martes, febrero 21

Socialistas (3), por Jorge Arrate

El Mostrador
''Veo moverse tus corrientes secas...''
"…veo crecer manos interrumpidas, / oigo tus vegetales oceánicos / crujir de noche y de furia sacudidos, / y siento morir hojas hacia adentro, / incorporando materiales verdes / a tu inmovilidad desamparada".
Neruda escribe sobre la madera. Pero, ¿cómo no pensar que esos versos sobre un viejo tronco tienen algo que ver con las “corrientes secas” del Partido Socialista, con las “manos interrumpidas”, con la muerte de “hojas hacia adentro”, con una “inmovilidad desamparada”? Una socialista de toda la vida es hoy Presidenta de la República y la bancada de senadores es la más numerosa de la historia del PS. Bien pudiera decirse que las quejas no tienen asidero. Pero la cuestión es otra: el socialismo chileno posee liderazgos potentes pero es pobre como expresión orgánica y débil como fuerza cultural y social. Hay una brecha entre la vitalidad de los líderes y la capacidad del Partido para relacionarse con la sociedad en que está inserto de otro modo que no sea la proyección mediática o el carisma de los dirigentes. Esa brecha explica en parte que la presencia socialista en las organizaciones sociales y en movimientos que recogen nuevas identidades ciudadanas sea insuficiente. Las dificultades que enfrentan otros partidos y que han sido públicas - a veces impúdicamente públicas- en relación con cuestiones de poder interno o de pugnas por aspiraciones de cargos, tienden a ocultar las limitaciones del PS. Pero este fenómeno no debe ser consuelo. El PS no se excepciona de la crisis que afecta a los partidos, ni siquiera por las conductas básicas de decoro político de los socialistas de todos las sensibilidades. ¿Será posible hacer este debate con altura? Pienso que sí, a pesar del Congreso de enero de 2005 que reemplazó de un modo heterodoxo -para usar un lenguaje benévolo- a la dirección que finalizaba su mandato. En la superación de las heridas provocadas cabe responsabilidad a todos pero, sin duda, una mayor a quienes resultaron allí vencedores. Por otra parte, ninguna discusión de planteamientos polares podría llegar a buen término. Todos los socialistas son responsables, en mayor o menor grado, de las actuales limitaciones que enfrenta el PS. Superarlas requiere una revolución interna que no puede hacerse sólo por un sector, sino que necesita un acuerdo partidario básico que comprometa muchas voluntades. Digo esto muy particularmente por el tema de las “corrientes”. El sociólogo italiano del primer tercio del siglo veinte, Robert Michels, sostuvo que liderazgo y democracia son incompatibles, también en las organizaciones políticas doctrinariamente democráticas (Michels las conoció pues fue socialista antes de hacerse fascista) en las que el liderazgo tiende a convertirse en oligarquía. La ley de oligarquización de los partidos parecía deseable a Michels, que negaba la posibilidad efectiva de la democracia. Antes que él Max Weber distinguió entre los partidos de patronazgo, que buscan cargos públicos para sus militantes, y los partidos ideológicos que impulsan ideas políticas. ¿Cómo los socialistas derrotan el pesimismo de Michels? ¿Cómo hacen para que la combinación entre la legítima aspiración al poder del Estado -que el socialismo chileno siempre expresó claramente- y su propósito de ofrecer caminos de avance hacia otro tipo de sociedad, de vida, de mundo, sea efectiva? Creo que el modo de funcionamiento de las corrientes partidarias ha significado formas de oligarquización y un énfasis por momentos excesivo en la obtención de espacios de poder, con desmedro de la legítima confrontación de posiciones políticas. Siempre hubo grupos internos en la historia socialista. Los militantes de la Izquierda Comunista, de matriz trotskista, se incorporaron en los años treinta y mantuvieron por buen tiempo una cierta identidad. Los “inconformistas” de comienzos de los años cuarenta se agrupaban en torno a la idea fuerza del rechazo a la colaboración de clases y su crítica al Frente Popular. Formaron el Partido Socialista de Trabajadores, muchos ingresaron años más tarde al Partido Comunista y otros volvieron al Partido Socialista. El “ampuerismo” fue un agrupamiento en torno al liderazgo carismático de un gran teórico y dirigente, un hombre admirablemente honesto, Raúl Ampuero, intransigente en la política de alianzas y la defensa de la autonomía y originalidad teórica del Partido Socialista. La práctica del grupo era, según el resto de los socialistas, autoritaria y sectaria. Derivó en la división de 1967 que significó la creación de la Unión Socialista Popular. El grupo llamado “eleno” representó las ideas latinoamericanistas y revolucionarias de Ernesto Guevara y se comprometió