viernes, enero 20

Entrevista a Jorge Arrate, El Mostrador

20 de Enero del 2006
Ex candidato a senador PS Jorge Arrate: 'Gesto de Bachelet con los comunistas es un acto de justicia'
Ex ministro y embajador socialista manifestó que durante el cuarto gobierno de la Concertación se debe dar un diálogo real con el Partido Comunista y también con otros sectores de izquierda para fortalecer la democracia. También se mostró confiado en que la Presidenta electa nombrará a las personas más capaces para acompañarla en sus cuatro años de gestión. Contento aseguró estar el ex ministro del Trabajo, Jorge Arrate, por el gesto que tuvo la Presidenta electa, Michelle Bachelet, de recibir a la mesa directiva del Partido Comunista durante esta semana. A juicio del dirigente socialista, ex candidato a senador por la IV Región en las recientes elecciones parlamentarias, donde obtuvo un resultado muy por encima de lo esperado, ello es importante y refleja el agradecimiento de Bachelet hacia dicha colectividad, la que también apoyó a Patricio Aylwin y Ricardo Lagos para que resultaran electos. Para Arrate sería "indispensable" que haya un contacto más fluído con los comunistas y con todas las fuerzas de izquierda que apoyaron sin condiciones a la Concertación en esta segunda pasada. "Eso sería un acto de justicia", manifestó Arrate.
-¿Qué significa para usted que haya por primera vez en Chile una mujer Presidenta de la República?
-Yo considero que es un gran hecho democrático. Me aproximé al tema de género como una cosa democrática hace muchos años cuando estaba en el exilio y no formaba parte aún de las baterias de debate de la política chilena. "En ese sentido, a mi juicio esta elección es una cuestión de igualdad entre hombres y mujeres. Nadie es superior u otro es inferior por tener diferencias de sexo" sostuvo Arrate, quien agregó que ésta es una gran oportunidad cultural porque le abre a Chile otros caminos y posibilidades de desarrollo. "Incluso ese día de las elecciones me impresionó mucho ver a mujeres que se ponían la banda presidencial, pues ello da cuenta que se sienten muy representadas con Bachelet". "Creo que son cambios a nivel del imaginario colectivo. Nuestras hijas, nietas y en general las muchachas de hoy sin duda tienen un imaginario distinto al que tenían las mujeres hace un par de años, y éste se consolida al ver a una de ellas que podía ser Presidenta de la República".
-¿Qué características tendría que tener este nuevo gobierno de la Concertación?
-La Presidenta electa ya ha planteado las características de su gestión, la que será paritaria, y por lo tanto este gran hecho democrático se va a reflejar por primera vez en la historia de Chile en los más altos cargos del gobierno. Ella lo dijo con mucha fuerza durante la campaña y lo repitió: su administración tendrá como centro la acción social. Así como los gobierno de Patricio Aylwin, Eduardo Frei y Ricardo Lagos tuvieron ejes importantes, en la gestión de Bachelet éste será lo social y ese es un desafío enorme porque, como sabemos, las desigualdades en Chile no sólo se refieren a la distribución del ingreso sino que en todos los ámbitos son enormes y vergonzosos.
-Respecto a la conformación del nuevo gabinete. ¿Qué opina del hermetismo de ella en esta materia y que los partidos se encuentren tan inquietos?
-Yo espero que los partidos respeten la autonomía de Michelle en esta materia. Estoy seguro de que el Partido Socialista va a actuar de ese modo y que la colectividad tiene claro quiénes son sus militantes y qué capacidades tienen. Ahora se ve algo distinto a lo que pasó con el resto de los gobiernos de la Concertación, donde quedaba más en evidencia el cuoteo político, por lo menos en esta etapa de conformación del gabinete. Lo del cuoteo político sigue siendo una exageración propagandística. Los gobiernos de la Concertación son de coalición y éste también tiene la misma característica, sumándole por cierto a los independientes. Esto no es cuoteo sino que buscar equilibrios que efectivamente le den representatividad al gobierno, y dejemos en claro que los partidos no se están repartiendo de manera irracional los cargos públicos.
Los comunistas y su relación con el gobierno de Bachelet
-Bachelet se reunió con la directiva del Partido Comunistas. ¿Qué le parece la señal que ella está dando?
-Me parece muy justa y positiva. El PC ha contribuido con sus votos a que la Concertación elija Presidentes de la República en tres oportunidades: cuando Aylwin fue electo, en la segunda vuelta del Presidente Ricardo Lagos y ahora con Bachelet. Creo que el gesto que ha hecho la Presidenta electa significa un reconocimiento no sólo por el apoyo de este sector sino que también por los hechos anteriores. Esto no es un problema político en primer lugar sino que de justicia. En definitiva, el gesto de Bachelet con los comunistas es un acto de justicia.
-Usted en reiteradas ocasiones ha dicho que la Concertación debe iniciar un diálogo con el PC. ¿En este gobierno debería concretarse eso definitivamente?
-Y lo reitero: Necesitamos tener mayor contacto con este sector, eso quiere decir, fortalecer a las fuerzas de izquierda, pues ello es fundamental para la democracia. Pero también no sólo con este sector sino que con todos. Nos hemos acostumbrado durante 16 años en Chile a que como la derecha tiene los votos necesarios para aprobar proyectos en el Parlamento conversar siempre con ella, es decir, hay que sentarse con la derecha, almorzar con la derecha, consultar a la derecha... Tiende a ser algo normal. Y yo creo que lo que es normal es consultar a todos los sectores que son representativos, y en el caso del PC el hecho de que no esté en el Congreso no es responsabilidad de ellos sino del sistema electoral binominal, y por lo tanto establecer un diálogo fluido con ellos es establecer una situación de normalidad y terminar con la anormalidad que ha existido en todo este tiempo.

miércoles, enero 18

El año que fue, por Carlos Fuentes

EL PAÍS - Opinión - 18-01-2006

En 2005, la Naturaleza dominó al Hombre. Del tsunami asiático al huracán Katrina, la Naturaleza dijo: Basta. Basta de degradarme, insultarme, despojarme, basta de divorciar la creación de la conservación. Basta de olvidar que al matar a la Naturaleza estamos matando a nuestra descendencia. Basta. El tsunami y el Katrina nos recordaron a todos las palabras del Paraíso perdido, de John Milton: "No acuses a la Naturaleza. Ella ha hecho su parte. Ahora, haz tú la tuya".
El Katrina puso al desnudo la incompetencia de la actual Administración norteamericana. Sin respuesta coherente ante una catástrofe nacional, el Gobierno de Bush hizo ver a todo el mundo que igualmente incoherente era su política en Irak, de principio a fin. Tardíamente, Washington admitió lo que todo el mundo sabía: Sadam Husein no poseía armas de destrucción masiva. Desplomada esta justificación (para eterno bochorno de Colin Powell), se apeló a briznas de justificación. Irak fue liberada de un tirano (Libia, no). Irak ha celebrado elecciones democráticas (Birmania, no). Nos retiraremos el día en que Irak se gobierne a sí mismo. Un mexicano dice con escepticismo: la democracia iraquí sólo llegará una vez que las tropas extranjeras se retiren y el país dirima sus profundas diferencias entre chiíes, kurdos y suníes, como sucedió con las facciones mexicanas entre 1910 y 1940. Acaso ello signifique, como en México, una guerra civil previa. La "democracia jeffersoniana" no se impone desde arriba y desde afuera. Crece, con modalidades propias a la cultura local, desde adentro. Los EE UU convivieron siete décadas con el sistema autoritario mexicano. La democracia que tenemos, buena y mala, frágil y fuerte, nos la debemos a nosotros mismos, a nuestra sociedad, nuestra cultura, nuestra historia. La actual Administración norteamericana podría aprender la lección mexicana.
No fueron el Katrina e Irak los únicos desastres que afectaron al Gobierno de Bush. Olvidando la vieja y sabia recomendación de Lincoln ("no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo"), las mentiras de la Administración actual comenzaron a deshilvanarse gracias a la investigación iniciada por el fiscal Patrick Fitzgerald acerca del origen de la guerra de Irak y las complicidades urdidas al respecto. Las asombrosas justificaciones de la tortura por el vice Cheney y el procurador Gonzales (con ese), la implicación de países europeos en vuelos secretos de la CIA con objetivos criminales, los horrores de Guantánamo y Abu Ghraib, la pifia de la nominación de la compinche de Bush, Harriet Myers, a la Suprema Corte y, por último, las revelaciones de cohecho y favoritismo generalizados hechas por el Coyote Avramov: otras tantas bateadas erradas de Bush.
Los Estados Unidos de América siguen siendo la primera potencia mundial, y no sólo por su enorme aunque discutiblemente eficaz fuerza armada. Los EE UU ocupan el primer lugar en producción industrial, manufactura y servicios, producción y consumo de energía, innovación y creatividad. Suman la mayor economía del mundo. Pero cargan con el máximo déficit mundial: 500.000 millones de dólares, seguidos por Gran Bretaña con apenas 25.000 millones (Clinton dejó un superávit de 400.000 millones). Pero en volumen comercial, la Unión Europea da cuenta del 17% mundial, y los EE UU, del 15%, en tanto que los avances vertiginosos de China y la India anuncian el tan temido (por Washington) orden multipolar del futuro. ¿Y Europa? El 2005 fue año de crisis y reafirmación. El resonante no a la Constitución europea fue el momento de mayor inflexión comunitaria. Los motines de los guetos suburbanos de Francia, su explosión más retardada. Ésta fue la rebelión de una tercera generación de inmigrantes asimilados, pero expulsados de los barrios vivibles del centro a los desiertos urbanos de la periferia. La visión apocalíptica de las películas de Goddard hecha realidad. Y un desafío mayor no sólo para Francia, sino para toda Europa: la inmigración necesaria sin violencia innecesaria. La incorporación de la "nueva Europa" (12 países del Este) plantea el problema que conocemos bien los mexicanos. ¿Cómo exportar bienes sin exportar, al mismo tiempo, trabajo?
La respuesta constitucional se hizo ver en la cumbre de Bruselas el pasado diciembre. La presidencia británica de Tony Blair no logró desplazar el centro europeo a una posición atlantista y neoliberal. Angela Merkel, la nueva estrella alemana de Europa, supo consolidar las políticas sociales y europeístas como respuesta mejor a los nuevos desafíos. La hija de pastor criada en la Alemania del Este dio voz y posición a la más profunda experiencia europea: el Continente no puede dejarse arrastrar a políticas nugatorias de los avances sociales en naciones heridas profundamente por los totalitarismos fascistas y comunistas. La salud social es la principal vacuna contra la tentación bélica y totalitaria. Merkel empieza su mandato. Los comentaristas hacen notar que en enero de 2007, cuando Alemania asuma la presidencia de la Unión Europea, Blair, Chirac y Berlusconi (probablemente) se habrán retirado. Merkel estará en su segundo año de poder. ¿Con quién lo compartirá en Francia, Italia y Gran Bretaña?
