lunes, marzo 6

Socialistas (6), por Jorge Arrate


¡Mujeres!
Cuando en 1833 Flora Tristán, precursora feminista y socialista, desembarcó de “El Mexicano” luego de una travesía de varios meses iniciada en Burdeos y puso pie en Valparaíso, en tránsito hacia Perú, no podía imaginar que 173 años después una mujer presidiría el gobierno de esos territorios recién independizados de España. Menos aún que esa mujer sería una socialista. Flora tenía treinta años. Había viajado sola junto a diecinueve hombres. Tristán conoció de joven a Simón Bolívar y a Simón Rodríguez, se codeó en Francia con los utopistas y anarquistas que encendieron los fuegos del socialismo antes de la revolución de 1848 ---los mismos que convocarían la energía intelectual y política de Bilbao y Arcos---, fue un referente en textos de Marx y de Engels. Su paso fugaz habrá dejado flotando en el aire los primeros efluvios de la lucha por la igualdad social de la mujer. Ochenta años más tarde la española Belén de Sárraga viajó a Chile y lo recorrió dictando conferencias sobre la liberación de la mujer. Belén era una combativa dirigente feminista, tanto que sus adversarios, impulsados por su fanatismo religioso, intentaron asesinarla dos veces: la primera con un vaso de sidra envenenada y la segunda a cuchillo durante una travesía en tren entre Málaga y Linares. De pensamiento de izquierda, laica y anticlerical, su visita a Chile causó conmoción. Recibió cálidas adhesiones desde el mundo socialista y anarquista y desde el masónico y liberal, pero fue fuertemente repudiada por los sectores conservadores. Testimonia su relación con el socialismo originario el siguiente telegrama: “Iquique, 23 de enero de 1913. Sra. Belén: Socialistas Iquique tendríamos placer escucharla. Agradeceríamos anunciarnos si podría venir. L.E. Recabarren”. Efectivamente, uno de los rasgos sobresalientes del ideario de Recabarren fue su denuncia sobre la situación de explotación de la mujer, en particular en el mundo del trabajo. En la prensa obrera que él inspiró estuvo siempre presente la temática de género. Su compañera, Teresa Flores, fue activa promotora de los “centros femeninos”. Flores fue la única mujer que formó parte del comité ejecutivo del Partido Obrero Socialista cuando fue fundado en 1912 y la primera fémina en alcanzar un cargo directivo en una federación sindical. Ya entonces mujeres participaban activamente en centros y sindicatos, la mayoría de ellos impulsados por los movimientos y partidos de izquierda, y en Sociedades de Resistencia, de tinte anarquista, Mutuales y Mancomunales.
Pero, el viaje de las mujeres por la política era igual que el de Flora Tristán en “El Mexicano”: la “paridad” se rompía siempre a favor de los hombres. La historia del Partido Socialista lo muestra claramente. En la asamblea de sesenta fundadores y en la dirección allí designada, en abril de 1933, no hay una sola mujer. Durante la primera etapa de la vida del PS la participación de la mujer era reducida y tenía un carácter secundario. La Acción de Mujeres Socialistas nació y se desarrolló en los años treinta. Los nombres dirigentes se repiten por casi un decenio: María Montalva, Blanca Flores, la escritora feminista Felisa Vergara, la ingeniera Violeta de la Cruz, la argentina, profesora de filosofía, Leontina Barranco. En 1938 el triunfo de Aguirre Cerda y el Frente Popular introduce un cambio trascendental: una mujer asume como Alcaldesa de Santiago, la primera en Sudamérica en dirigir un municipio. Es la socialista Graciela Contreras de Schnake. El Congreso realizado en Talca en 1944 innova al designar Comité Central: es electa una joven de 24 años, Carmen Lazo, hasta hoy protagonista de la vida partidaria. Después del establecimiento del sufragio femenino pleno, más mujeres asumen mayores responsabilidades de dirección y más nombres femeninos comienzan a circular en documentos y comisiones, como la lavandera Auristela Fernández, la empleada de ferrocarriles Irma Moreno, electa en el Comité Central en 1952 y más tarde, en plena clandestinidad, en 1981, y la dirigente del profesorado Aida Quiñones, entre otras. La pedagoga Fidelma Allende y Marta Melo, Secretaria Nacional de la Mujer en el gobierno de Unidad Popular, cumplen destacados roles durante los sesenta. La diputada Laura Allende y la senadora María Elena Carrera, junto a Fidelia Herrera y Chela del Canto, son electas miembros del Comité Central en el Congreso de La Serena en 1971.
