martes, septiembre 13

Después de la negociación parlamentaria, por Gonzalo Martner


Terminó la negociación parlamentaria y, por tanto, una de las etapas necesarias del proceso político en curso. No fue bueno lo inutilmente prolongado de un procedimiento enojoso que sustrae decisiones a la soberanía popular y las traslada a las direcciones partidarias, y dicho sea de paso no existiría si nuestro sistema electoral fuera proporcional. No fue bueno el ambiente de división en el campo progresista, tampoco las recriminaciones en la sexta región y la incapacidad demostrada por las directivas partidarias para llegar a acuerdo. Fue bueno que Michelle Bachelet arbitrara la decisión final y demostrara su liderazgo, y sobre todo que esta etapa terminara de una buena vez.

Ahora la tarea es restañar heridas, minimizar roces, terminar de definir la plataforma programática para 2006-2010 y dar una batalla electoral que permita elegir en primera vuelta a Bachelet, y dotar a su gobierno de una mayoría parlamentaria, doblando en el máximo de distritos y circunscripciones.

Las anteriores etapas tampoco fueron fáciles, como la opción por Michelle Bachelet en el Partido Socialista, luego en el bloque progresista, finalmente en la Concertación. La continuidad y sobre todo el cambio que ella representa tuvieron, sin embargo, una invariable adhesión en la sociedad, lo que ha terminado por consagrar su liderazgo no tradicional en la esfera política.

En Chile se va abriendo una nueva etapa. No la de Eugenio Tironi, que en una sorprendente entrevista el domingo 11 de septiembre en La Tercera da por terminada una época de la Concertación, que en su imaginación e interés el entendía como supuestamente transversal en tanto articulada por el ...Mapu. Tironi ya termina de confundir sus circunstancias y opciones personales con las realidades de estos años. Creer que la reflexión del PDC y del PS acerca de la crisis de 1973 y la decisión política de ambos partidos de fundar una coalición de gobierno de largo plazo, y que persistan en ello junto a PPDs y radicales más allá de quienes circunstancialmente encabecen sus directivas, no tiene que ver con decisiones históricas capaces de dejar huella prolongada en el tiempo y de reoxigenarse periódicamente, sino con la biografía de 4 o 5 ex militantes del MAPU, es de un narcisismo a estas alturas divertido.
Creer que porque en la coalición y en la sociedad son cada vez más mal vistos los ex funcionarios públicos devenidos en lobbystas al servicio de intereses económicos poderosos, entonces la coalición estaría en peligro y el gobierno de Bachelet tendría bases frágiles por ausencia de los mapus que poseen la magia de la transversalidad, es ya risible, a la vez que constituye una ofensa gratuita para los militantes del Mapu que hace ya muchos años se integraron a militar lealmente en otros partidos. Y acusar al bloque progresista de estar envalentonado en sus supuestas reivindicaciones laicas, es simplemente tratar de construir un fantasma para atacar mejor al sector con el que Tironi ya no se identifica...aunque paradojalmente señala que él no tiene problemas en adherir a ambos. En la Concertación hay un centro humanista cristiano y un bloque progresista y de izquierda, cuyo entendimiento es la clave de su existencia y que se construyó desde siempre sin necesidad de intermediarios. Si a Tironi no le fue bien en la precandidatura que apoyó, que saque sus conclusiones sin echarle la culpa al empedrado. Por lo demás no es ningún drama para nadie.

También en este proceso reciente se manifiestan intentos de control aparatista y sectario en el partido de la candidata, episodios como la no renovación de la candidatura parlamentaria de José Antonio Viera-Gallo y otros eventos poco inteligentes, poco serios y destinados al fracaso en cortos plazos, como ya se viene demostrando. Pero eso nada tiene que ver con la siembra de inquietudes que pinta Tironi sobre el futuro de la Concertación.
La vocación de poder enfermiza y apolítica de algunos se junta con el individualismo extravagante de otros, pero no son estos árboles que puedan esconder el bosque de un futuro inmediato desafiante y promisorio. Este se basa en el éxito del gobierno del Presidente Lagos, sin perjuicio de sus errores (que, como las brujas, de haberlos los hay). Y también se sustenta en el cambio que poco a poco, pero de manera firme y clara, va desarrollando Michelle Bachelet en los estílos políticos y en las tareas que le plantea a la democracia chilena.
Demos vuelta la página irremediablemente enojosa, mientras no logremos cambiar el sistema electoral, de las negociaciones parlamentarias y trabajemos con entusiasmo para seguir llenando las nuevas páginas de futuro que miles y miles de ciudadanas y ciudadanos están escribiendo, futuro por supuesto innovador pero que rescata y proyecta los valores republicanos de siempre. De ahí su fuerza y consistencia, aunque no falten los pajarillos de mal agüero a los que no hay que permitir instalar malos climas, y menos en primavera.

No hay comentarios.: