lunes, febrero 27

Responsabilidades de Chile en la Región:una discusión necesaria, por Hugo Calderón


En los últimos días se ha producido un debate sobre la conveniencia de mantener la presencia militar de Chile en Haití. Las siguientes líneas buscan presentar un cuadro general de la inserción del país en la región, en la que se enmarca la relación con el país más pobre del continente.
Señales iniciales de un mundo multipolar
El conflicto sobre la energía atómica en Irán ilustra los cambios producidos desde la guerra de Irak. El orden unipolar con EEUU como la única superpotencia, si bien es una constante política y militar, está dando paso lentamente a un escenario más diversificado con potencias nucleares emergentes con altas tasas de crecimiento como China y la India, que suman casi 2.500 millones de personas. Estos países gravitan decisivamente en la economía mundial por sus fuertes demandas de materias primas, y al igual que Rusia, manifiestan de manera cada vez más explícita sus intereses políticos globales. Esta diversificación de actores y una actitud más dialogante en la política exterior norteamericana por parte de los "neorrealistas" encabezados por la Sra. Rice, tiene consecuencias para el continente: ofrece una oportunidad para una búsqueda de consensos básicos en América Latina, en la perspectiva de profundizar vínculos cualitativos con las zonas más dinámicas de la economía mundial. Se puede evitar así un mayor deterioro de la presencia de la región en los circuitos económicos mundiales y detener su eventual polarización y fragmentación política. Chile puede aportar sustancialmente a este objetivo ineludible.
Potencias regionales y países con buenas prácticas
Tanto China, como la India, al igual que Africa del Sur y Brasil, son potencias que ejercen también un liderazgo regional por el tamaño de sus economías, su peso político, militar y tecnológico, sus vínculos globales y sus aspiraciones geopolíticas. Sin embargo, hay países pequeños que sirven de ejemplo en su región. Son importantes por sus buenas prácticas. Estas buenas prácticas se manifiestan en su capacidad de integración a la economía mundial, sus buenos indicadores económicos, el buen funcionamiento de sus instituciones y la calidad de sus líderes. Tienen gobiernos con capacidad de intermediación entre el desarrollo interno y los estándares internacionales, entre el mercado y los actores sociales y pueden estimular la cooperación público-privada. Una estrecha relación con las potencias regionales y con la comunidad internacional son fundamentales para que puedan ejercer un rol estabilizador y puedan superar las tensiones estructurales provenientes de las desfases con sus vecinos y enfrentar con éxito sus propias tendencias aislacionistas. Son, en síntecis, países con capacidad de reforma, que ayudan a articular intereses regionales en el sistema multilateral. En América Latina es el caso clásico de Chile y, en menor medida, de Costa Rica.
Un capital no despreciable
Chile puede ejercer un rol muy positivo en la región al ir superando las tensiones con los países vecinos. Para esto cuenta con la legitimidad de sus éxitos económicos y políticos, el prestigio del presidente saliente Ricardo Lagos, una fuerte presencia en el organismo multilateral más importante de la región y el enorme impacto internacional de una presidenta mujer con la historia de Michelle Bachelet. Utilizando hábilmente el bilateralismo, Chile ha podido construir una red de acuerdos de libre comercio con las principales economías del mundo. Pero dispone también de una activa presencia en el sistema multilateral, en particular en la ONU, y cuenta con la importante legitimidad de haber sido uno de los iniciadores de la operacion de paz y estabilización más importante que ha llevado mancomunadamente la región en Haití. Es un ganador con la globalizacion. Ha construido una sólida economía de exportación y ocupa nichos definidos en el mercado mundial que ahora busca ampliar mediante un avance tecnológico para acceder a intercambiar bienes de mayor sofisticación. Ha superado el estadio de una economía rentista propia del tercer mundo y está en condiciones de aprender y adaptar prácticas de países con un alto nivel de desarrollo como Finlandia, Nueva Zelanda, Holanda o Suecia. Chile también ha consolidado su sistema politico, estableciendo una agenda clara de modernización y profundización democrática. La última campaña presidencial comprueba que cuenta con los indispensables consensos internos para enfrentar las tareas del futuro; el desarrollo educacional, la creación de una red de protección social y la disminución de las desigualdes.
