martes, agosto 1

La pista detrás de las encuestas, Osvaldo Torres

La pista detrás de las encuestas.Las últimas encuestas entregan a Bachelet una baja que la derecha acaracterizado como “caída libre”, “falta de autoridad” e incluso “carenciade gobernabilidad”. Detrás de estas desproporcionadas caracterizaciones estála estrategia de la Alianza y los poderes empresariales por sobredebilitaral gobierno ante la opinión pública –incluso a costa de su propiapopularidad- con el objetivo de conseguir que las prometidas reformas a laley de subcontrataciones, previsional, educacional y de infancia setransformen en meros maquillajes al modelo actual.Al sobre dimensionamiento de las implicancias de las encuestas se suman lascampañas sobre las políticas anti delincuencia, las críticas a lasrelaciones con los países vecinos, y con Venezuela, el precio de la gasolinay otros temas que puedan terminar culpando al gobierno. Así, con un gobiernopercibido y, para algunos, autopercibido como débil, la fuerza y profundidadde las necesarias reformas se diluyen.Lo anterior no implica que el gobierno no tenga problemas y ellos sereflejen en las publicitadas encuestas. Frente a esto, dos cuestionesparecen importantes, las del tipo de liderazgo de la Presidenta y el estilode gobierno.Si caracterizamos el tipo de liderazgo que Bachelet desarrolló durante laprolongada campaña presidencial, este fue empático, horizontal, dialogante ysensible a los temas sociales de la desigualdad, cuestiones que permitieronestablecer un liderazgo acogedor que se demostró adecuado a la demandaciudadana en un contexto de optimismo económico y paz social. Hoy, luego decuatro meses en La Moneda, este tipo parece agotarse y requiere unadefinición para responder a los nuevos desafíos puestos por las expectativasconstruidas en la campaña, acentuadas por el alza en el precio del Cobre ypor una suerte de inquietud social por una participación más justa en elingreso, expresada ya por el movimiento estudiantil.Las encuestas reflejan un reclamo por mayor autoridad, por más decisión, másefectividad y a esto hay que poner atención, pues establece una idea sobreel tipo de liderazgo que se requiere para los próximos años. Una nuevadefinición se encuentra en la combinación del proyecto del Gobierno y lascualidades de la Presidenta. Se deberá optar entre un abanico de tipos delíder. La opción populista, que teóricamente no es descartable tanto por losdineros disponibles como por ser una forma de recomponer lazos, estápolíticamente descartada del proyecto Concertacionista; la opción delliderazgo tecnocrático modernizador también es construible como modo deponer a la Presidenta por sobre las presiones sociales y demandascorporativas con un lenguaje de Estado y un discurso futurista, cuestiónpoco viable si se asume que la elección de Bachelet fue para responder a laexclusión social y la ausencia de ciudadanía constructora del país. Sidescartamos estos extremos Bachelet deberá optar –y no moverse entre- por unliderazgo de mujer fuerte, capaz de enfrentarse a los poderes fácticos queintentan frenar sus reformas emblemáticas y que muestre todo su potencialrespaldo popular apoyándose en los partidos de la Concertación, que son losque en su nombre están en mejores condiciones para dar la lucha política enel parlamento y hacia opinión pública.Esto implica una opción que se define en torno a una meta principal de lagobernante y que permite a la ciudadanía ordenar sus expectativas.El segundo problema es la cuestión del estilo de gobernar. Las Comisiones yConsejos de nivel presidencial son un espacio positivo que permite barajaralternativas técnico políticas, de limitada participación ciudadana. Sinembargo, por su composición y tareas no deja clara la orientación quedebieran tomar las proposiciones técnicas que debaten. Aún más, se hademostrado que la mediación de estas instancias entre el gobierno y losciudadanos e incluso con los partidos, ha tendido ha dejar al gobierno en un“tren de espera”, sin la iniciativa necesaria para impulsar las medidascentrales de lo que se propuso realizar en estos cuatro años.En este sentido, la participación ciudadana además de darse a través de larepresentación por el sistema de partidos, puede ser más efectiva si sepresionara desde el gobierno y los partidos que le apoyan, por lamodificación del binominal, la necesidad de la iniciativa ciudadana paralegislar y los plebiscitos vinculantes. Como lo demostrara hace años A.Valenzuela, no son las movilizaciones sociales las que desestabilizangobierno, sino las incompetencias del sistema político para procesarlos.La cuestión que articula los temas del tipo de liderazgo y el estilo está enel proyecto país del gobierno. Está claro que no es la suma de las reformasprometidas, pues el todo es más que sus partes. Si se persiste en la promesadel sistema de protección social como la herencia principal a dejar por elgobierno, lo que incluye evidentemente una centralidad en la agenda, estoimplica asumir que deberá haber debate y confrontación con ideas e interesesque tienen mucho poder y capacidad de presión.La agenda social del gobierno cuenta con el consenso de toda laConcertación, está en las expectativas de los ciudadanos, y la derechapolítica y económica ya levanta su crítica al “Estado de Bienestar”, a lafalta de flexibilidad laboral, a los altos impuestos, a la vez que desata elpopulismo con las platas fiscales. A su vez, la agenda democratizadoratambién se relaciona directamente con la agenda social, pues el interés delos ciudadanos, expresados a través del sistema político, demandando mayorparticipación institucionalizada puede entregar el apoyo necesario para eléxito de ésta.El tipo de liderazgo que reclaman los ciudadanos no es el autoritarismo, esla autoridad para imponerse a los poderes que resisten las reformas y paraque la política gobierne al mercado. De ese modo puede explicarse que losciudadanos demanden autoridad y la derecha autoritaria siga cayendo en lasencuestas.
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Osvaldo Torres G
Miembro Comisión Política PS.
Concejal Peñalolén.

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