Europa, los Estados Unidos, China y la India son hoy las locomotoras mundiales. La América Latina, que se ve a sí misma como la prolongación de lo mejor de Europa en el Nuevo Mundo, pasa a ser furgón de cola. Una riquísima y constante tradición cultural se divorcia cada vez más de un considerable retraso de civilización. Distingo entre cultura -alma de una comunidad- y civilización -el cuerpo de la misma-. Más que nunca es cierto el pesimista aserto de Alfonso Reyes: "Siempre llegamos tarde al banquete de la civilización". Retrasados en ciencia y tecnología, en educación, comercio y capitalización (no aparecemos entre los 20 o 50 primeros lugares de estos rubros) sí hemos logrado avances políticos. Con la anomalía cubana, somos democracias pluralistas. Sólo que el desarrollo político ha ido acompañado de cierto desarrollo económico desde arriba y casi nulo desde abajo. Ello explica la aparición de regímenes de izquierda democráticamente electos pero de disímil caracterización. Lula en Brasil, Tabaré en Uruguay, Kirchner en Argentina, se comportan, en términos amplios, como demócratas sociales. Chávez, en Venezuela, representa el peligro del caudillo populista disfrazado por fraseología izquierdista y personalidad mussoliniana. Se opone a los EE UU en todo salvo en un punto: la fructuosa relación petrolera, indispensable para Chávez y para Bush. Lo demás es demagogia.
El nuevo presidente de Bolivia, Evo Morales, viene a sumarse a la tendencia izquierdista latinoamericana. Les rinde pleitesía a Chávez y a Castro. Habrá que ver cuánto le dura esta devoción y cuánto durará el presidente de un país que ha tenido más jefes de Estado que años de independencia. Hay que desearle éxito al presidente Morales, cuya gran tarea será crear instituciones repre
sentativas de la mayoría desheredada. Instituciones estables es lo que falta en Bolivia, no desplantes carismáticos.
En cambio, el mayor éxito de la nueva democracia latinoamericana lo representa Chile, cuyo presidente saliente, Ricardo Lagos, ha sumado políticas de mercado con políticas sociales que han colocado a Chile en el camino de menos pobreza, más prosperidad y más justicia. La pesadilla del pinochetismo se revela, más que como una anomalía, como el último estertor militarista de un país que logró los mayores avances sociales y políticos, de Portales a Balmaceda a Alessandri y Aguirre Cerda, sin exorcizar del todo la amenaza de la dictadura castrense, de Ibáñez a Pinochet. Es de esperar que Michelle Bachelet continúe y fortalezca las excelentes políticas de Ricardo Lagos, que representan el triunfo póstumo de Salvador Allende.
Mis amigos suramericanos, por último, creen que Andrés Manuel López Obrador es una especie de Chávez mexicano. Yo les aseguro que no es así. No sólo porque conozco a López Obrador, que es un socialdemócrata tradicional con vocabulario electoral melodramático, sino porque, si es presidente, López Obrador deberá vivir con el hecho fatal de la política mexicana: la larga frontera con los Estados Unidos de América y las contradicciones de la vecindad. Frontera porosa, territorios que fueron mexicanos, necesidad norteamericana de trabajadores mexicanos y necesidad mexicana de exportar el trabajo que en México no sabemos o no queremos generar. Intensa relación comercial. Pero el Tratado de Libre Comercio se olvidó del trabajo. Interdependencia económica. Pero disparidad monstruosa de niveles de vida.
Y un año electoral decisivo en México. La alternancia del año 2000 no significó transición verdadera. Fox se va sin crisis económica (dedos cruzados) y sin derramar sangre. Pero la corrupción ya no es monopolio de 70 años del mismo partido en el poder. Es un vicio compartido, en mayor o menor medida, por todos los colores políticos. Es el "unto mexicano" de la era colonial, célebre desde entonces. Y las reformas foxistas (energía, tributación) no pasaron porque el Congreso dividido quiso ser tercamente independiente y el presidente careció de talento negociador. La opción en julio de 2006 será entre dos candidatos creíbles, Felipe Calderón, del PAN centroderechista, y López Obrador, del PRD centralizquierdista, y un candidato increíble (Roberto Madrazo, del multicolor PRI). Pero de éste y otros asuntos hemos de ocuparnos largamente en el año que se inicia, 2006.

