IVA 19%:

-Mantenerlo. De lo contraro tendríamos que subir otros impuestos.

-IVA al libro:

-Una decisión que aún no he tomado. Algunos dicen por qué bajar el de los libros y mantener el del pan... Si mantenemos el IVA al libro, usémoslo en programas de fomento a la lectura.

-Impuestos a empresas y personas:

-Es muy alto el de las personas... 40% y las empresas 17% y depués se les descuenta por el global complementario. No es justo. Si es necesario subir impuestos, buscaré un mecanismo que no haga que sean siempre los mismos los que pagan más.

-Privatizaciones de empresas estatales:

-De ninguna manera Codelco, ENAP ni Enami.

-1% estructural:

-Se mantiene mientras no cambien las razones que lo motivaron, pero con una política de balance estructural, con medidas contracíclicas, de manera que podamos gastar más en períodos de vacas flacas.

-Salario mínimo:

-Haré los máximos esfuerzos para subirlo. Si la economía sigue creciendo, podemos subirlo.

-¿Con qué país querría firmar un TLC?

-Creo que me tocará con India y Japón.

DEFINICIONES POLÍTICAS

-¿Gobierno ciudadano, al margen de los partidos?

-¿Alguien podría decir que los partidos no están aquí, cuando el coordinador del comando es el secretario general del PDC, el encargado del frente de masas es el presidente subrogante del PR, el encargado territorial es el vicepresidente del PPD y el encargado de comunicaciones es un antiguo PS como Ricardo Solari?

-Si llega a gobernar, ¿lo hará con los ciudadanos o con los partidos?

-Continuaré tomando en consideración lo que piensan los ciudadanos pero, naturalmente, se gobierna con los partidos. Y en temas de Estado se gobierna con todos los partidos.

-Cuoteo político:

-Elegiré a las mejores y los mejores. Gente de partidos e independientes.

-Su proyecto estrella:

-Educación pre-escolar a todos los niños de Chile. Reforma previsional. Sistema binominal. Reconocimiento constitucional de los pueblos originarios.

-Estuvo contra el proyecto UDI de otorgar beneficios a militares condenados por DD.HH. ¿No piensa hacer algo en su enventual gobierno al respecto?

-Señalé que no era el momento. Para hablar de justicia y clemencia se requieren otras condiciones.

-Amnistía, ¿por ningún motivo?

-Estoy dispuesta a avanzar en reencuentro, en más verdad, en más justicia y más reparación. Amnistía, no.

-"Caso Cuadra":

-Si queremos de verdad construir una sociedad reencontrada, se necesita que la derecha política asuma sus responsabilidades. Siendo ministra de Defensa dije que las FF.AA. habían puesto la cara, pero era necesario que el mundo político también lo hiciera.

-Financiamiento de las FF.AA.:

-Estoy disponible para derogar la Ley del Cobre, pero se requeriría un modelo de financiamiento distinto. Primero, financiamientos plurianuales y, segundo, presupuesto suficiente para las necesidades de la Defensa.

-Salida soberana al mar para Bolivia:

-Quiero una relación de diálogo constructivo con Bolivia, en una agenda de futuro. Pero mi agenda será respetando los tratados existentes.

-Relaciones diplomáticas con Cuba:

-Continuaré desarrollando buenas relaciones diplomáticas con Cuba como corresponde a pueblos soberanos.

-¿Acercarse al "barrio" o a las "grandes potencias"?

-Voy a seguir acercándome a los dos y en esta nueva etapa tenemos que hacer más esfuerzos por acercarnos al barrio, manteniendo cercanía con los poderosos.

