martes, noviembre 29

Bachelet y la disciplina de la agenda procrecimiento, por Sara Larraín


La Nación
Sara Larraín
Directora de Chile Sustentable
La semana pasada los medios de comunicación dieron cuenta del apoyo de los líderes ecologistas a Michelle Bachelet. Este hecho causó gran curiosidad en diversos ámbitos, porque los ecologistas de todos los sectores han sido críticos del Gobierno de Ricardo Lagos y, en particular, de su mal desempeño ambiental.
La actual administración no sólo no cumplió su programa ambiental, sino que tampoco llevó a cabo el acuerdo firmado con los ambientalistas de la Concertación en el Cerro Santa Lucia. Esto le hizo perder toda credibilidad sobre el tema, incluso entre sus partidarios. Aunque el Gobierno avanzó en el saneamiento de aguas, la estrategia de biodiversidad, el reglamento sobre desechos peligrosos, su falta de voluntad política en el área ambiental, lo llevó a concentrarse -en una alianza con el sector empresarial- en implementar una Agenda Pro Crecimiento sin ningún disciplinamiento ambiental. Este enfoque restringido, además de los vicios de Ralco y Celco, heredados del período de Frei Ruiz-Tagle, le impidieron frenar el deterioro ambiental, terminando su mandato con serios conflictos y claros síntomas de ingobernabilidad ambiental.
Los ecologistas no aceptamos la concepción de que la degradación ambiental y social es el precio del desarrollo y el costo del progreso. El respeto de los derechos de las personas, incluyendo el derecho a la salud y la calidad de vida, así como la protección ambiental, no limitan ni restringen el desarrollo; al contrario, posibilitan un desarrollo socialmente justo y ecológicamente sustentable. Al igual que los problemas sociales, los problemas ecológicos que sufre el país no pueden resolverse mediante “parches ambientales”, sino correcciones profundas del tipo de desarrollo que los genera.
Los ecologistas aspiramos a un Chile sustentable. Estamos convencidos de que para avanzar hacia una sociedad sustentable en Chile, con mayor justicia social y ambiental es necesario efectuar importantes modificaciones legales e institucionales al ordenamiento vigente.
Aunque mantenemos una visión crítica ante el desempeño ambiental y social de los gobiernos de la Concertación, los ecologistas hemos coincidido con la candidata presidencial Michelle Bachelet en que es necesario poner condiciones ambientales al modelo de desarrollo, de manera en que el progreso económico esté siempre en armonía con el medio ambiente.
Sobre esta base, y con profunda confianza en la calidad ética y la coherencia de Michelle Bachelet, la apoyaremos en elaborar una nueva política ambiental, que sea mucho más exigente y moderna. Para esto, hemos coincidido en el nombramiento de un ministro o ministra, y la creación de un Ministerio del Medio Ambiente con presencia nacional, regional y comunal. Esto facilitará una mayor justicia ambiental y mayor descentralización. La creación de cuentas ambientales, de la Subsecretaría de Recursos Naturales y la Superintendencia Ambiental permitirá proteger el patrimonio natural de Chile y prevenir la contaminación. La actividad económica internalizará los costos ambientales, y la creación de empleos no se hará a costa del medio ambiente y de la salud de las familias de los trabajadores.
El diseño de instrumentos de política fiscal que permitan reorientar subsidios y mecanismos de fomento, internalizar costos ambientales, y fiscalizar las normas, permitirán a Chile cumplir los requisitos ambientales de la inserción internacional y demostrar mejor desempeño ambiental ante la próxima evaluación de la OCDE en 2007. La ampliación del Fondo Ambiental a un monto anual de cinco millones de dólares (20 millones de dólares durante el mandato) para la investigación y la acción ambiental permitirá que los centros de estudio y las organizaciones ciudadanas apoyen el mejoramiento ambiental y sean parte integrante de la política pública.
Chile somos todos: un desarrollo en armonía con el medio ambiente permite proteger la salud y la calidad de vida de los chilenos, cuidar los cisnes, proteger los glaciares, evitar la contaminación nuclear y transgénica, y dejar una tierra limpia y generosa a nuestros hijos.

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