martes, noviembre 29

Michelle Bachelet: Más empleo con pleno respeto a derechos laborales


La abanderada se reunió con dirigentes sindicales en el Cine Arte Normandie.
"En mi Gobierno crearé más empleo y garantizaré el respeto a los trabajadores".
La candidata presidencial de la Concertación, Michelle Bachelet, afirmó esta mañana que su gobierno creará más empleo, garantizará el respeto a los derechos de los trabajadores y los apoyará con un sistema de protección social que hará más accesible el seguro de cesantía y entregará pensiones dignas en la vejez. La abanderada se reunió con dirigentes sindicales en el Cine Arte Normandie, donde fue recibida por Arturo Martínez, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT); Ana Bell, vicepresidenta nacional de la entidad; María Rosas, vicepresidenta de la mujer; Pedro Chullak, secretario general del Colegio de Profesores, y Raimundo Espinoza, presidente de la Federación de Trabajadores del Cobre. Después de escuchar el testimonio de tres representantes de organizaciones sindicales y la intervención del presidente de la CUT, la doctora Bachelet dijo que su gobierno creará un millón de puestos de trabajo durante su período presidencial. Esta meta se cumplirá sin hacer más precario empleo. Por el contrario, se aumentará la fiscalización de la legislación laboral, política que se verá fortalecida por los nuevos tribunales del trabajo, que aplicarán procedimientos más rápidos y eficaces. También se promoverá la sindicalización y la negociación colectiva. En esta estrategia para generar nuevos puestos de trabajo, resulta imprescindible fomentar el desarrollo de la pequeña y mediana empresa, potenciar los subsidios para la contratación de personal, ampliar la capacitación y reconversión de los trabajadores, para lograr una inserción exitosa en las dinámicas condiciones que impone la apertura de nuevos mercados para los productos chilenos.
Michelle Bachelet reiteró su compromiso con el programa “Sueldo Seguro”:
  • subsidios por el 50% del ingreso mínimo para la contratación de trabajadores jóvenes de hasta 25 años por períodos de dos años o más y un aporte estatal que cubrirá sus cotizaciones previsionales;
  • creación de un fondo permanente que permita financiar planes de emergencia cuando la tasa de desocupación aumente en alguna comuna o región del país;
  • más recursos estatales para el fondo solidario del seguro de cesantía y disminución a seis meses de los requisitos para acceder a sus beneficios;
  • salas cunas y educación pre-escolar para los hijos de las mujeres trabajadoras.

La abanderada concertacionista reafirmó la necesidad de un sistema de protección social que acompañe a las personas desde la cuna hasta la vejez. Con este objetivo, se impulsará la reforma del sistema de AFPs. También se otrogará de manera automática, sin listas de espera, la pensión asistencial a todos quienes no tengan otros ingresos y se hará un reajuste extraordinario de estos beneficios sociales apenas asuma el nuevo gobierno.

Bachelet y la disciplina de la agenda procrecimiento, por Sara Larraín


La Nación
Sara Larraín
Directora de Chile Sustentable
La semana pasada los medios de comunicación dieron cuenta del apoyo de los líderes ecologistas a Michelle Bachelet. Este hecho causó gran curiosidad en diversos ámbitos, porque los ecologistas de todos los sectores han sido críticos del Gobierno de Ricardo Lagos y, en particular, de su mal desempeño ambiental.
La actual administración no sólo no cumplió su programa ambiental, sino que tampoco llevó a cabo el acuerdo firmado con los ambientalistas de la Concertación en el Cerro Santa Lucia. Esto le hizo perder toda credibilidad sobre el tema, incluso entre sus partidarios. Aunque el Gobierno avanzó en el saneamiento de aguas, la estrategia de biodiversidad, el reglamento sobre desechos peligrosos, su falta de voluntad política en el área ambiental, lo llevó a concentrarse -en una alianza con el sector empresarial- en implementar una Agenda Pro Crecimiento sin ningún disciplinamiento ambiental. Este enfoque restringido, además de los vicios de Ralco y Celco, heredados del período de Frei Ruiz-Tagle, le impidieron frenar el deterioro ambiental, terminando su mandato con serios conflictos y claros síntomas de ingobernabilidad ambiental.
Los ecologistas no aceptamos la concepción de que la degradación ambiental y social es el precio del desarrollo y el costo del progreso. El respeto de los derechos de las personas, incluyendo el derecho a la salud y la calidad de vida, así como la protección ambiental, no limitan ni restringen el desarrollo; al contrario, posibilitan un desarrollo socialmente justo y ecológicamente sustentable. Al igual que los problemas sociales, los problemas ecológicos que sufre el país no pueden resolverse mediante “parches ambientales”, sino correcciones profundas del tipo de desarrollo que los genera.
Los ecologistas aspiramos a un Chile sustentable. Estamos convencidos de que para avanzar hacia una sociedad sustentable en Chile, con mayor justicia social y ambiental es necesario efectuar importantes modificaciones legales e institucionales al ordenamiento vigente.
Aunque mantenemos una visión crítica ante el desempeño ambiental y social de los gobiernos de la Concertación, los ecologistas hemos coincidido con la candidata presidencial Michelle Bachelet en que es necesario poner condiciones ambientales al modelo de desarrollo, de manera en que el progreso económico esté siempre en armonía con el medio ambiente.
Sobre esta base, y con profunda confianza en la calidad ética y la coherencia de Michelle Bachelet, la apoyaremos en elaborar una nueva política ambiental, que sea mucho más exigente y moderna. Para esto, hemos coincidido en el nombramiento de un ministro o ministra, y la creación de un Ministerio del Medio Ambiente con presencia nacional, regional y comunal. Esto facilitará una mayor justicia ambiental y mayor descentralización. La creación de cuentas ambientales, de la Subsecretaría de Recursos Naturales y la Superintendencia Ambiental permitirá proteger el patrimonio natural de Chile y prevenir la contaminación. La actividad económica internalizará los costos ambientales, y la creación de empleos no se hará a costa del medio ambiente y de la salud de las familias de los trabajadores.
El diseño de instrumentos de política fiscal que permitan reorientar subsidios y mecanismos de fomento, internalizar costos ambientales, y fiscalizar las normas, permitirán a Chile cumplir los requisitos ambientales de la inserción internacional y demostrar mejor desempeño ambiental ante la próxima evaluación de la OCDE en 2007. La ampliación del Fondo Ambiental a un monto anual de cinco millones de dólares (20 millones de dólares durante el mandato) para la investigación y la acción ambiental permitirá que los centros de estudio y las organizaciones ciudadanas apoyen el mejoramiento ambiental y sean parte integrante de la política pública.
Chile somos todos: un desarrollo en armonía con el medio ambiente permite proteger la salud y la calidad de vida de los chilenos, cuidar los cisnes, proteger los glaciares, evitar la contaminación nuclear y transgénica, y dejar una tierra limpia y generosa a nuestros hijos.