Sin embargo, no todo son pequeños avances: ninguna mujer integra el primer gabinete de Allende y el Ministerio de la Mujer es una promesa que el Presidente no alcanzará a cumplir. Su hija Beatriz, desde la Secretaría Privada (una parte del “segundo piso” de entonces), se destacará en aquellos años por su función asesora del Presidente y su inteligencia política. Durante los tiempos oscuros de la dictadura las socialistas Hortensia Bussi e Isabel Allende desempeñan un rol clave en el movimiento internacional de solidaridad. Isabel será, a comienzos de los 2000, la segunda mujer en presidir la Cámara de Diputados (la primera fue Adriana Muñoz, una ex socialista que desde 1992 milita en el PPD).
En el interior de Chile las mujeres de izquierda, entre ellas las socialistas, escriben páginas inolvidables. Decenas mueren o desaparecen. Miles son enviadas a cárceles, torturadas, exoneradas o exiliadas. En el PS se recuerda con especial dolor la redada de junio y julio de 1975 y la desaparición, hasta hoy, de Carolina Wiff, Michelle Peña, Mireya Rodríguez, Rosa Soliz y Sara Donoso. En el período post dictatorial el Partido Socialista fue asumiendo con más fuerza la causa de la igualdad social de la mujer. Debates que aún no terminan, evaluaciones contrapuestas, opiniones disímiles han circulado estos años sobre el mecanismo de la “discriminación positiva” o “acción positiva” implantado en el PS luego de la reunificación a fin de garantizar una mínima presencia femenina en los órganos de dirección. Seguramente la actual Vicepresidencia de la Mujer también ha de ser objeto de evaluaciones no siempre coincidentes. El hecho es que la acumulación de esos y otros esfuerzos ha contribuido a conformar otra conciencia y es uno de los progresos innegables que, en el marco de sus muchas deficiencias, registra el PS. La socióloga Julieta Kirkwood, socialista, contribuyó a nivel nacional e internacional a las investigaciones sobre la condición de la mujer, a la organización del movimiento de mujeres y al avance de la equidad de género.
El gobierno de Lagos abrió un nuevo capítulo con la nominación de cinco mujeres en cargos ministeriales y, en particular, con el nombramiento de la primera mujer que en Latinoamérica ocupó el cargo de Ministro de Defensa, Michelle Bachelet. Nuevamente, una socialista. Pocos años después, Bachelet fue proclamada candidata a la Presidencia. Sólo una comunista, Gladys Marín, y una ecologista, Sara Larraín, lo habían sido anteriormente. Dentro de pocos días Bachelet asumirá como Presidenta, la primera democráticamente electa en Sudamérica. Una socialista. Esta suerte de registro elemental, lleno de vacíos, que surge de los trabajos sobre la memoria socialista realizados por Julio César Jobet, Alejandro Witker y Eduardo Gutiérrez, suscita algunas reflexiones. Primero, no se aprecia con nitidez que la izquierda y en particular los socialistas, incluso con sus muchas limitaciones, han ocupado una posición de vanguardia en relación con la emancipación de la mujer. La primera alcaldesa de Sudamérica, la segunda Presidenta de la Cámara de Diputados desde 1811, la primera Ministra de Defensa de América Latina, la primera Presidenta democráticamente electa en Sudamérica. Socialistas. Es la fuerza de una cultura libertaria, la expresión de un concepto profundo de democracia. Segunda reflexión. El 2006, por primera vez en la historia electoral chilena, la candidatura de centro-izquierda triunfó en la votación femenina. Se ha roto lo que era casi una ley: la derecha ganaba siempre en mujeres. Consolidar esa ruptura es uno de los grandes desafíos del socialismo chileno. La tercera: ¿no es hora de escribir una historia de las mujeres socialistas chilenas? Hay fragmentos, investigaciones parciales, pero no una historia, en particular una que registre no sólo a las dirigentes sino a la mujer socialista de base y de provincias. Un joven historiador o historiadora pudiera interesarse en la tarea y rescatar la memoria de la lucha por la igualdad social de la mujer en la que se han empeñado las socialistas como ningún otro grupo político. La mística que refleja el Reglamento de la A. M. S. fechado en 1940, explica esa fuerza: “Ser las mejores militantes del PS”. “Hacer vida activa en su núcleo”. “Demostrar en todo momento su espíritu de disciplina y sacrificio”. “Defender la integridad y finalidades del PS y sus militantes”. “Tener una absoluta reserva y tacto para todo lo que se relacione con el PS”. “No emitir juicios equívocos ni mal intencionados respecto de sus compañeras”. Etcétera, etcétera. Tremenda cartilla. Tremendo instructivo, el que elaboraron de las nietas y bisnietas de Flora Tristán, Belén de Sárraga y Teresa Flores. A lo mejor le sirve hoy día al PS, nos sirve a todos, mujeres y varones.

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