viernes, noviembre 18

El Continente ilícito, por Moisés Naím

EL PAÍS - Opinión - 18-11-2005

Cada noche, Fortuna García canta una nana a su hija Carmen cuando la niña de seis años se va a dormir en casa de su abuela en Cochabamba, Bolivia. Fortuna vive en Gaithersburg, Maryland, y no ha visto a Carmen desde que abandonó Bolivia hace tres años. Pero cada noche, gracias a una tarjeta telefónica de prepago y por menos de un euro, le canta a Carmen hasta que se duerme. Y cada mes, Fortuna manda unos 250 euros a su madre, que se ocupa de Carmen. Los envíos de Fortuna han ayudado a pagar las mejoras de la casa de su madre y también han costeado la operación que salvó la vida a su sobrina enferma. Fortuna es uno de los 500.000 extranjeros que entran ilegalmente en Estados Unidos cada año, una cifra que no ha descendido de sus niveles previos al 11-S, a pesar de los esfuerzos por fortificar las fronteras de EE UU. Debido a que es una inmigrante ilegal, Fortuna carece de una cuenta bancaria en Estados Unidos y, por tanto, recurre a un encomendero, un compatriota boliviano que, por una comisión, entrega en mano el dinero que ella y sus vecinos de su comunidad de expatriados envían habitualmente a casa. Estos canales informales que se utilizan para mover dinero internacionalmente son comunes a muchos grupos de inmigrantes. Entre los inmigrantes de Oriente Próximo y el sur de Asia, el sistema se denomina hawala. Entre los chinos se conoce como chop.
Hace poco en una reunión en Argentina los jefes de Estado de América Latina tuvieron fuertes enfrentamientos sobre cómo promover el libre comercio en las Américas sin llegar a ningún acuerdo. Mientras tanto, los traficantes ilegales -de gente, dinero, drogas, armas o artículos falsificados- están teniendo enorme éxito conectando el Sur con el Norte y transformando a ambos en el proceso. Puede que los acuerdos de libre comercio no estén prosperando en las Américas, pero el comercio ilícito sin duda está en pleno apogeo.
Fortuna García y otros latinoamericanos que viven en el extranjero enviaron casi 40.000 millones de euros a sus países de origen el año pasado, más que todas las empresas multinacionales juntas y mucho más que todas las ayudas externas repartidas por EE UU, la Unión Europea, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. El flujo de capital ya supone un 10% del PIB de Latinoamérica, y está creciendo a más de un 10% anual. Algunas transferencias son realizadas por emigrantes legales a través de canales legítimos, pero un porcentaje importante se gana y envía de forma ilícita.
Pero los narcóticos, que no los envíos de dinero, son la principal actividad ilegal en Latinoamérica y una importante fuente de divisas extranjeras. Según Naciones Unidas, las ventas de droga en el extranjero superaron con creces los 64.000 millones de euros en productos agrícolas que la región exporta cada año. Para muchos países latinoamericanos, las drogas no son sólo la principal y más lucrativa exportación, sino también una importante fuente de poder político y, lamentablemente, también una letal fuente de violencia y conflicto social.
Brasil, por ejemplo, ya no es tan sólo una ruta de tránsito para la droga transportada desde los Andes a Europa, sino que se ha convertido en un enorme mercado de consumo final. En la frontera entre EE UU y México, poderosas bandas de traficantes rivales están librando una intensa batalla entre sí y contra el Gobierno. En Bolivia, los carteles de la cocaína han forjado complejas alianzas con grupos indígenas politizados dispuestos a hacerse con el control del país. Recientemente, militares de alto rango venezolanos fueron acusados por el Gobierno de EE UU de tráfico de drogas, cargos que el presidente Hugo Chávez inmediatamente desechó como otro intento de Bush y su Gobierno de desestabilizar su régimen. Meses antes, Venezuela había sido incluida en la lista de los peores países del mundo en cuanto a su tolerancia con los traficantes de personas. No cabe duda de que, independientemente de la animadversión de Bush hacia Chávez, Venezuela, gracias a sus muy porosas fronteras, un sistema financiero muy vulnerable al blanqueo de dinero, un sistema judicial muy débil, policías plagadas de corrupción y su especial localización geográfica, se ha convertido en un importante puente facilitador del comercio internacional ilícito.
Y no es sólo Venezuela, por supuesto. La mitad de la actividad económica de Latinoamérica se desarrolla en el sector informal. Muchos de esos empleos son precarios, pero, según encuestas, los trabajadores a menudo los prefieren a los trabajos tradicionales, ya que, en el sector informal, ganan más y son más independientes. De hecho, sólo se considera "grandes" a un 2% de las empresas formales de Latinoamérica, e incluso las que son grandes en Latinoamérica son bastante pequeñas según criterios internacionales. Por el contrario, la economía ilícita de la región es enorme y su competitividad es de nivel mundial. Las economías latinoamericanas nutren toda clase de redes empresariales importantes, altamente globalizadas y eficaces que son capaces de transportar personas o droga desde los lugares más remotos de los Andes o la jungla amazónica a Miami o Amsterdam en cuestión de días. Pocas empresas latinoamericanas formales son así de competitivas y eficientes.
La economía ilícita prospera a plena vista y conecta a América Latina con el resto del mundo de muy poderosas y a menudo delictivas maneras. Desde esta perspectiva, los furiosos debates que enfrentan a los presidentes latinoamericanos sobre el tema del libre comercio lucen menos importantes. Los acuerdos de libre comercio se firman entre Gobiernos, e involucran principalmente a empresas exportadoras en el sector más formal. Estos enfrentamientos ideológicos ignoran la realidad de que mientras la economía formal está creciendo poco y creando insuficientes empleos, el sector informal y su hermano siamés, el tráfico ilícito, están experimentando un gran boom.
El libre comercio y los flujos internacionales de capital ya son una realidad incontrovertible de las economías latinoamericanas. Lástima que muchos de ellos sean ilícitos.

martes, noviembre 8

El modelo es neoliberal, por Roberto Pizarro

El Mostrador, 7 de noviembre de 2005

El modelo económico chileno es neoliberal. Puede no gustarnos esta palabra tan desprestigiada. Pero, cuando se sostiene que “el modelo” se debe rectificar, corregir o cambiar, lo que se está cuestionando es el neoliberalismo o partes de éste. La protesta ciudadana, soterrada por largos años, se ha desplegado al calor de las elecciones presidenciales y la crítica al “modelo” se ha hecho evidente en varios ámbitos.