lunes, noviembre 28

Hacia una alianza de las civilizaciones, por Juan Ramón de la Fuente

EL PAÍS - Opinión - 28-11-2005

En 1950, el historiador británico Arnold Toynbee bautizó su gran obra con un título fascinante: Guerra y civilización. En su interpretación de las civilizaciones destacaba un supuesto esencial: la guerra. Señalaba, en efecto, que en el inicio y el fin de las civilizaciones existe siempre, de una suerte u otra, la guerra.
Casi cuarenta años después, en el verano de 1989, Francis Fukuyama, un profesor estadounidense incorporado a la Secretaría de Estado y la Rand Corporation, publicó un artículo que tuvo audiencia universal: El fin de la historia. Fukuyama proclamaba el fin de la historia, teniendo en su cabeza, como memoria, a Hegel. El fin de la historia gravitaba sobre una visión global: que la democracia y el mercado constituirían un nuevo consenso de legitimidad y, en consecuencia, que ni Marx ni los modelos totalitarios podrían superar ni impedir ese proceso.
El derrumbe del Muro de Berlín ese mismo año y la disolución posterior de la Unión Soviética, con la incorporación de los países del Este a las economías de mercado, depararon a Fukuyama una gloria efímera sobre el fin de la historia, y su antítesis real: la irreprimible marcha de la historia hacia nuevas y poderosas contradicciones. Tres años después, Fukuyama tuvo que escribir el libro El fin de la historia y el último hombre, en el que intentó matizar sus ideas, orientando su análisis hacia la legitimidad como concepto esencial de la política y, posteriormente, hacia la revolución biogenética.
La mención a textos tan explosivos nos conduce, ineludiblemente, al ensayo que Samuel Huntington publicara en 1993, El choque de las civilizaciones, artículo que causó un estallido polémico similar al de Fukuyama. Y si el derrumbe de los muros berlineses propició una breve gloria a Fukuyama, los atentados contra las Torres Gemelas lograron elevar a toda una nueva categoría "el choque de las civilizaciones". Huntington mantenía la tesis de que, al finalizar la guerra fría, las contradicciones de las civilizaciones reemplazarían a las ideologías como factor decisivo de los conflictos internacionales; pero se deslizaba, en tal hipótesis, una interrogación importante: ¿cómo construir la paz americana en un sistema unipolar? Dicho de otra manera, la pregunta sería: ¿cómo imponer, entre el equilibrio y el imperio, un proyecto consensuado de paz universal?
Huntington fue más allá con otro libro, ¿Quiénes somos? El desafío a la identidad nacional americana, en el que plantea el dilema estadounidense como originado por una grave perturbación cultural derivada de las poblaciones hispánicas y, sobre todo, del flujo migratorio mexicano. Esas poblaciones, según el autor, contradicen la trilogía sacra de la identidad estadounidense: blancos, anglosajones y protestantes.
Sin percibir siquiera su propio fundamentalismo, Huntington niega, con su tesis, a los Estados Unidos, porque las civilizaciones -incluida la estadounidense- han sido el fruto histórico de grandes mestizajes culturales. De ahí que su fracaso en Irak gravite sobre esa perentórica incapacidad para entender, comprender y asumir quién es el otro como sujeto histórico de una civilización que hizo posible, entre otras cosas, que en el siglo VIII Bagdad fuera bautizada como Medina al Salam, es decir, la Ciudad de la Paz.
Al revés del choque de civilizaciones, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió en 2001 establecer, como antítesis, el Programa Mundial para el Diálogo de las Civilizaciones. Enfrentaba así a la barbarie del atentado contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre con una tesis fundada en la capacidad humana para explorar, frente al determinismo del terrorismo y la reacción imperial, un análisis más racional. Pero en el centro del debate cultural gravita también la necesidad de afirmar, frente a la simplificación que niega nuestra complejidad existencial, una variable no sólo racional, sino también ética y moral.
Rousseau, en su Émile, definía en una frase admirable la esencia del problema: "Quiero aprender a vivir". Parecería, sin embargo, que el ensayo existencial de nuestro tiempo plantea lo contrario: aprender a matar masivamente, como si el otro no existiera o no debiera existir.
Antes de la invasión a Irak, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tuvo que aceptar el verdadero significado del debate sobre la paz y la guerra. Un debate atrapado, desde el inicio, en un cuestionamiento de relevante significado moral: ¿existían causas objetivas, probadas, indiscutibles, evidentes, para desencadenar la guerra contra Irak bajo el supuesto de poseer armas de destrucción masiva? Las pruebas insuficientes, la imposición de una tesis sin su comprobación y la conclusión posterior, de que si no existían las armas de destrucción masiva, al fin y al cabo el mundo estaba mejor sin Sadam Husein, hicieron retroceder la historia de la humanidad a la barbarie. Es poco disputable decir que el vacío ético que ha dejado ese impulso destructor nos obliga, sin equívocos, a defender contra viento y marea el proyecto que el presidente del Gobierno español ha replanteado como alianza de las civilizaciones. Pero no sólo ritualmente, sino porque frente a la idea de la confrontación, es decir, frente al choque de las civilizaciones, es indispensable defender la identidad humana común, plural, compleja y mestiza. Identidad inseparable de la aventura del hombre por encontrar soluciones solidarias.
El imperativo moral de las democracias es que éstas no pueden ser una bandera para las conquistas, sino una bandera para la convivencia y la tolerancia. No existe, pues, el fin de la historia, sino lo contrario: la historia tiene que hacerse cada día, y tanto mejor si se asume que sólo desde el conocimiento se pueden afrontar las complejidades del existir.
Las universidades, como centros generadores y difusores del conocimiento, habrán de ser fundamentales en la construcción de esa historia que viene.
Por eso no podemos aceptar, como última razón, el choque de las civilizaciones; pero sí al revés: el diálogo y la alianza entre civilizaciones.
Es necesario reconocer también que la Universidad, a escala global, ha de ser la memoria colectiva y crítica de un planeta común. El hombre y la mujer del siglo XXI habrán de entender que el terrorismo suicida no es la expresión del islam ni de una civilización frente a otra. Es, en el fondo, una forma primaria y trágica de una catástrofe ideológica y social que no quiso advertir que la libertad sólo se realiza en la solidaridad y que sin la solidaridad la libertad se vacía de su validez universal. Somos libres porque somos solidarios.
Vuelvo a Toynbee, quien conversaba en 1963 con su hijo Philip, cuando éste le hizo, a quemarropa, una apremiante pregunta: "¿Crees en Dios?". A lo que Toynbee contestó: "Creo en Dios si las creencias hindúes o chinas están incluidas en la creencia en Dios. Pero me parece que los cristianos, judíos y musulmanes, en su mayoría, no admitirían esto y dirían que no es una genuina creencia en Dios". Me parece que esas palabras son hoy esenciales para el diálogo y la alianza entre civilizaciones. Las sugiero a manera de reflexión para avanzar en el tema. Respaldar la alianza de las civilizaciones es negarse a admitir que la guerra es la solución a un problema mal presentado y mal defendido, que no sólo distorsiona gravemente la realidad, sino que favorece la expansión de la violencia, y lo que es peor, hace de la violencia un mundo inédito para los suicidas a través del terrorismo.
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Juan Ramón de la Fuente es rector de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fragmentos del texto leído en la Universidad de Alcalá durante su investidura como doctor honoris causa el pasado lunes 21.