La vía noruega

EL PAÍS - Opinión - 18-01-2006

Noruega ha puesto en vigor una ley que obliga a las empresas que cotizan en Bolsa a tener consejos de administración paritarios, es decir, con un porcentaje de mujeres no inferior al 40%. Las empresas que se constituyan a partir de ahora deberán cumplir este requisito, y las que ya existen tienen dos años para adaptarse a la ley. De lo contrario se arriesgan a que un juez decrete su disolución. La medida es drástica, pero se aplica con un amplio consenso social y obedece al convencimiento de que sólo con la fuerza del imperativo legal se podrá avanzar hacia la democracia paritaria.
Hace ya tiempo que las estadísticas muestran que el camino de las mujeres hacia la paridad se ha estancado, incluso en países con políticas muy activas, como los nórdicos. En España, pese a los importantes avances que han permitido tener por primera vez un gobierno paritario, hay también indicios de estancamiento. Pese a la incorporación masiva de las mujeres al mundo laboral, pese a que suman más del 60% de los licenciados y pese a que ellas obtienen mejores resultados en los estudios, su representación en los órganos de decisión, tanto en el sector público como en el privado, no sólo no progresa como debiera, sino que en algunos casos retrocede.
Sólo hay un 12% de catedráticas en la Universidad, el número de rectoras se cuenta aún con los dedos de una mano y la presencia femenina en organismos públicos, desde el Tribunal de Cuentas al Banco de España, es testimonial. Pero el ámbito donde la ausencia femenina es más clamorosa es el de la alta dirección de las grandes empresas. Los consejos de administración de las 519 sociedades noruegas que cotizan en Bolsa apenas tienen un 15% de mujeres. En las 119 que cotizan en la Bolsa española, el porcentaje es aún más exiguo: el 4%.
Está claro que el techo de cristal que impide el ascenso social de las mujeres es más resistente de lo que se creía. Muchas mujeres están llegando a la convicción de que con el mero empuje de su talento y su demografía no van a poder romperlo; de que sólo un buen mazazo desde arriba -con leyes como la aprobada en Noruega- lo podrá resquebrajar.

martes, enero 10

Humanismo laico y humanismo cristiano, por Julio Silva Solar

La Nación, 10 de enero

Se ha discutido ampliamente sobre el humanismo cristiano como un tema de la campaña electoral, pero echo de menos en la discusión dos aspectos que parecen indispensables para saber de qué se trata. Uno de ellos es que hay que situar históricamente este humanismo y el otro es la necesaria referencia al humanismo laico que el tema conlleva. Sin ir más lejos, hay un libro publicado hace dos años del que es autor William Thayer, ex ministro de Eduardo Frei Montalva y ex senador designado, cuyo título es “Humanismo Cristiano Chileno (1931-2001)”, que como se ve desde el título mismo ubica el tema en un determinado período.
En cuanto al humanismo laico, habría que tener en cuenta que desde los enciclopedistas hasta el siglo pasado el tema del humanismo fue un tema laico, en dura contienda con la cristiandad. Los derechos del hombre proclamados por la Revolución Francesa (libertad, igualdad, fraternidad), el paso de la soberanía desde el monarca de derecho divino al pueblo y el desarrollo ulterior de la democracia, siguió siendo en lo fundamental un proceso de carácter laico o liberal. El mundo católico tradicional estaba aún nostálgico de la unión del trono y el altar y más bien resistía o se sentía ajeno y hasta perseguido en sus valores por dicho proceso.
Fue en verdad el filósofo francés Jacques Maritain y otros como él, que en tales circunstancias asumieron una orientación renovadora dentro del catolicismo, la que tuvo gran influencia sobre todo en la juventud, donde también caló hondo el contenido social en defensa del trabajador de algunas encíclicas a partir de Rerum Novarum (1891). En Chile, los jóvenes que se agruparon en la Falange Nacional y se apartaron de la derecha católica conservadora, admiraban profundamente a Maritain e hicieron suyo el pensamiento del filósofo que se expresaba en una buena cantidad de libros que circulaban, algunos editados en Chile, como “Humanismo Integral” publicado por Ercilla en 1942, cuyo sugerente subtítulo era “Problemas temporales y espirituales de una nueva cristiandad”.
En este libro fundamental, profundo, Maritain observaba que los principios humanistas laicos, en su esencia, tenían una raíz cristiana, desde el Evangelio, y que esto debía ser reconocido y elaborado para llegar a un humanismo no sólo laico o racionalista, sino integral, esto es, integrador de una filosofía política de inspiración cristiana de nuevo tipo que venía a ser este humanismo cristiano. Maritain llamaba a los cristianos a trabajar por un “nuevo régimen de civilización”, caracterizado por un humanismo integral que para ellos “representaría una nueva cristiandad, no ya sacra sino profana, como tratamos de mostrar en los estudios aquí reunidos” (“Humanismo Integral”, página 18)
Puede decirse que el sentido de la obra de Maritain parte de estas palabras suyas: “…se ha visto a las fuerzas directrices de las democracias modernas renegar durante un siglo del Evangelio y del cristianismo, en nombre de la libertad humana; y a las fuerzas directrices de las capas sociales cristianas, combatir durante un siglo las aspiraciones democráticas, en nombre de la religión”. (“Cristianismo y Democracia”, página 38). Superar este conflicto, de amplias repercusiones en todo orden de cosas, fue la tarea básica de Maritain en este campo.
Pero la derecha católica chilena combatió duramente a Maritain, sosteniendo que su doctrina no era la doctrina católica, que se apartaba de la ortodoxia y que correría finalmente la misma suerte de Lammenais y del grupo católico francés “Le Sillon”, condenados por el Vaticano por su liberalismo. Se invocaba el Syllabus de Pío IX y otras encíclicas para dejar en evidencia que Maritain era un hereje. Pero los hechos se movían en otra dirección y estas expectativas se frustraron. La Segunda Guerra Mundial llegaba a su término con la derrota del nazismo, lo que hizo ganar a la democracia un enorme avance. El primer Gobierno de De Gaulle en Francia, recién liberada, nombró a Maritain embajador en el Vaticano, que en ese momento de celebración colectiva del triunfo aliado, fue recibido con elogios por el Papa. Poco después, en los ’60, el Concilio Vaticano II de Juan XXIII y Paulo VI, llega por sí mismo a concordar con las principales ideas por las que Maritain había trabajado. Y hoy, por ejemplo, podemos leer con naturalidad en la declaración última del Comité Permanente de los obispos chilenos un párrafo que dice: “La democracia ofrece un marco más propicio a la aspiración de ver verificada en la convivencia social el pluralismo, el respecto y la amistad cívica”.
Con todo, la derecha católica carece aún de una real cultura democrática. Su cultura sigue siendo oligárquica. Se acomoda a la democracia siempre que ésta no toque sus intereses de clase. Eso perpetúa los poderes que trancan el desarrollo democrático. Maritain advertía que “la tragedia de las democracias modernas consiste en que las mismas no han logrado aún realizar la democracia” (“Cristianismo y Democracia”, página 35). Planteaba también un curso de las cosas que ha prosperado muy escasamente: la emancipación humana de la servidumbre. Señalaba que “el trabajo ha estado siempre ligado, de manera más o menos extensa y en diversos grados, a una forma cualquiera de servidumbre -esclavitud propiamente dicha, servidumbre, domesticidad, proletariado- a las que otras formas, cada vez más atenuadas, esperamos, sucederán todavía; esta condición de servidumbre repugna a la naturaleza humana, es para ella una cosa aflictiva y va contra las aspiraciones propias de la persona”. (“De Bergson a Santo Tomás de Aquino”, página 159)
Los pueblos eligen gobiernos de izquierda (pienso en Lula, por ejemplo), pero ellos, para seguir, para asegurar su estabilidad, deben mantener el sistema económico. Si no, todo se viene abajo. Pero mayor crecimiento, dentro del sistema, en razón de su forma de distribuir y asignar los bienes, significa mayor desigualdad social, más distancia entre ricos y pobres. Se ha dicho que esto es escandaloso, pero suma y sigue.
La mentalidad de la derecha católica combina el autoritarismo político con el liberalismo económico. Siempre admiró a Franco y su régimen en España. Era su ideal. Y después apoyó con toda su alma la dictadura de Pinochet, otro ideal que conserva en relativo secreto. Parece increíble, pero aún después de 15 años del fin de ese régimen, cuando nadie puede ya ignorar o hacerse el leso de los masivos crímenes contra la vida humana, contra el humanismo más elemental, esa derecha católica no ha producido al menos un análisis autocrítico del respaldo prestado al dictador. A estos humanistas les importa muy poco la suerte de los “humanoides”, palabra ésta que es como un signo infamante del integrismo de donde proviene y que está activo y fuerte entre nosotros, con personajes emblemáticos.
Habría que volver a recordar la ley de Moisés: no matar, no robar… no se oye Padre, todavía no se oye. Si el “humanismo cristiano” del que hablan es más que una etiqueta electoral tendrían que empezar por abrir los ojos, los oídos, la mente. Pero se niegan a ello, con lo que confirman que no se puede confiar en esas palabras

domingo, enero 1

Entrevista a Manuel Antonio Garretón, La Nación

“La Concertación cayó en el efecto vértigo de cierre histórico”

Para el analista político Manuel Antonio Garretón el error de la Concertación fue apropiarse de la obra de Lagos como el fin de un ciclo, cuando aún falta crear una nueva Constitución y reducir drásticamente la desigualdad social.

lanacion.cl
Beatriz Bau
Frente a un escenario político bastante convulsionado por una segunda vuelta de elecciones presidenciales, en las que por primera vez después de 15 años los márgenes entre cada candidato se vislumbran estrechos, el sociólogo y analista político Manuel Antonio Garretón, sostiene que lo que habría que revisar es por qué hubo un cambio respecto de lo que ocurría a principios del año pasado, cuando existía una seguridad ciega en el triunfo de la Concertación, incluso en la primera vuelta.
Sin embargo, el analista cree que a pesar de la complejidad del momento, que se caracteriza por un panorama donde evidentemente Bachelet está en peor situación de la que se encontraba Lagos en la segunda vuelta del 1999, la candidata de la Concertación tiene un margen de crecimiento que está dado por su base política y por el apoyo del pacto Juntos Podemos.

-¿Qué pasó durante el año 2005 para que estemos a un panorama donde la Concertación ya no tiene tan asegurada la segunda vuelta?
Lo que hay que explicar es por qué por primera vez la Concertación pierde frente a una derecha que, sumando a sus dos candidatos, saca más votación. Yo tengo la impresión que aquí hay tres factores fundamentales que explican ello. El primero tiene que ver con un gran error en la forma en cómo se condujo la campaña, que no puso el énfasis en aquello que hacia fuerte a Bachelet, que era ser candidata de la Concertación con un nuevo estilo. Aquí no estábamos ante una campaña ciudadana, sino ante una campaña política y eso fue básicamente lo que no se entendió, pues se potenciaron atributos personales cuando lo que estaba en juego era la continuación de un cuarto gobierno de la Concertación.
Ahora la segunda razón por la cual se produjo esta derrota en la primera vuelta, tiene que ver con el error que cometió el gobierno del Presidente Lagos, que por superar el efecto “pato cojo” cayó en el efecto “vértigo de cierre histórico”, donde había que inaugurarlo todo. No hubo tratado que no se firmara o piedra que no se inaugurara. Entonces, el mensaje que se transmitía era que éste fue un gran gobierno, pero que la Concertación, como coalición política, había culminado su tarea. Y el último factor es que se produjo un agotamiento y deslegitimación de la derecha pinochetista expresada en Lavín. Las investigaciones en torno a las cuentas Riggs y lo que ocurrió en el último tiempo con el informe Valech, separó enormemente a la derecha de Pinochet. Así, los hijos predilectos de la dictadura perdieron su posibilidad de liderazgo y es aquí donde aparece la enorme inteligencia política de Piñera, que capta esa realidad de agotamiento en el liderazgo de la UDI y entrega una nueva esperanza a ese 48% que había obtenido Lavín.
-¿Qué papel juega el desgaste político de Bachelet esta votación de la primera vuelta?
Sin duda la votación de Piñera por encima de la de Lavín es un punto más, pero el problema es la baja de Bachelet respecto de la Concertación y, en ese sentido, esta es una baja que se da fundamentalmente en el voto masculino y en un voto político que se expresó en el Pacto Juntos Podemos. Ese desgaste se debe básicamente a los errores de campaña, porque definitivamente la única falta que cometió Bachelet fue no haber hecho una campaña política de envergadura, perdiéndose en una campaña ciudadana que nadie entendió de qué se trataba, porque la gente esperaba una alternativa política dentro de la Concertación. Bachelet fue elegida candidata porque era de la Concertación, porque era mujer y porque era de izquierda, esas tres cosas van juntas. Faltó entonces enfatizar el tema de la Concertación mediante una campaña política que expresara la idea de un cambio de modelo económico social.
-Y entonces ¿cómo se modifica este panorama a quince días de los comicios?
Yo creo que por sobre todo hay que evitar la competencia de ofertas, porque Piñera es una persona que cree que todo se compra con plata y con inteligencia. Él cree que el asunto es llegar y proponer cosas y no cabe duda que es una persona muy audaz y sin escrúpulos en esa materia. Para competir con él hay que manejar un conjunto de ideas fuerza, que hagan ver que estamos ante la presencia de un poder democrático que derrotó a la dictadura y que ha liderado los mejores gobiernos de la historia de Chile. Además, habría que enfatizar que hoy la Concertación cuenta con toda aquella gente que participó en el plebiscito de la dictadura. Por tanto, lo primero que habría que hacer es politizar la campaña en términos de las alternativas reales que el país tiene, en las que Bachelet representa a la gente de clase media, a los sectores populares, al mundo intelectual y al espíritu democrático del Chile de hoy.

-¿Habrá alguna fórmula concreta a la cual recurrir?
Debe proponerse la posibilidad de continuar con el proceso que nos llevará al cierre definitivo de la era post-Pinochet. Para eso debe plantear la creación de una nueva Constitución, la reducción de las desigualdades y el desarrollo de una política internacional que nos inserte en América Latina. Esos son los tres déficit que quedaron pendientes en el gobierno de Lagos y que nos llevarán a la etapa del Bicentenario. Habría que fortalecer y politizar la campaña de Bachelet, presentando una idea aglutinante que sea más que un conjunto de ideas, donde el privilegio, el autoritarismo y el poder económico queden fuera.

-Pero ¿usted cree que durante el 2005 se cerró esta era? ¿Realmente fue un año de reconciliación?
Estamos aún en la era post-pinochetista o en la post-dictatorial. Para llegar a una época plenamente democrática necesitamos, en primer lugar una nueva constitución, no un conjunto de reformas a la carta fundamental. En segundo término, el país requiere tener un mínimo de comunidad socio económica, lo que significa superar las desigualdades que fueron heredadas de la dictadura. Un tercer punto es que logre una necesaria reconciliación donde aquellos sectores que estuvieron involucrados en violaciones a los derechos humanos, reconozcan su responsabilidad y pidan perdón. Finalmente, el Chile post-pinochetista se debe convertir en un Chile que se globaliza, pero el Chile democrático es aquel que se globaliza a través de su vinculación con América Latina. El Presidente Lagos hizo avances en todos estos sentidos, pero debemos tener la grandeza y generosidad histórica para reconocer que todavía queda una deuda.