Existe rechazo a las AFP y a las Isapres porque éstas han convertido la salud y la jubilación de los ancianos en un negocio; preocupa la indefensión de los consumidores por las arbitrariedades que sufren en los supermercados, las farmacias y las casas comerciales; hay desesperanza en las familias pobres y de clase media por la existencia de una educación pública que no entrega oportunidades para el progreso de sus hijos; hay inseguridad en los hogares frente a las empresas de servicios públicos, que envían todos los meses uno cobros inexplicables; existe descontento en los trabajadores por la precariedad del mercado laboral y el debilitamiento de los sindicatos; y, existe molestia en la ciudadanía por la intervención del poder económico en la vida política.

No debiera sorprender, entonces, que los chilenos cuestionen la deficiente regulación estatal y unas políticas públicas que favorecen a los grandes capitalistas y perjudican a los pensionados, a los enfermos, a los consumidores de bajos ingresos, a los estudiantes pobres, a los trabajadores y a los pequeños empresarios. Lo que quisieran los chilenos es que el Estado tomara partido por los débiles para compensar esa acumulación de privilegios que favorece a los poderosos. Los chilenos quieren que el “crecimiento con igualdad” se manifieste efectivamente en las políticas públicas y no sea sólo una frase retórica para las elecciones.

John Williamson, en 1990 [1], acuñó el término “Consenso de Washington”, para precisar los ejes definitorios del neoliberalismo, los que se resumen en lo siguiente: disciplina presupuestaria; reforma fiscal con bases imponibles amplias y tipos marginales moderados; liberalización financiera, especialmente de los tipos de interés; tipos de cambio competitivos; liberalización comercial; apertura a la entrada de inversiones extranjeras directas; privatizaciones; desregulaciones; cambios en las prioridades del gasto público a favor de sanidad, educación e infraestructura y, garantía de los derechos de propiedad. Este decálogo ha sido de aplicación rigurosa en Chile.

Al cabo de dos décadas de implementación de estrategias de desarrollo basadas en este modelo sus resultados son desastrosos en los países de América Latina. El mismo Willamson, en el documento que preparó como insumo para el “Informe Económico Mundial, 2000” del Banco Mundial, se muestra desencantado. A confesión de partes relevo de pruebas.

Chile parece ser la excepción, con un buen comportamiento económico, el despliegue de modernidades en varios ámbitos y con una evidente reducción de la pobreza. No obstante, las manchas negras del neoliberalismo chileno son la creciente concentración del poder económico y la consecuente contracción de las libertades y derechos ciudadanos, lo que se traduce en desigualdades y vulnerabilidades que han llegado a convertirse en un rasgo social dominante.

¿Qué ha sucedido en Chile? ¿Cuales son las razones del “éxito” del modelo en crecimiento y reducción de la pobreza? ¿Cuánto hay de efectivo neoliberalismo en las políticas públicas de nuestro país?

La reestructuración económica de Chile empezó bajo el régimen de Pinochet, pero fue menos neoliberal de lo que parece. En realidad, bajo el régimen autoritario, el Estado desplegó una intervención muy fuerte en la economía en beneficio de los grandes empresarios nacionales e internacionales. Gracias a un conjunto de políticas públicas, muy contrarias al paradigma neoliberal, se generó una “acumulación primaria” de capitales que colocó el poder económico en manos de unos pocos empresarios ligados a Pinochet.

Después del golpe, desde mediados de los años setenta y hasta comienzos de los noventa, se aplicaron generosas políticas de apoyo estatal a la producción y a las exportaciones, en trasgresión a la libertad de mercado. Los subsidios a la plantación de bosques permitieron potenciar el sector maderero y la celulosa; el éxito del salmón en el mercado internacional tiene una gran deuda con el sector público, ya que la Fundación Chile financió la investigación tecnológica, para hacer viable su explotación; las empresas constructoras se encuentran prácticamente exentas del impuesto al valor agregado, desde hace treinta años; el reintegro simplificado a los exportadores, hoy día eliminado, benefició con un subsidio estatal a los medianos empresarios.

Al mismo tiempo, las privatizaciones, sin transparencia alguna, fueron un virtual subsidio que favoreció al empresariado pinochetista; la crisis financiera de 1982-1983 fue salvada con recursos públicos, para beneficio de los banqueros; la minería privada en el cobre ha tenido el inmenso beneficio de la depreciación acelerada junto a la aceptación complaciente del juego intracorporativo, lo que les ha permitido a las transnacionales eludir el pago de impuestos; y, lo más importante, también en beneficio del empresariado, fue el Código Laboral establecido durante la dictadura que sirvió para impedir la negociación sindical, lo que junto a una represión implacable, le entregó un poder omnímodo la sector patronal. Fue ese mismo Estado el que dio por terminadas las políticas sociales universales, favoreciendo la ampliación de los negocios empresariales privados en los ámbitos de la seguridad social, la salud y la educación.

Después de estas políticas públicas, con fuerte intervención estatal en la economía, es que, a partir de 1985, se produce un vigoroso aumento de la actividad productiva. Éste, entonces, no puede atribuirse al mercado libre y tampoco a políticas públicas neutrales sino a un Estado militarizado y dictatorial, que colocó al sector público manifiestamente al servicio de los grupos económicos nacionales y extranjeros para favorecer una “acumulación primaria” de capitales. Por tanto, bajo el régimen de Pinochet se implementó un proyecto pro-empresarial en que el Estado, y no el mercado, se convirtió en el factor principal de acumulación capitalista y en el punto de arranque del actual modelo neoliberal.