martes, noviembre 22

Entrevista a Gonzalo Martner, El Mostrador


-¿Cómo le ha ido en su campaña, considerando que Santiago Oriente es una zona con un alto número de votantes de derecha?
-Bueno, son un millón 600 mil electores y darse a conocer allí, con escaso recursos financieros como es mi caso, no es fácil, pero estamos haciendo todo lo posible por subir mi votación, lo que también es un aporte para la candidatura de Michelle Bachelet. Estoy contento y satisfecho porque esta campaña ha sido una instancia para conocer muchas situaciones y compartir con la gente. Bueno, también esto es el contraste que el país tiene, ya que en la zona oriente efectivamente está el barrio alto y también muchas zonas populares y uno dimensiona mucho más la tarea que debe hacer para disminuir las brechas sociales que hay en Chile.
-¿Qué le parecen los resultados de la encuesta CERC, donde aparece con menos de un 6 por ciento?
-Mi intención de voto es de un cinco por ciento. Bueno, Alejandro Foxley y Jaime Estévez sumaron 45 por ciento hace ocho años atrás, mientras que Soledad Alvear y yo vamos a tener una votación mayor que eso, aunque yo esté haciendo un aporte bastante menor, por cierto, pero eso es un dato que se sabía desde un principio.
-¿Hace un par de meses usted dijo que en estas elecciones quería tener una votación similar a la del candidato a senador de la UDI, Pablo Longueira, quien también postula por esa circunscripción?
-Cuando yo dije eso Longueira tenía un 14 por ciento de votación, y sinceramente yo no he subido mucho, sin embargo uno propone y es la gente la que dispone...
-¿Qué le parece la cantidad de recursos que estarían utilizando tanto Longueira como la candidata de RN, Lily Pérez, en esa zona?
-Aquí hubo una ley que buscó limitar los gastos de campaña y la verdad es que yo no veo que esté funcionando, hay un despliegue excesivo, un derroche de dinero, y seguimos con el problema. Nuestra democracia, en muchos sentido, es prisionera del dinero.
-¿Qué le parece que el candidato del Partido Comunista, Manuel Riesco, tenga una votación similar a la de usted, pese a que él ha hecho muy poca campaña electoral?
-Estoy consciente de eso, recordemos, en todo caso, que hace ocho años atrás Mireya Baltra sacó cerca de un ocho por ciento de los votos. Y sin duda que en esta zona hay un porcentaje de personas que está de acuerdo con las propuestas de la izquierda extraparlamentaria.
-¿Usted cree que hay alguna posibilidad de que el PC pueda llegar al Parlamento?
-A mí me parece que sí, porque ellos tienen el legítimo derecho de estar en el parlamento, si bien el sistema binominal en la actualidad lo hace imposible.

lunes, noviembre 21

Entrevista a Michelle, El Mercurio

LA CANDIDATA ESTRENA NUEVOS ÉNFASIS DESPUÉS DE SU DURA SEMANA
Bachelet sale a encarar a Lavín y Piñera

A 21 días de las elecciones y pese a las encuestas, mantiene la certeza de terciarse la banda presidencial. En el peor escenario, reconoce, sería en segunda vuelta.


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RAQUEL CORREA

En la recta final de la extenuante campaña no se la ve tan espontánea como solía. Y pese a las últimas encuestas, está segurísima de que será la próxima Presidenta de Chile, la primera de nuestra historia. Sin embargo, acepta que en el nuevo escenario "hay que trabajar más duro, porque en la puerta del horno...".

Durante dos horas, en medio de sus extenuantes y eternos días, se dejó preguntar de todo, sin una interrupción. Desde cómo se vestirá para jurar si es electa, por sus proyectos más caros, hasta qué significa ser "la heredera de Lagos que deja la vara tan alta". La "doctora" -como muchos le dicen ahora- se considera preparada para gobernar e insiste en que es "muy trabajadora". Satisfecha con su actuación en el último foro televisivo, se sintió más relajada, aunque sólo sonrió cuatro veces -según contabilizó uno de sus asesores.

-Es que cuando hablo en serio, hablo en serio -explica. Y niega haberse propuesto lucir más seria, en general, para no verse como una "Miss Simpatía". -Antes me criticaban porque sonreía mucho y ahora porque no sonrío -dice riendo-. Yo no soy actriz ni producto de marketing. Claro que me dicen que sonría más... Pero si estoy hablando sobre desigualdad, ¿cómo voy a sonreír? -comenta luciendo sus dientes perfectos.

-¿Qué ha sido lo más complicado de la campaña?

-En lo personal, conciliar la vida de candidata, mamá, dueña de casa. Lo he logrado. En lo político, combinar una política más tradicional con una nueva manera de hacer las cosas, con los ciudadanos.

-¿Lo que más la ha sorprendido?

-La fuerza y empuje que tienen las mujeres y hombres de este país. También re-conocer Chile, recorrerlo y descubir tantos Chiles diferentes.

-¿Lo más ingrato?

-La forma en que opera la política. Ver o leer gente diciendo cosas espantosas de mí y cuando se encuentran conmigo me dicen "nada personal, mi amor, te adoro, te admiro, pero es la política, ¿entiendes?". Esa es la política que yo no quiero, dice con ese rictus que, con frecuencia, reemplaza su reconocida sonrisa.

A votar

-Si no fuera candidata, ¿por cuál de los postulantes votaría?

-Por el que fuera por la Concertación.

-Con una mano en el corazón, ¿se siente más próxima a Hirsch que a cualquiera de los otros?

-Me habría sentido más próxima a cualquier candidato de la Concertación.

-O sea, no contesta... Usted fue allendista, ¿no la complica Hirsch con la bandera de Allende?

-Allende es un símbolo importante para millones de chilenos y nadie tiene propiedad sobre él.

-La irrupción de Hirsch y la arremetida de Piñera parecen asegurar segunda vuelta. ¿Ahí puede pasar cualquier cosa?

-No. Creo firmemente que seré la próxima Presidenta de Chile. No tengo ninguna duda.

-¿Qué les diría a los que votarán por Hirsch y a simpatizantes de la Concertación que no votarán por usted en primera vuelta?

-No dejes para la segunda lo que puedes hacer en la primera.

-¿Qué representan, a su juicio, Lavín y Piñera?

-A la derecha. Detrás de esas candidaturas están los poderosos; como lo dueños y socios principales de Isapres y AFP. La incapacidad que han tenido de ponerse de acuerdo revela su incapacidad de darle gobernabilidad al país. Lo que está en cuestión, con primera o segunda vuelta, es quién va a llevar adelante el liderazgo de la oposición en la derecha.

-¿Con cuál de los dos prefiere competir en una segunda vuelta?

-La verdad, me da lo mismo. Mi impresión es que la diferencia entre Lavín y Piñera va a ser muy estrecha, voto a voto.

-¿Y qué representa la candidatura de Juntos Podemos Más?

-Un conjunto de personas que, desde una postura más ideologizada, quisieran un modelo distinto. La izquierda extraparlamentaria y un conjunto de chilenos que sienten frustración porque algunos temas no los hemos resuelto bien o les habría gustado que los resolviéramos distinto. Además... tienen libertad para decir lo que quieren porque saben que no van a ser Presidentes.

-Y a usted ¿le satisface este modelo?

-Ha tenido una serie de aspectos muy positivos: todo el ámbito exportador, la producción de bienes, la mejoría de la calidad y condiciones de vida de la gente. Pero requiere ajustes y correcciones importantes de manera que no termine significando una concentración del poder, de la riqueza, del mercado, del poder político y Chile sea un país próspero a nivel macro pero con tremendas desigualdades a nivel micro. La Concertación se ha dedicado todos estos años a corregirlo, mediante políticas sociales, seguros de cesantía, que los derechos laborales se respeten. Este no es un modelo libremercadista, pero tiene algunas características del modelo que impera en el mundo globalizado de hoy.

-¿Es efectivo que Eyzaguirre dejaría el gabinete para trabajar en su comando?

-No. Seguiré trabajando con mucha fuerza y no he tomado ninguna decisión de esa naturaleza.

La voz de las encuestas

-A la luz de las encuestas, su candidatura ha ido bajando. ¿Lo atribuye a que pasó la novedad, a su antigua relación con el FPMR, a que no ha sido suficientemente propositiva...?

-Hay encuestas y encuestas.

-¿A cuál respeta más? ¿La CEP que la dio bajando seis puntos?

-Esa es una de las tantas encuestas que hay. Han salido otras encuestas y mi deber como candidata es ser analítica, no apresurarme y mirar el panorama más ampliamente. No pienso en manipulación política... asumo que ya no tengo 50%. Hay un aspecto objetivo: con cuatro buenos candidatos, que han logrado instalar ciertos temas, es fácil que se dispersen los votos. Por otro lado -se ríe-, influye la pérdida de mi sonrisa...

-Hablando en serio: me ha costado mostrarme propositiva. Cuesta que los medios muestren mis propuestas. Hago 40 propuestas y me preguntan qué opino de lo que dijo Fulano o Zutano. No hay interés. Segundo, tengo un décimo de campaña desde el punto de vista propagandístico en relación a los dos candidatos de derecha. Y creo que ha faltado más trabajo en terreno, en todo Chile. Y más energía.

-¿Culpa del comando, de los partidos, suya...?

-Yo hago bastante terreno. Si hay que aumentarlo, lo aumento. Es el momento en que todos se pongan más las pilas. Yo creo que el peor escenario es que vamos a pasar a una segunda vuelta, pero estoy convencida de que seré Presidenta.

-¿Diría que la DC se ha jugado a full? Pizarro dijo que no, que casi no se ha visto a Foxley...

-Foxley está haciendo el trabajo que tiene que hacer, que es programático. A lo largo de todo Chile ha habido enorme cantidad de decés, con sus presidentes regionales, apoyándome. Es posible que haya gente que aún no se ha sumado, pero quedan tres semanas...

-Ya que "ningún ministro se repetirá el plato", ¿Foxley no podría ser ministro suyo?

-(Se ríe) Yo me refería a ministros de este gobierno... Y sólo los presidentes electos deciden sus gabinetes.

La herencia de Lagos

-¿La perjudica no poder ser crítica de Lagos...?

-He tenido independencia. Pero yo no soy demagoga y creo que de verdad se han hecho esfuerzos importantes. Precisamente por eso puedo plantear un paso más allá en el próximo gobierno. Cuando he tenido que opinar sobre algo, lo he hecho.

-¿No le tiene miedo a Lagos?

-Nooo. El es Presidente y yo soy una candidata. Tenemos muy buena relación y él es extremadamente respetuoso de mi rol.

-Muchos sostienen que Lagos deja la vara demasiado alta. ¿Lo siente así?

-Yo creo que es el mejor estadista que ha tenido Chile.

-¿Cómo es ser la heredera de Lagos?

-Puras ventajas. Hemos tenido tantos avances que es posible avanzar a lo que yo quiero hacer. No pienso dedicar mis cuatro años en administrar lo que él hizo muy bien, sino en hacer las cosas a mi manera.

-En el foro de TV usted dijo que "persiste la desigualdad". ¿Qué faltó? ¿Voluntad política, recursos...?

-Efectivamente el ingreso de los chilenos es 14 a 1, igual que en 1990. Pero sumando los beneficios sociales, esa desigualdad cae 7 a 1.

-Y hay los mismos 500 mil cesantes...

-Pero se crearon 250 mil nuevos empleos. Pasa que se ha incorporado mucha gente al mundo del trabajo, especialmente mujeres y jóvenes. Y soy partidaria de flexibilidad laboral para mujeres y jóvenes, pero sin que signifique precariedad laboral.

-Esta imagen de un Lagos más cerca de los empresarios...

-Cuando uno asume un gobierno en medio de una crisis económica, con alto nivel de desempleo, obviamente una gran prioridad tiene que ser lograr que la economía despegue: esa es la manera de generar empleo y superar la pobreza. Que el Presidente Lagos trabajara para que los empresarios tuvieran las condiciones para realizar su trabajo me parece bien. Yo, dentro de mi programa, he señalado que tendremos un Pacto Social para el Desarrollo y creo que la manera de avanzar en una serie de temas es mediante el diálogo social en el que estén los actores relevantes: empresarios, trabajadores y, cuando corresponda, el Estado.

-Se criticó que Luisa Durán hiciera puerta a puerta con usted...

-Me ha señalado que ella es la señora del Presidente, pero es una mujer con opinión propia y que yo soy su candidata. Ni la Luisa es mi madrina ni el Presidente Lagos es mi padrino.Yo no tengo madrinas ni padrinos. Cuando la Concertación sale a la calle, la derecha entra en pánico, de ahí esas acusaciones. Soy autónoma, escucharé a quienes me interese su opinón y tomaré mis propias decisiones.

Polleras y pantalones

-¿Piensa gobernar con polleras o con pantalones?

-Gobernaré con polleras y pantalones. Pantalones para tomar todas las decisiones firmes que hay que tomar y polleras para hacer que junto con empujar a los que quieren surgir, también acojamos y protejamos más a los que tienen dificultades. Esto no lo debería decir como candidata, pero es cierto: yo no puedo garantizar que en cuatro años voy a poder terminar con todas las desigualdades de este país.

-¿Da lo mismo un gobernante hombre que mujer?

-Significa que las mujeres podemos hacer las cosas tan bien como los hombres, pero le podemos poner algo más: una manera distinta de hacer las cosas. Podemos ser eficientes, cumplir lo que prometemos, pero, además, podemos tratar de que este sea una país más acogedor. Podemos movernos entre lo teórico y lo práctico, entre lo general y lo particular. Nos preocupamos mucho de las grandes cosas, pero también de implementarlas, de los detalles.

-Si es elegida, ¿va a jurar con pollera o pantalón?

-No he tomado la decisión.

-¿No se ha mandado a hacer el traje...?

-Nooo. Falta mucho. No he pensado ni en el color.

LO VALÓRICO

-Legalizar el aborto:

-No.

-¿Y la píldora del día después?

-No es abortiva. Para todas las que la requieran, con algunas restricciones: no a niñas de 13, 14 años sin la presencia de sus padres.

-Matrimonios de homosexuales:

-No, pero que exista un sistema jurídico para todas las parejas de hecho, sean homo o heterosexuales.

-Legalización de la marihuana:

-Legalizar "el pito", no, sí estudiar sus efectos en el campo de la medicina.

DEFINICIONES ECONÓMICAS

Para enumerar sus planes, no vacila:

-Primero, trabajo digno y decente. Vamos a crear todas las condiciones para que a los grandes les siga yendo bien, pero para que a los medianos y pequeños también les vaya bien, tanto en las ciudades como en el campo.

-Segundo, más educación: salas cuna, jardines infantiles, más calidad en la educación básica y media. Y excelencia en la educación superior.

-Otro tema central: Pymes.

-Para ayudar a las Pymes -se explaya- hay que desconcentrar el mercado. De lo contrario no pueden competir.

-¿Cómo desconcentraría el mercado?

-Garantizando, con las medidas antimonopólicas, que las grandes empresas no abusen de las pequeñas. Que funcione la institucionalidad y la ley, cambiando algunos contenidos. Por ejemplo, queremos que el fiscal económico nacional se elija por concurso, que el Tribunal de Libre Competencia funcione jornada completa, no media jornada; que haya una política de fusiones. Que se suban las multas, que son muy bajas, a quienes abusen. Quiero dar una señal clave: que no puedan pasar más de 30 días sin que el Estado le pague a un pequeño proveedor e instaré a que el sector privado haga lo mismo.

-Pensiones:

-Reajuste extraordinario a las más bajas y acceso automático a la pensión asistencial.

-Alza de impuestos:

Para los aranceles de China no me parece necesario. Para el Plan de Igualdad de Oportunidades creo que tampoco será necesario: tenemos suficientes recursos. Pero sí para más solidaridad, aumentar pensiones; si fuera necesario buscar recursos adicionales, plantearía que cualquier aumento "eventual" sería para algo específico, que haya consenso y que no sean las capas medias y más pobres las que tuvieran ese peso.

-IVA 19%:

-Mantenerlo. De lo contraro tendríamos que subir otros impuestos.

-IVA al libro:

-Una decisión que aún no he tomado. Algunos dicen por qué bajar el de los libros y mantener el del pan... Si mantenemos el IVA al libro, usémoslo en programas de fomento a la lectura.

-Impuestos a empresas y personas:

-Es muy alto el de las personas... 40% y las empresas 17% y depués se les descuenta por el global complementario. No es justo. Si es necesario subir impuestos, buscaré un mecanismo que no haga que sean siempre los mismos los que pagan más.