con el proyecto que el Ché impulsó en Bolivia. Otros segmentos, más laxos, formaban circuitos en torno a dirigentes como Allende, Aniceto Rodríguez, Carlos Altamirano o Clodomiro Almeyda. Las “corrientes” actuales del PS así como los grupos identitarios o “clubes” que, explícita o implícitamente, han operado estos años, se amalgaman por diversos factores. Uno son las ideas, otro la historia personal. Luego de la división de 1979, el sector de Almeyda encarnó el esfuerzo más prolongado y serio de lucha clandestina en la historia socialista, momento en el cual cristalizan fuertes lealtades y liderazgos. De allí surgen el “escalonismo”, línea originariamente más inclinada a la unidad de la izquierda y más desconfiada de la alianza con la DC, y una posición más proclive a la Concertación y a aceptar el liderazgo democristiano en su interior, el “tercerismo”. El PS-Núñez y el PS-Arrate representaron el empeño de la llamada “renovación socialista” -la originaria- que en su primera década fue un grupo minoritario, excluido de la Unidad Popular sobreviviente y que hacía su camino de construcción orgánica en Chile superando enormes dificultades. El MAPU refiere a muchos socialistas al momento épico de la ruptura con la Democracia Cristiana, al cambio de matriz ideológica, a la plena incorporación a la Unidad Popular y luego a la clandestinidad, y la prisión, tortura y exilio compartidos con comunistas, socialistas, radicales y miristas. El MIR, muchos de cuyos militantes se incorporan al PS en el período de la reunificación, constituye una referencia inolvidable para los jóvenes que participaron en los tiempos heroicos del gobierno de Allende y la lucha contra la dictadura. No es un misterio por qué se agrupan internamente los socialistas, ni es objetable la legitimidad de la memoria que sostiene esas identificaciones. Pero no es transparente qué piensa hoy cada sector, qué ideas políticas lo movilizan. La cuestión no es baladí por una razón evidente: los grupos internos recordados aquí se amalgamaban en torno a planteamientos políticos explícitos en un Partido que no participaba en la gestión del Estado. Hoy, en cambio, un cierto vacío en sus definiciones cohabita con una ininterrumpida participación en el gobierno durante quince años. ¿Es el PS, recurriendo a la clasificación weberiana, un partido de patronazgo o un partido ideológico? Uno diría que una combinación, como el propio Weber podría estimar ya que para él la mayoría de los partidos lo eran. Pero, ¿cuánto hay de lo uno y cuánto de lo otro? Mientras, las corrientes están secas, como en el poema. Entraban formas más colectivas de funcionamiento, impiden que se abran las puertas del Partido y reclutan por sí mismas, para el Partido, pero para sí mismas. Algunas, dicen, tienen mecanismos de ingreso y exclusión propios. Las corrientes han sido responsables del lánguido debate político en el PS. Hasta los libros nacen encerrados en círculos determinados. ¿Cuántos en el PS conocen o han debatido el libro en que Alfredo Joignant entrevista a Martner, El socialismo y los tiempos de la historia, cargado de ideas innovadoras y polémicas? ¿Cuántos conocen los textos sobre historia partidaria o sobre memoria de la izquierda, escritos por Eduardo Gutiérrez y por Eduardo Rojas y quien escribe estas líneas? Creo que muchos no registraron la publicación de dos sugestivos textos sobre la transición, escritos en 1999 por Luis Maira (Chile, la transición interminable) y por Camilo Escalona (Una transición de dos caras. Crónica crítica y autocrítica). Sólo el “tercerismo” ha mantenido de modo perseverante un centro de estudios y una revista. Lo que llama la atención es que recién durante la presidencia de Martner el Partido creó un centro de estudios y una revista… En 1974, durante mi exilio en Italia, me asombraba leer en los pizarrones y en las paredes de la sede romana del Partido Socialista Italiano una gran cantidad de avisos que convocaban a reuniones de corrientes, subcorrientes y grupos. Me pareció una grave enfermedad. El drama del PSI se explica por varios factores, pero uno de los que contribuyó al colapso fue la pugna despiadada de corrientes. En la Conferencia de Organización de 1991 y en la de 2001, diez años más tarde, se acordó la regulación de las corrientes, una aproximación realista y constructiva. No obstante, las corrientes descontroladas han desarrollado una espiral, primero hacia la consolidación, luego, ya erosionadas las confianzas más extensas, hacia la construcción de refugios más pequeños pero seguros, hacia la parcelación. Icebergs que se segmentan en el mar de una ciudadanía cada vez más ajena y desinteresada en los partidos, entre ellos el Socialista.

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