Curiosamente, los gobiernos democráticos, los políticos de la Concertación y sus tecnócratas, han sido más neoliberales de lo que ellos mismos imaginaron. La vigorosa crítica al “modelo”, que la oposición a la dictadura realizó hasta fines de los años ochenta, pasó al olvidó cuando ella se convirtió en gobierno.

Como en el cambalache, todo lo que antes se había quemado comenzó a adorarse. El miedo a los poderes fácticos, la falta de voluntad para cambiar lo existente o el convencimiento ideológico impidió a los gobiernos de la Concertación utilizar el Estado para restituir las posiciones de poder que la dictadura y los Chicago boys le habían cercenaron a la mayoría nacional. En efecto, consolidados los grandes empresarios en el mercado local e internacional, sus exigencias para ampliar ganancias estaban ahora en el libre mercado, en la reducción de los impuestos y en la flexibilidad laboral. Y con estos caballitos de batalla preferían un “Estado neutral”, que “dejara trabajar tranquilo” a los empresarios.

Así las cosas, durante los gobiernos de la Concertación se han reducido los subsidios y se ha renunciado a las políticas de promoción a la producción y a las exportaciones, lo que, en el marco de una vigorosa demanda por recursos naturales, acentúa el peligro de profundizar nuestra especialización en actividades de bajo valor agregado. En segundo lugar, la “política de neutralidad” del Estado, convirtió en usurera a la alta tasa de interés que se les cobra a las pymes, provocando una alta mortalidad de las empresas pequeñas, con un desempleo permanente de quinientos mil trabajadores. En tercer lugar, a pesar de la evidencia nacional e internacional que para reducir las vulnerabilidad externa se precisa de una adecuada regulación a los flujos de capital, se ha preferido profundizar la liberalización de la cuenta de capitales, en correspondencia con la moda en Wall Street y en el FMI. En cuarto lugar, el Estado ha sido complaciente con la concentración patrimonial, no ha facilitado la libre competencia y ha colocado en condiciones de indefensión a los consumidores. En quinto lugar, la debilidad de los sindicatos se ha profundizado, producto de una legislación que promueve la externalización, limita la negociación colectiva y no tiene eficacia fiscalizatoria.

La preconizada libertad inherente al modelo se diluye en medio de una aguda concentración del poder económico que, como ha reconocido Felipe Lamarca “…hoy estamos ante la paradoja de que el mundo va hacia la democracia, pero en Chile hay menos democracia en lo económico y también en lo político”. Lo más significativo, sin embargo, pasa por el antagonismo creciente entre los intereses del reducido grupo de empresarios chilenos ligados a la internacionalización de la economía y el mayoritario grupo de productores y empresarios que, como consecuencia de la desiguales condiciones de competencia, paulatinamente van siendo desplazados hacia la periferia de la economía o simplemente fallecen.

En suma, los grandes empresarios, que se desarrollaron gracias al estatismo de Pinochet y que se consolidaron gracias al liberalismo de la Concertación, han vivido en la más plena seguridad y protección para potenciar sus negocios. En cambio, los pequeños empresarios, los trabajadores, los estudiantes pobres, los pensionados y un amplio espectro de consumidores, enfrentan el desafío cotidiano de la desprotección y de las desigualdades frente al sistema económico. El modelo es neoliberal. No responde a los intereses de la mayoría de los chilenos y, por ende, hay razones poderosas para exigir su rectificación.

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[1] WILLIAMSON, J. (1990), “What Washington Means by Policy Reform?”, en J. Williamson (ed.), Latin American Adjustment: How Much Has Happened?, Institute for International Economics, Washington DC.