-Privatizaciones de empresas estatales:

-De ninguna manera Codelco, ENAP ni Enami.

-1% estructural:

-Se mantiene mientras no cambien las razones que lo motivaron, pero con una política de balance estructural, con medidas contracíclicas, de manera que podamos gastar más en períodos de vacas flacas.

-Salario mínimo:

-Haré los máximos esfuerzos para subirlo. Si la economía sigue creciendo, podemos subirlo.

-¿Con qué país querría firmar un TLC?

-Creo que me tocará con India y Japón.

DEFINICIONES POLÍTICAS

-¿Gobierno ciudadano, al margen de los partidos?

-¿Alguien podría decir que los partidos no están aquí, cuando el coordinador del comando es el secretario general del PDC, el encargado del frente de masas es el presidente subrogante del PR, el encargado territorial es el vicepresidente del PPD y el encargado de comunicaciones es un antiguo PS como Ricardo Solari?

-Si llega a gobernar, ¿lo hará con los ciudadanos o con los partidos?

-Continuaré tomando en consideración lo que piensan los ciudadanos pero, naturalmente, se gobierna con los partidos. Y en temas de Estado se gobierna con todos los partidos.

-Cuoteo político:

-Elegiré a las mejores y los mejores. Gente de partidos e independientes.

-Su proyecto estrella:

-Educación pre-escolar a todos los niños de Chile. Reforma previsional. Sistema binominal. Reconocimiento constitucional de los pueblos originarios.

-Estuvo contra el proyecto UDI de otorgar beneficios a militares condenados por DD.HH. ¿No piensa hacer algo en su enventual gobierno al respecto?

-Señalé que no era el momento. Para hablar de justicia y clemencia se requieren otras condiciones.

-Amnistía, ¿por ningún motivo?

-Estoy dispuesta a avanzar en reencuentro, en más verdad, en más justicia y más reparación. Amnistía, no.

-"Caso Cuadra":

-Si queremos de verdad construir una sociedad reencontrada, se necesita que la derecha política asuma sus responsabilidades. Siendo ministra de Defensa dije que las FF.AA. habían puesto la cara, pero era necesario que el mundo político también lo hiciera.

-Financiamiento de las FF.AA.:

-Estoy disponible para derogar la Ley del Cobre, pero se requeriría un modelo de financiamiento distinto. Primero, financiamientos plurianuales y, segundo, presupuesto suficiente para las necesidades de la Defensa.

-Salida soberana al mar para Bolivia:

-Quiero una relación de diálogo constructivo con Bolivia, en una agenda de futuro. Pero mi agenda será respetando los tratados existentes.

-Relaciones diplomáticas con Cuba:

-Continuaré desarrollando buenas relaciones diplomáticas con Cuba como corresponde a pueblos soberanos.

-¿Acercarse al "barrio" o a las "grandes potencias"?

-Voy a seguir acercándome a los dos y en esta nueva etapa tenemos que hacer más esfuerzos por acercarnos al barrio, manteniendo cercanía con los poderosos.

viernes, noviembre 18

El Continente ilícito, por Moisés Naím

EL PAÍS - Opinión - 18-11-2005

Cada noche, Fortuna García canta una nana a su hija Carmen cuando la niña de seis años se va a dormir en casa de su abuela en Cochabamba, Bolivia. Fortuna vive en Gaithersburg, Maryland, y no ha visto a Carmen desde que abandonó Bolivia hace tres años. Pero cada noche, gracias a una tarjeta telefónica de prepago y por menos de un euro, le canta a Carmen hasta que se duerme. Y cada mes, Fortuna manda unos 250 euros a su madre, que se ocupa de Carmen. Los envíos de Fortuna han ayudado a pagar las mejoras de la casa de su madre y también han costeado la operación que salvó la vida a su sobrina enferma. Fortuna es uno de los 500.000 extranjeros que entran ilegalmente en Estados Unidos cada año, una cifra que no ha descendido de sus niveles previos al 11-S, a pesar de los esfuerzos por fortificar las fronteras de EE UU. Debido a que es una inmigrante ilegal, Fortuna carece de una cuenta bancaria en Estados Unidos y, por tanto, recurre a un encomendero, un compatriota boliviano que, por una comisión, entrega en mano el dinero que ella y sus vecinos de su comunidad de expatriados envían habitualmente a casa. Estos canales informales que se utilizan para mover dinero internacionalmente son comunes a muchos grupos de inmigrantes. Entre los inmigrantes de Oriente Próximo y el sur de Asia, el sistema se denomina hawala. Entre los chinos se conoce como chop.
Hace poco en una reunión en Argentina los jefes de Estado de América Latina tuvieron fuertes enfrentamientos sobre cómo promover el libre comercio en las Américas sin llegar a ningún acuerdo. Mientras tanto, los traficantes ilegales -de gente, dinero, drogas, armas o artículos falsificados- están teniendo enorme éxito conectando el Sur con el Norte y transformando a ambos en el proceso. Puede que los acuerdos de libre comercio no estén prosperando en las Américas, pero el comercio ilícito sin duda está en pleno apogeo.
Fortuna García y otros latinoamericanos que viven en el extranjero enviaron casi 40.000 millones de euros a sus países de origen el año pasado, más que todas las empresas multinacionales juntas y mucho más que todas las ayudas externas repartidas por EE UU, la Unión Europea, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. El flujo de capital ya supone un 10% del PIB de Latinoamérica, y está creciendo a más de un 10% anual. Algunas transferencias son realizadas por emigrantes legales a través de canales legítimos, pero un porcentaje importante se gana y envía de forma ilícita.
Pero los narcóticos, que no los envíos de dinero, son la principal actividad ilegal en Latinoamérica y una importante fuente de divisas extranjeras. Según Naciones Unidas, las ventas de droga en el extranjero superaron con creces los 64.000 millones de euros en productos agrícolas que la región exporta cada año. Para muchos países latinoamericanos, las drogas no son sólo la principal y más lucrativa exportación, sino también una importante fuente de poder político y, lamentablemente, también una letal fuente de violencia y conflicto social.
Brasil, por ejemplo, ya no es tan sólo una ruta de tránsito para la droga transportada desde los Andes a Europa, sino que se ha convertido en un enorme mercado de consumo final. En la frontera entre EE UU y México, poderosas bandas de traficantes rivales están librando una intensa batalla entre sí y contra el Gobierno. En Bolivia, los carteles de la cocaína han forjado complejas alianzas con grupos indígenas politizados dispuestos a hacerse con el control del país. Recientemente, militares de alto rango venezolanos fueron acusados por el Gobierno de EE UU de tráfico de drogas, cargos que el presidente Hugo Chávez inmediatamente desechó como otro intento de Bush y su Gobierno de desestabilizar su régimen. Meses antes, Venezuela había sido incluida en la lista de los peores países del mundo en cuanto a su tolerancia con los traficantes de personas. No cabe duda de que, independientemente de la animadversión de Bush hacia Chávez, Venezuela, gracias a sus muy porosas fronteras, un sistema financiero muy vulnerable al blanqueo de dinero, un sistema judicial muy débil, policías plagadas de corrupción y su especial localización geográfica, se ha convertido en un importante puente facilitador del comercio internacional ilícito.
Y no es sólo Venezuela, por supuesto. La mitad de la actividad económica de Latinoamérica se desarrolla en el sector informal. Muchos de esos empleos son precarios, pero, según encuestas, los trabajadores a menudo los prefieren a los trabajos tradicionales, ya que, en el sector informal, ganan más y son más independientes. De hecho, sólo se considera "grandes" a un 2% de las empresas formales de Latinoamérica, e incluso las que son grandes en Latinoamérica son bastante pequeñas según criterios internacionales. Por el contrario, la economía ilícita de la región es enorme y su competitividad es de nivel mundial. Las economías latinoamericanas nutren toda clase de redes empresariales importantes, altamente globalizadas y eficaces que son capaces de transportar personas o droga desde los lugares más remotos de los Andes o la jungla amazónica a Miami o Amsterdam en cuestión de días. Pocas empresas latinoamericanas formales son así de competitivas y eficientes.
La economía ilícita prospera a plena vista y conecta a América Latina con el resto del mundo de muy poderosas y a menudo delictivas maneras. Desde esta perspectiva, los furiosos debates que enfrentan a los presidentes latinoamericanos sobre el tema del libre comercio lucen menos importantes. Los acuerdos de libre comercio se firman entre Gobiernos, e involucran principalmente a empresas exportadoras en el sector más formal. Estos enfrentamientos ideológicos ignoran la realidad de que mientras la economía formal está creciendo poco y creando insuficientes empleos, el sector informal y su hermano siamés, el tráfico ilícito, están experimentando un gran boom.
El libre comercio y los flujos internacionales de capital ya son una realidad incontrovertible de las economías latinoamericanas. Lástima que muchos de ellos sean ilícitos.

