lunes, mayo 15

Referendos en la niebla, por Manuel Castells

13/05/2006- La Vanguardia (www.lavanguardia.es), extracto.
La paradoja de los referendos políticos es que expresan a la vez la democracia directa y la aclamación plebiscitaria. Desde mi experiencia californiana he vivido la práctica del referéndum como forma directa de hacer llegar a los ciudadanos, y convertir en ley, innumerables iniciativas variopintas que no llegan a ser procesadas por el sistema político. Como en otros países de tradición referendaria, el origen del gobierno por iniciativa popular se encuentra en la desconfianza de los ciudadanos con respecto a sus representantes políticos. Es por tanto un correctivo a la democracia por delegación. Pero la capacidad de un grupo de interés para llegar a los votantes directamente depende de su incidencia en los canales de comunicación, tanto en los grandes medios como en las diversas formas de difusión del mensaje. Lo cual favorece, por un lado, a aquellos que tienen arraigo militante; por otro lado, a aquellos que disponen de recursos que les permiten la presencia en los medios de comunicación y en la sociedad. Por tanto, el dinero y la ideología prevalecen sobre los partidos y las instituciones políticas. Los resultados del proceso son diversos, pero en general el dinero manda y las emociones del momento deciden. Pero también existe la tradición referendaria desde el poder, cuando los gobiernos intentan santificar con la legitimidad de un plebiscito popular decisiones importantes, generalmente de ámbito constitucional. Cuando funciona correctamente este mecanismo los textos así aprobados se revisten del manto original de la soberanía popular. En la mayoría de las democracias su uso es excepcional por los riesgos que presenta. Cuanto más importante es el contenido de un referéndum más se arriesga el sistema político a un movimiento de opinión inesperado que eche al traste el complicado encaje de bolillos que suele estar detrás de un texto constituyente. Así, los referendos se plantean para situaciones límite o cuando cuentan con un tal apoyo político organizado que el riesgo parece menor. Es en este último supuesto cuando pueden producirse terremotos políticos. Sin ir más lejos, la derrota del referéndum sobre la Constitución europea en Francia y Holanda obligó a replantearse el proceso de construcción europea. Y el rechazo se produjo pese a contar con el apoyo al sí de los grandes partidos, de las instituciones del Estado y de los medios de comunicación. Sabemos que el no a la Constitución europea fue un rechazo generalizado a la clase política. Y aquí está el quid de la cuestión. La claridad de la consulta referendaria depende de la relación de confianza que exista entre los ciudadanos y sus representantes. Y en particular, con quienes plantean el referéndum. Si esa relación está enturbiada por la sospecha y la decepción, se sabe lo que se pregunta en el referéndum, pero no se sabe lo que se responde. El sí o el no se convierten en expresión de apoyo o rechazo a los proponentes de la pregunta por motivos de muy distinta índole que además varían en distintos sectores del electorado. Si la relación entre política y sociedad es nebulosa, los referendos se celebran en la niebla.

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