jueves, octubre 13

Cumbre iberoamericana, por Felipe González

Cumbre Iberoamericana: debatir sin prejuicios el futuro
El País
En la organización futura de las cumbres hay un hecho nuevo que podemos saludar como una bendición: Enrique Iglesias, después de una larga trayectoria política, con su experiencia acumulada y con el conocimiento más preciso y lúcido de la región, se ha hecho cargo de la recién estrenada secretaría. La conoce como una realidad viva y diversa, llena de potencialidades por explorar para enfrentar los desafíos del desarrollo en la globalización. Si tiene el respaldo que necesita puede contribuir a definir objetivos comunes, aclarar propuestas y crear una nueva dinámica para todos y en beneficio de todos.
Desde la primera que celebramos en Guadalajara (México), allá por el año 1991, hasta la de este año en Salamanca, se han generalizado los sistemas democráticos. Sin embargo, la dificultad para encontrar procesos de crecimiento sostenido con una redistribución más justa del ingreso, muestra la cara negativa del proceso. Naturalmente hay excepciones a la regla en ambos casos, pero la regla cuenta para comprender la percepción que los ciudadanos tienen de este periodo histórico en la región.
Se habla de "fracaso de la democracia" para dar respuesta al desafío del desarrollo económico y social, aunque no fracasa la democracia sino la política. La democracia no garantiza de por sí el buen gobierno, pero permite que cambiemos los gobiernos que no nos satisfacen en su desempeño. A largo plazo siempre produce efectos positivos, porque los políticos sometidos al escrutinio de los ciudadanos tienden a mejorar sus prestaciones.
Se han intentado reformas económicas liberalizadoras y privatizadoras, en sucesivas oleadas a lo largo de los 90, con aciertos y fracasos. También se han vivido oleadas de inestabilidad política, por fortuna sin el acompañamiento dramático de las involuciones golpistas, aunque con consecuencias muy severas sociales y económicas.
En el trasfondo de la inestabilidad y de las convulsiones sociales podemos ver cómo la riqueza ha crecido escasamente, casi en los mismos términos que la población, pero la distribución del excedente de ese crecimiento es peor que antaño. Éste es el elemento básico de la frustración ciudadana que ve alejarse en el horizonte, periodo tras periodo, las expectativas de mejora de sus condiciones de vida y que coloca a la región en cabeza de la desigualdad en el mundo.
La política tiene que aprender de la prueba y error, corregir el rumbo para buscar caminos de respuesta para evitar esta frustración creciente. Ni el populismo -de izquierdas o de derechas- ni el fundamentalismo neoliberal han servido para enfrentar los desafíos con éxito. Deberíamos añadir que los discursos políticos son los que menos cambian en un mundo cambiante a velocidad vertiginosa. Siguen tendiendo al antagonismo sin concesiones, desde posiciones previas, con prejuicios viejos, que impiden encontrar la senda del entendimiento en la definición de los intereses nacionales que deberían ser parte de amplios consensos.
Existe un problema de más y mejor democracia -lo que ahora llamamos calidad democrática- y de proyectos políticos consistentes para estimular el crecimiento económico con empleo. Para hacerlos sostenibles hay que aprovechar la energía, desarrollar las infraestructuras físicas, construir vivienda accesible y, sobre todo, cuidar la variable estratégica más importante para enfrentar el futuro: la educación y la salud de la gente.
Mejorar la eficiencia de la democracia no es, sustancialmente, un problema de costes, sino de voluntad política y de acuerdos, pero si no se hace no tendremos instrumentos para el desarrollo. Aún más, el aparato burocrático se convierte en lastre para el ejercicio de la libertad con seguridad y para el impulso de las iniciativas generadoras de riqueza.
Los sistemas democráticos, con excepciones, son poco incluyentes. La participación de las mujeres -más de la mitad de la población- es muy escasa en los puestos de responsabilidad, representativos y de designación, lo que desperdicia una parte sustancial del capital humano de la región. La exclusión por distintas vías de sectores amplios de la población es también una evidencia, como ocurre con la población indígena. Limitaciones no justificables para ser elegible, por titulación universitaria, o por edad, en sociedades con una pirámide poblacional muy joven o con escasas posibilidades de acceso a cualquiera a una educación superior contribuyen a la exclusión. El coste de la política, particularmente de las campañas, es, asimismo, un mecanismo de exclusión de mayorías. La distancia entre la condición de elector y elegible tiene que tender a reducirse si queremos el compromiso de todos con la democracia.
Muchos sistemas electorales parecen pensados para generar inestabilidad o para exigir pactos truculentos que dificultan la gobernanza. Se dice que el problema es el presidencialismo, aunque lo dudo. El problema suele ser que los presidentes electos tienen respaldos muy exiguos en los parlamentos, excesivamente fraccionados, y se producen choques insalvables de legitimidades democráticas en el desarrollo de las funciones ejecutivas y legislativas.
La seguridad física y la seguridad jurídica son elementos esenciales para el ejercicio de las libertades cívicas. Es imposible sentirse libres si la criminalidad organizada se extiende como amenaza constante para nuestra libertad de movimientos. Es difícil desenvolverse como ciudadanos si las leyes se interpretan o aplican con arbitrariedad o son incomprensibles y complejas para la mayoría. En este terreno también se necesitan reformas que implican acuerdos o consensos más allá de la posición que se ocupe en el espectro político o la representación que se ostente. Libertad con seguridad es una necesidad que exige un funcionamiento policial y judicial de mayor eficiencia. Más si se considera que justificación primera y última del Estado es garantizar este binomio.
Simplificar trámites y hacer transparentes las cuentas y las acciones públicas significa poner a las administraciones al servicio real de los ciudadanos. Ahorra dinero, evita corruptelas e impide que el monstruo burocrático se alimente de sí mismo y de la sociedad en lugar de servirla. No confundir el ejercicio imprescindible de la autoridad con el autoritarismo del que partimos es un paso decisivo en la madurez de la democracia.
Reformas políticas que per-mitan decisiones estratégicas en el terreno de la economía, con una fiscalidad que estimule el crecimiento con empleo y redistribuya ingreso mejorando servicios básicos de educación y salud. Si la fiscalidad es sólo recaudatoria, sin priorizar los objetivos nacionales para el desarrollo económico y social, tiende a distorsionar la inversión y la creación de riqueza.
Los acuerdos nacionales deberían hacer posibles políticas de medio y largo plazo para el desarrollo de las infraestructuras físicas, con frecuencia de carácter regional supranacional, para eliminar cuellos de botella al crecimiento sostenido de la economía. Se dice que en la región hay poco ahorro para este esfuerzo necesario, pero lo que ocurre es que hay poca capacidad de ahorro público y parte del ahorro privado -que sí existe- no encuentra cauces para proyectarse hacia inversiones en las infraestructuras.
Imaginemos Estados democráticos que mejoren la seguridad de los ciudadanos y faciliten sus iniciativas; que atiendan la educación y la salud básica de los ciudadanos y que ejerzan su capacidad regulatoria para atraer al ahorro privado y para canalizar el ahorro social hacia el desarrollo de las infraestructuras de carreteras, puertos, aeropuertos, agua y vivienda. Importaría menos que sus recursos públicos se concentraran en las funciones señaladas porque serían capaces de combinar lo público y lo privado al servicio del país y de la región.
Consideración aparte merece la energía, como variable estratégica para el desarrollo nacional y regional y para la relevancia internacional. En esta parte del continente hay energía de sobra, de la que no es renovable y de la renovable, pero está infrautilizada en algunos casos o no ha sido útil para el desarrollo social y económico de los pueblos. Poco importa si la explotación de los recursos es pública o privada, que ambas cosas son posibles. Lo que importa es que se proyecten a favor de los ciudadanos. Ni siquiera se trata del reparto de esa riqueza, en muchos casos no renovable, sino de su utilización para crear una fuente de riqueza permanente para las sociedades iberoamericanas.
El continente está lleno de potencialidad. De nuevo existe una etapa en que es previsible el crecimiento económico y también el mantenimiento de precios interesantes para materias primas abundantes y de valor estratégico. ¿Sería posible debatir serenamente, sin prejuicios, sobre el presente y el futuro de la región? Los actores están juntos. La obra puede dar comienzo.

miércoles, octubre 12

Entrevista a Jorge Arrate, El Mostrador

Candidato a senador por la IV Región, Jorge Arrate: 'Después de las elecciones el PS debe abrir diálogo con el PC' por Susana Jaramillo
El ex ministro del Trabajo y de Educación califica de positiva su campaña parlamentaria en la circunscripción de Coquimbo y La Serena. No obstante, condena que la postulante de la UDI, Evelyn Mathei, tenga un comportamiento agresivo a la hora de discutir temas de fondo. Y en la política grande llama a acumular más fuerzas en la Concertación para ''aislar y reducir a la derecha''. Hace unos pocos días, el candidato a senador por la Cuarta Región, el socialista, Jorge Arrate, fue proclamado en La Serena, en un acto en el cual participó no sólo el presidente de su partido, Ricardo Núñez, sino también el jefe de la campaña parlamentaria del PPD, Jorge Schaulsohn. Según Arrate, esto demuestra una vez más que el conflicto de la Sexta Región entre ambos partidos está sólo concentrado allí y que en el resto del país el bloque progresista está actuando de manera unitaria. También hace una positiva evaluación de su campaña; sin embargo, critica la actitud que ha sostenido durante estos días la candidata a senadora de la UDI, Evelyn Matthei. A su parecer las “artimañas” que está utilizando la parlamentaria díscola en la campaña demuestran que la derecha está complicada, porque en estas elecciones no puede tener un buen resultado y es posible que la Concertación logre doblar en cuatro circunscripciones. En cuanto a la posibilidad de crear un Partido Por el Progreso, para el ex ministro del Trabajo no es el momento de discutir esta materia. No obstante, se muestra plenamente partidario de que el PS –después de las elecciones de este 11 de diciembre- inicie un diálogo con los comunistas y las fuerzas que integran el Pacto Juntos Podemos Más.
-¿Cuál es la evaluación que hace de su campaña parlamentaria hasta el momento?
-Yo tengo una evaluación muy positiva. Estoy trabajando directamente con los candidatos a diputados Marcelo Díaz, Adriana Muñoz y Francisco Encina. En cuanto a mi relación con el compañero de lista, el candidato de la Democracia Cristiana, Jorge Pizarro, mi campaña está centrada en que la Concertación gane los dos senadores en esta región, de modo que se trata de sumar votos para doblar a la derecha, ya que, gracias al sistema binominal que dejó Pinochet, la UDI y RN se parapetan en un tercio de los votos y así pueden lograr más representación. Entonces, aquí se dan todas las condiciones para que podamos duplicar a la derecha, y que, en definitiva, en la Cuarta Región no sólo haya un senador demócrata cristiano sino que también uno de izquierda, como en el pasado siempre fue.
-¿Cómo ha sido la relación con la candidata a senadora de la UDI, Evelyn Matthei?
-Estamos en estos días en un polémica bastante fuerte con esta señora sobre temas de fondo, que trato de mantener con altura; sin embargo, con ella parece que no es fácil y además hubo una grave denuncia formulada por dirigentes de la campaña de Michelle Bachelet, señalando que hay activistas de Matthei que le aseguran a los habitantes de Choapa que esta militante de la UDI es partidaria de la abanderada oficialista con el objeto de engañarlos y así conseguir su voto. Si esto es efectivo a mí me parece muy serio y espero que la señora Matthei se encargue de aclarar públicamente esta situación.
-¿La derecha estaría demostrando con este tipo de estrategia que está muy complicada en la Cuarta Región?
-Yo creo que la derecha está muy complicada en todo Chile. Aquí se está dando un cuadro en que la Concertación tiene una gran opción de doblar en las regiones Duodécima, Octava, Santiago Poniente y en la Cuarta. Si nosotros logramos sacar dos senadores en cuatro regiones vamos a lograr tener en el Senado el quórum necesario para derrotar el sistema binominal y las leyes electorales que dejó vigente la dictadura de Pinochet y que no han podido derogarse.
-¿Si llega al Senado cuáles serán sus propuestas como legislador?
-Las voy a anunciar en breve porque tengo un diálogo muy intenso con los especialistas y organizaciones sociales de la zona. Entonces de aquí a un par de semanas yo voy a fijar prioridades en mi eventual función legislativa. Voy a señalar un cierto número de compromisos nacionales y regionales que voy a asumir.
”El PS debe iniciar un diálogo con la izquierda extraparlamentaria”
-¿Cómo se recomponen las relaciones al interior de la Concertación, después de estas elecciones, porque mucho se ha hablado de formar un Partido Por el Progreso?
-Yo creo que no es el momento de discutir esos temas, aunque tengo un criterio general sobre esta materia. Para hacer las modificaciones en orden a que el país se transforme en un Chile más justo y más democrático necesitamos más fuerza de la que acumula la Concertación. Yo soy partidario que el oficialismo se abra a un diálogo positivo, constructivo con los sectores de izquierda que están fuera del Parlamento y comience a construir una relación política que permita en el futuro enfrentar los desafíos electorales y nacionales, por lo menos con ciertas bases comunes. Ese es mi criterio general. Repito: yo estoy porque acumulemos fuerza para aislar y reducir a la derecha.
-¿Usted cree que es factible integrar a los comunistas no sólo a través de un pacto electoral sino que con proyectos e ideas asumidas en conjunto?
-Yo no veo por qué razón la Concertación no ha sido capaz de establecer diálogos con el Partido Comunista y con las fuerzas que agrupa el Juntos Podemos para buscar puntos de coincidencias. Se trata de fuerzas democráticas que respetan estrictamente las disposiciones legales vigentes y que de manera absolutamente injustas han sido excluidas del Congreso durante 15 años. Es un deber moral tanto nuestro, de los socialistas, como de la línea progresista de toda la Concertación, establecer un diálogo con estos sectores, aunque esto no signifique necesariamente concordar pero si buscar los puntos comunes para ir construyendo formas de colaboración que permitan en Chile unir a todos los sectores populares contra la derecha.
-¿Ese diálogo debería instalarse desde el próximo año, cuando llegue un eventual cuatro gobierno de la Concertación?
-Esto debió haberse hecho hace mucho tiempo y ante eso no me explico por qué para estas elecciones no se concretó un acuerdo electoral. Yo he sido partidario desde siempre de esto y lo seguiré siendo. De modo que tan pronto los partidos terminen sus tareas electorales, hay que plantearse este tema y abrirse los canales de diálogos, ya que esto no compromete a nada, no significa concesiones sino que abrir las puertas para compromisos que sean de valor para el país.
-¿Y esto debe hacerse en el marco de un Partido Por el Progreso?
-Eso no lo he pensado. Soy socialista hace 42 años y pienso desde mi partido, y es de allí donde yo planteo mis propuestas y mantengo un diálogo político intenso.