martes, noviembre 8

El modelo es neoliberal, por Roberto Pizarro

El Mostrador, 7 de noviembre de 2005

El modelo económico chileno es neoliberal. Puede no gustarnos esta palabra tan desprestigiada. Pero, cuando se sostiene que “el modelo” se debe rectificar, corregir o cambiar, lo que se está cuestionando es el neoliberalismo o partes de éste. La protesta ciudadana, soterrada por largos años, se ha desplegado al calor de las elecciones presidenciales y la crítica al “modelo” se ha hecho evidente en varios ámbitos.

Existe rechazo a las AFP y a las Isapres porque éstas han convertido la salud y la jubilación de los ancianos en un negocio; preocupa la indefensión de los consumidores por las arbitrariedades que sufren en los supermercados, las farmacias y las casas comerciales; hay desesperanza en las familias pobres y de clase media por la existencia de una educación pública que no entrega oportunidades para el progreso de sus hijos; hay inseguridad en los hogares frente a las empresas de servicios públicos, que envían todos los meses uno cobros inexplicables; existe descontento en los trabajadores por la precariedad del mercado laboral y el debilitamiento de los sindicatos; y, existe molestia en la ciudadanía por la intervención del poder económico en la vida política.

No debiera sorprender, entonces, que los chilenos cuestionen la deficiente regulación estatal y unas políticas públicas que favorecen a los grandes capitalistas y perjudican a los pensionados, a los enfermos, a los consumidores de bajos ingresos, a los estudiantes pobres, a los trabajadores y a los pequeños empresarios. Lo que quisieran los chilenos es que el Estado tomara partido por los débiles para compensar esa acumulación de privilegios que favorece a los poderosos. Los chilenos quieren que el “crecimiento con igualdad” se manifieste efectivamente en las políticas públicas y no sea sólo una frase retórica para las elecciones.

John Williamson, en 1990 [1], acuñó el término “Consenso de Washington”, para precisar los ejes definitorios del neoliberalismo, los que se resumen en lo siguiente: disciplina presupuestaria; reforma fiscal con bases imponibles amplias y tipos marginales moderados; liberalización financiera, especialmente de los tipos de interés; tipos de cambio competitivos; liberalización comercial; apertura a la entrada de inversiones extranjeras directas; privatizaciones; desregulaciones; cambios en las prioridades del gasto público a favor de sanidad, educación e infraestructura y, garantía de los derechos de propiedad. Este decálogo ha sido de aplicación rigurosa en Chile.

Al cabo de dos décadas de implementación de estrategias de desarrollo basadas en este modelo sus resultados son desastrosos en los países de América Latina. El mismo Willamson, en el documento que preparó como insumo para el “Informe Económico Mundial, 2000” del Banco Mundial, se muestra desencantado. A confesión de partes relevo de pruebas.

Chile parece ser la excepción, con un buen comportamiento económico, el despliegue de modernidades en varios ámbitos y con una evidente reducción de la pobreza. No obstante, las manchas negras del neoliberalismo chileno son la creciente concentración del poder económico y la consecuente contracción de las libertades y derechos ciudadanos, lo que se traduce en desigualdades y vulnerabilidades que han llegado a convertirse en un rasgo social dominante.

¿Qué ha sucedido en Chile? ¿Cuales son las razones del “éxito” del modelo en crecimiento y reducción de la pobreza? ¿Cuánto hay de efectivo neoliberalismo en las políticas públicas de nuestro país?

