jueves, mayo 26

¿Piñera...? por Roberto Pizarro

Piñera aplicó rigurosamente el refrán árabe “la venganza se come mejor en plato frío”. Después de trece años de acosos, deslealtades y traiciones, se encuentra en el mejor momento de su vida mientras sus enemigos se debaten en la más completa perplejidad. Acosado en 1992 por la grabadora vergonzante de Ricardo Claro, con la participación de agentes de la inteligencia militar, fue sujeto de una oscura conspiración. En 1999, amenazado por un cúmulo de rumores, lo obligaron a retirarse de la competencia senatorial en Valparaíso para favorecer al Almirante Arancibia, convertido en político de última hora por la directiva de la UDI. Finalmente, tuvo que renunciar a la presidencia de RN, apretado por los parlamentarios de su propia colectividad y por el odio incontenible que le profesa Longueira. Mientras Allamand, el crítico a los poderes fácticos, claudicó ante la UDI, dándole la espalda a su amigo Piñera, éste logró mantener la dignidad y perseverar en la lucha contra el hegemonismo de la derecha integrista. Bien por Piñera y mejor por el país. Identificar y aislar a los civiles pinochetistas es positivo para la sociedad chilena. Mientras menos bulto más claridad.

Nos encontramos ahora en un nuevo terreno político. Piñera representa una alternativa civilizada frente a la Concertación. Pero, es inocultablemente una alternativa de derecha. Sus mil millones de dólares de patrimonio los acumuló aprovechándose de las desigualdades propias al modelo neoliberal que inventaron los economistas de Pinochet, con el apoyo de las armas de éste y del que se han servido los grandes empresarios nacionales y extranjeros. Por tanto, la vida política de Piñera no sólo puede atribuirse a sus indiscutibles talentos personales, a sus estudios en Harvard o a los consejos de su padre en torno a las satisfacciones que entrega el servicio público. En realidad, su candidatura se encuentra vinculada insoslayablemente al poder que le ha dado el dinero para hacer política. La renuncia del candidato de Renovación Nacional al directorio de sus empresas para hacer su campaña presidencial, incluida en ellas Chile Visión, no cambia lo esencial. Pero, a diferencia de Lavín, él no necesita la mediación de los grupos económicos para hacerse presente en el escenario nacional y para financiar sus campañas. El tiene la suficiente independencia económica para cantar con voz propia.

No le vamos a pedir a Piñera que modifique el modelo económico, que los gobiernos de la Concertación no se han atrevido a cambiar. Pero sí, ahora que controla Renovación Nacional, y es su candidato presidencial, tiene la obligación de exigir a sus diputados y senadores que voten en favor de la modificación del sistema electoral binominal para convertirlo en uno proporcional. Sólo así será posible la participación de todas las fuerzas políticas en este nuevo escenario, estimulará a los jóvenes a incorporarse a la vida pública y evitará que las cúpulas de los actuales partidos de gobierno y oposición decidan sus representantes parlamentarios entre los mismos de siempre. La modificación del actual sistema electoral es condición indispensable para reconstruir la democracia republicana y para frenar a los inescrupulosos que han monopolizado la política por quince años, expropiándole a la ciudadanía y a los militantes sus derechos. Si en esta tarea ayuda Piñera le hará un gran servicio al país. El resto, enfrentar la concentración del poder económico y las desigualdades sociales es demasiado para él.


18-05-05

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