martes, octubre 11

Modernización constitucional, por Francisco Zúñiga

El horizonte que hoy asumimos, cerrada en lo formal la transición política con esta reforma constitucional, es la asunción futura de una nueva Constitución de origen democrático o una reforma de “segunda generación”.
El sistema social y económico que la Constitución consagra y que es herencia perdurable de la refundación autoritaria del capitalismo en Chile, se mantienen en gran medida porque se han aceptado reglas de una economía de mercado en que las diferencias son de matices, matices que resultan importantes las más de las veces, especialmente cuando entran en tensión la subsidiariedad y la solidaridad como principios rectores de la ingerencia estatal en la economía y la sociedad civil. Por ello, la mirada o aproximación de futuro a la reforma constitucional invita a una apertura del techo ideológico de la Constitución y a un enriquecimiento de ésta por el aporte de un constitucionalismo democrático y social, que se aquilata en los valores y principios de la solidaridad y de un Estado social (...) Estos valores, principios y nuevos derechos constitucionales se erigen en verdaderas directrices de los poderes públicos para desarrollar una actividad promocional y prestacional, que concilie libertad civil y política con igualdad material.
Con todo, el consenso necesario en torno a las reformas políticas fue posible gracias a que el principal “cuello de botella” (sistema electoral, en particular el binominalismo en las elecciones parlamentarias), en la reforma fue trasladado al dominio del legislador orgánico, pero con un quórum calificado para esta legislación (...) reincidiendo en esta modalidad de amarres institucionales, probablemente inspirado en una razón de realismo político, que no hace sino postergar sine die el debate acerca de la fórmula electoral adecuada para conciliar gobernabilidad y participación.
Este debate en torno al sistema electoral público y la fórmula electoral en materia de comicios parlamentarios debe ser un tema de debate público, que dé cuenta de los déficit del binominalismo, no sólo derivados de su origen autoritario en cuanto a “amarre o enclave”, sino de las distorsiones que genera en la participación ciudadana (variables demográfica y geográfica) de sobre o subrepresentación, forzando la competencia bipolar (al no lograr el bipartidismo) de alianzas o pactos, y trasladando al interior de las alianzas o pactos la competencia político-electoral con exclusión de las minorías. Todo ello redunda en un deterioro de la calidad de la política, envejecimiento del padrón electoral y un empate político, que genera la imposibilidad de un debate público y democrático de los grandes temas que se resuelva institucionalmente.
El saldo pendiente de la reforma constitucional antes reseñado son temas que constituyen un acerbo valioso para una teoría de un constitucionalismo democrático y social y para la cultura jurídica y política, a lo que sumamos los temas de futuro. Con ello, aspiramos a contribuir a superar una cierta deuda en cuanto aporte a la cultura jurídica del constitucionalismo democrático y social, del cual somos en gran parte responsables. En efecto, históricamente el progresismo, en particular, adolece de una cierta “anorexia” en el campo de la cultura jurídica.
A temas como el reconocimiento de pueblos indígenas, cultura, lengua y tradiciones, recepción de la cláusula de estado social y democrático de derecho, nuevos mecanismos de participación directa de la ciudadanía como el referéndum, iniciativa y revocatoria, instauración de un consejo económico y social, creador de un defensor del pueblo o del ciudadano para una mejor protección de los derechos humanos en particular frente a la administración y empresas de servicios públicos y mejor tutela de derechos mediante una cláusula antidiscriminación y un amparo constitucional extraordinario ante el Tribunal Constitucional, se suman otros temas de futuro, verdaderas ideas fuerza, que deben ser propias de la teoría-praxis del constitucionalismo democrático y social.
En la nueva justicia constitucional es uno de los contenidos sustantivos de la reforma. Es sabido que el Tribunal Constitucional es el guardián de la Constitución es un estado de derecho, por lo que su integración debe gozar de la mayor legitimidad democrática indirecta posible y sus miembros de la mayor calificación profesional. Por ello, la reforma recompone el tribunal (...) Los miembros del tribunal conservan su estatuto asegurándose su régimen de prohibiciones, en razón del crecimiento notable de su competencia. Ésta última es reforzada en el campo del control abstracto, preventivo, facultativo o preceptivo de las normas (los tratados internacionales, los proyectos de ley, los reglamentos de ejecución y autónomos) y ampliada al control de constitucionalidad de autos acordados de tribunales superiores de justicia, tribunal calificador de elecciones, heterocomposición de “contiendas de competencia” o conflictos de jurisdicción entre autoridades políticas o administrativas y tribunales de justicia que no corresponden al Senado y también a la acción de inaplicabilidad y cuestión de inconstitucionalidad.
Una muy especial mención requiere el nuevo control concreto, represivo, facultativo vía acción de inaplicabilidad, y el eventual control vía cuestión de inconstitucionalidad, de oficio o vía acción pública. En el primer caso, la sentencia estimatoria tiene efecto personal inter pares y su contenido es inconstitucionalidad - inaplicación, y en el segundo tiene efecto personal erga ommes y su contenido es inconstitucionalidad - anulación. Es decir, el control concreto es una tremenda herramienta de examen de constitucionalidad y depuración de normas, que concentra y monopoliza el contencioso constitucional en el TC, poniendo fin a la posibilidad de un sistema difuso de control o el empleo de la casación como herramienta (...).
Cabe destacar que en la aproximación o mirada de futuro, inspirada en una teoría - praxis de constitucionalismo democrático o social, nos debemos hacer cargo de una cierta “insularidad” que aqueja a nuestro derecho constitucional en particular y a nuestra cultura jurídica en general, sobre los temas de integración y globalización y que cristalizan en una Constitución y una cultura jurídica anticuada. Por ejemplo, nuestro Tribunal Constitucional declaró en 2003 inconstitucional ciertas disposiciones del Estatuto de Roma sobre la Corte Penal Internacional, fundado en que dicho tratado establecía una delegación de potestades soberanas, que se opone a la unidad o indivisibilidad de la soberanía del Estado, lo que trasunta, amén de razones doctrinarias, una mirada anticuada o decimonónica acerca del valor de los derechos humanos en el mundo de hoy. Ello hace necesaria una nueva mirada desde la Constitución a la globalización, que no sólo concierne a la lex mercatoria sino a la protección internacional y supranacional de los derechos humanos. Esta nueva mirada debe cristalizar en las reformas de “segunda generación” para hacer posible una efectiva globalización.
El horizonte que hoy asumimos, cerrada en lo formal la transición política con esta reforma constitucional, es la asunción futura de una nueva Constitución de origen democrático o una reforma de “segunda generación”, que incorpore entre otros los aportes de la teoría - praxis del constitucionalismo democrático y social, que mire al perfeccionamiento de la república democrática, la conformación de un Estado regional y la organización de un estado de derecho y nuevos derechos, asumiendo en la edificación del orden político estatal como decisión básica, la fórmula del estado social y democrático de derecho.
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Síntesis de “Chile 21 reflexiona al Chile del XXI, Tomo II. Desarrollo Democrático”.
(Ediciones Chile 21)