La reestructuración económica de Chile empezó bajo el régimen de Pinochet, pero fue menos neoliberal de lo que parece. En realidad, bajo el régimen autoritario, el Estado desplegó una intervención muy fuerte en la economía en beneficio de los grandes empresarios nacionales e internacionales. Gracias a un conjunto de políticas públicas, muy contrarias al paradigma neoliberal, se generó una “acumulación primaria” de capitales que colocó el poder económico en manos de unos pocos empresarios ligados a Pinochet.

Después del golpe, desde mediados de los años setenta y hasta comienzos de los noventa, se aplicaron generosas políticas de apoyo estatal a la producción y a las exportaciones, en trasgresión a la libertad de mercado. Los subsidios a la plantación de bosques permitieron potenciar el sector maderero y la celulosa; el éxito del salmón en el mercado internacional tiene una gran deuda con el sector público, ya que la Fundación Chile financió la investigación tecnológica, para hacer viable su explotación; las empresas constructoras se encuentran prácticamente exentas del impuesto al valor agregado, desde hace treinta años; el reintegro simplificado a los exportadores, hoy día eliminado, benefició con un subsidio estatal a los medianos empresarios.

Al mismo tiempo, las privatizaciones, sin transparencia alguna, fueron un virtual subsidio que favoreció al empresariado pinochetista; la crisis financiera de 1982-1983 fue salvada con recursos públicos, para beneficio de los banqueros; la minería privada en el cobre ha tenido el inmenso beneficio de la depreciación acelerada junto a la aceptación complaciente del juego intracorporativo, lo que les ha permitido a las transnacionales eludir el pago de impuestos; y, lo más importante, también en beneficio del empresariado, fue el Código Laboral establecido durante la dictadura que sirvió para impedir la negociación sindical, lo que junto a una represión implacable, le entregó un poder omnímodo la sector patronal. Fue ese mismo Estado el que dio por terminadas las políticas sociales universales, favoreciendo la ampliación de los negocios empresariales privados en los ámbitos de la seguridad social, la salud y la educación.

Después de estas políticas públicas, con fuerte intervención estatal en la economía, es que, a partir de 1985, se produce un vigoroso aumento de la actividad productiva. Éste, entonces, no puede atribuirse al mercado libre y tampoco a políticas públicas neutrales sino a un Estado militarizado y dictatorial, que colocó al sector público manifiestamente al servicio de los grupos económicos nacionales y extranjeros para favorecer una “acumulación primaria” de capitales. Por tanto, bajo el régimen de Pinochet se implementó un proyecto pro-empresarial en que el Estado, y no el mercado, se convirtió en el factor principal de acumulación capitalista y en el punto de arranque del actual modelo neoliberal.

Curiosamente, los gobiernos democráticos, los políticos de la Concertación y sus tecnócratas, han sido más neoliberales de lo que ellos mismos imaginaron. La vigorosa crítica al “modelo”, que la oposición a la dictadura realizó hasta fines de los años ochenta, pasó al olvidó cuando ella se convirtió en gobierno.

Como en el cambalache, todo lo que antes se había quemado comenzó a adorarse. El miedo a los poderes fácticos, la falta de voluntad para cambiar lo existente o el convencimiento ideológico impidió a los gobiernos de la Concertación utilizar el Estado para restituir las posiciones de poder que la dictadura y los Chicago boys le habían cercenaron a la mayoría nacional. En efecto, consolidados los grandes empresarios en el mercado local e internacional, sus exigencias para ampliar ganancias estaban ahora en el libre mercado, en la reducción de los impuestos y en la flexibilidad laboral. Y con estos caballitos de batalla preferían un “Estado neutral”, que “dejara trabajar tranquilo” a los empresarios.

Así las cosas, durante los gobiernos de la Concertación se han reducido los subsidios y se ha renunciado a las políticas de promoción a la producción y a las exportaciones, lo que, en el marco de una vigorosa demanda por recursos naturales, acentúa el peligro de profundizar nuestra especialización en actividades de bajo valor agregado. En segundo lugar, la “política de neutralidad” del Estado, convirtió en usurera a la alta tasa de interés que se les cobra a las pymes, provocando una alta mortalidad de las empresas pequeñas, con un desempleo permanente de quinientos mil trabajadores. En tercer lugar, a pesar de la evidencia nacional e internacional que para reducir las vulnerabilidad externa se precisa de una adecuada regulación a los flujos de capital, se ha preferido profundizar la liberalización de la cuenta de capitales, en correspondencia con la moda en Wall Street y en el FMI. En cuarto lugar, el Estado ha sido complaciente con la concentración patrimonial, no ha facilitado la libre competencia y ha colocado en condiciones de indefensión a los consumidores. En quinto lugar, la debilidad de los sindicatos se ha profundizado, producto de una legislación que promueve la externalización, limita la negociación colectiva y no tiene eficacia fiscalizatoria.

La preconizada libertad inherente al modelo se diluye en medio de una aguda concentración del poder económico que, como ha reconocido Felipe Lamarca “…hoy estamos ante la paradoja de que el mundo va hacia la democracia, pero en Chile hay menos democracia en lo económico y también en lo político”. Lo más significativo, sin embargo, pasa por el antagonismo creciente entre los intereses del reducido grupo de empresarios chilenos ligados a la internacionalización de la economía y el mayoritario grupo de productores y empresarios que, como consecuencia de la desiguales condiciones de competencia, paulatinamente van siendo desplazados hacia la periferia de la economía o simplemente fallecen.

En suma, los grandes empresarios, que se desarrollaron gracias al estatismo de Pinochet y que se consolidaron gracias al liberalismo de la Concertación, han vivido en la más plena seguridad y protección para potenciar sus negocios. En cambio, los pequeños empresarios, los trabajadores, los estudiantes pobres, los pensionados y un amplio espectro de consumidores, enfrentan el desafío cotidiano de la desprotección y de las desigualdades frente al sistema económico. El modelo es neoliberal. No responde a los intereses de la mayoría de los chilenos y, por ende, hay razones poderosas para exigir su rectificación.

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[1] WILLIAMSON, J. (1990), “What Washington Means by Policy Reform?”, en J. Williamson (ed.), Latin American Adjustment: How Much Has Happened?, Institute for International Economics, Washington DC.