Responsabilidades mayores
Esto lo ubica en una situación de mayor responsablidad regional frente a sus vecinos, cuyos debates internos están en muchos casos dominados por críticas ante las asimetrías mundiales, más que de propuestas viables para reducirlas. Chile puede aportar a una política de co-gestión y de disminución de daños del proceso globalizador. Para incidir en las coordenadas externas que determinan su desarrollo, está obligado a asumir cada vez más responsabilidades globales que comienzan por sus responsabilidades regionales.
Globalización y región
Las élites latinoamericanas están lejos de comprender en todas sus consecuencias la supranacionalidad e interdependencia del proceso global, como por ejemplo, el fin de las economías estrictamente nacionales, o la extrema movilidad del capital, de las mercancías, la información, el conocimiento, o la transnacionalidad del peligro del narcotráfico, el terrorismo o las pandemias. Estos desafíos no se resuelven sólo en el marco del Estado nacional y requieren de estructuras supranacionales de cooperación y gobernabilidad internacional que actúen eficientemente en las zonas de "soberanías compartidas". Chile no tiene otra opción, por razones de su propia seguridad y para consolidar su inserción internacional, que asumir la supranacionalidad de los procesos económicos regionales, de seguridad, medioambientales, migratorios, u otros, propios de la globalización. Esto significa superar esquemas tradicionales de relación con los vecinos y asumir un rol activo respecto a la consolidación de las estructuras democráticas en la región, buscar con modestia pero con claridad, transmitir sus experiencias exitosas en el proceso de transformacion económica, y apoyar a los países vecinos, especialmente a los más pobres.
Aprender de otros
Una experiencia de intensa cooperación regional fue iniciada por Europa en los años 50 con los acuerdos sobre el carbón y el acero. En la actualidad, con espíritu visionario, la practican los nuevos integrantes de la Unión Europea como Eslovaquia o Estonia con los países que aún no están en la agenda inmediata de la ampliación europea como Ucrania, Moldavia, las repúblicas del Cáucaso, o del Asia central y del sureste de Europa. Crear estructuras de ejecución Chile ya hace un aporte significativo por la vía de las inversiones directas al desarrollo de los países de la región. Sin embargo, el Estado puede aportar un porcentaje del PIB a programas de desarrollo, en particular en la region andina, que a la larga significarán beneficios para Chile pues siempre es más barato invertir en la prevención. Para la cooperación regional es necesario destinar recursos y crear estructuras de ejecución. En base a la experiencia de la agencia de cooperacion internacional (Agci) y de sus programas de cooperacion triangular con terceros países, Chile podría promover una agencia de desarrollo especializada para la región andina y el Mercosur, en conjunto con Argentina y Brasil para compartir costos y riesgos. Esta agencia puede tener por tarea abordar problemas transnacionales, como la modernización de las estructuras estatales, de la administracion comunal, los servicios básicos y la infraestructura física y financiera de la región. Otros temas supranacionales como la integracion energética o los temas medioambientales pueden permitir la conformacion de programas amplios, que pueden ser llevados en cooperacion entre varios países, incluso con el apoyo de los organismos multilaterales que reconocen a Chile un país líder respecto a sus buenas prácticas.
Integración y modernización
Temas como la estructura legal para la captacion de inversiones, la extensión de las tecnologías de información, el acceso a la informacion comercial y de negociacion de acuerdos de libre comercio, puede ponerse a disposición de los países del continente pues la integración económica, para tener bases sólidas, sólo es factible en función de la inserción internacional, como lo demuestra con claridad la experiencia de China y la India. Si bién esto es válido para la relación con los países mas cercanos al polo de desarrollo que representa Chile, cuando se discute sobre la conveniencia de mantener la presencia chilena en Haití, deberían tenerse en cuenta todas las variables de la relación del país con la región, incluído el nuevo rol de los militares en los temas de desarrollo y seguridad global.
Hugo Calderón M. es doctor en Economía y Ciencias Sociales de la Universidad Libre de Berlin.

No hay comentarios.: