miércoles, abril 26

Tu mundo público, mi mundo privado, por Antonio Valencia

EX MINISTROS O ALTOS FUNCIONARIOS DE GOBIERNO EN DIRECTORIOS DE CUESTIONADAS EMPRESAS

Viera-Gallo y Rincón a Provida, Rodríguez Grossi a Chiletabacos, Etchegaray a Celco, Solari a Transantiago y Estévez a Endesa. Como no está regulada, la práctica genera polémicas. “Si les piden hacer lobby, eso es tráfico de influencias”, advierten los expertos.

La Nación
No ocurre en empresas cualquiera. Se trata de mega conglomerados que han alimentado la agenda pública con sus legítimos intereses de mercado, pero que han generado más de alguna polémica. El último ejemplo es bien cercano: la batalla interna en la DC por el ingreso al directorio de Provida de la ex superintendenta de Previsión Social y ex intendenta de Santiago, Ximena Rincón, desató una vez más el debate.
Sin embargo, no es la única. El ex senador José Antonio Viera-Gallo (PS) también pasó a integrar el directorio de la AFP más grande e importante del país, la misma que hace unas semanas propuso elevar la edad de jubilación de las mujeres a 65 años. El punto es que algunos miran de reojo que dos potentes personajes de la Concertación sean tentados y luego acepten formar parte del gigante previsional en tiempos en que el Gobierno fijó como prioridad abordar la reforma del sistema.
Envuelta en una disputa eleccionaria interna, la diputada Alejandra Sepúlveda abrió los fuegos contra Rincón. “No es adecuado ni bueno que gente que estuvo en cargos importantes en el Gobierno se pase a la vereda de enfrente, y de defender los intereses de la gente defienda a los accionistas, menos aun con el grado de información y vínculos que posee, más cuando fue superintendente de Previsión Social”, apunta la parlamentaria.
Y hay más ejemplos. Todos recientes. En plena crisis por los cisnes de cuello negro, la Celulosa Arauco reclutó al ex ministro Alberto Etchegaray, quien en la actualidad ejerce como presidente del directorio de la empresa. Chiletabacos, otra controvertida empresa en lo que a lobby político se refiere –sobre todo en tiempos de leyes antitabaco-, acaba de fichar al hasta hace poco ministro de Economía, Jorge Rodríguez Grossi (DC).
Otro de los ejemplos recientes es la mudanza del ex ministro del Trabajo, Ricardo Solari, que ahora forma parte de la colombiana Alsacia, una de los principales firmas que opera en el Plan Transantiago. Endesa también allegó en sus oficinas a un ex ministro: Jaime Estévez pasó del MOP a la multinacional que tiene en alerta a ambientalistas con sus megacentrales hidroeléctricas.
Nada de esto es ilegal, “pero debiera estar regulado, debiera haber algún tipo de restricción para evitar los conflictos de intereses”, opina Guillermo Holzmann, cientista político de la Universidad de Chile. Nada de esto tiene que ver con poner en duda la capacidad y probidad de los involucrados, sino con fortalecer la democracia. “Chile tiene hoy una debilidad política y democrática en esto”, expresa Holzmann.
No asumir esta realidad mediante una ley, añade Holzmann, gatilla “dudas razonables de la ciudadanía que cuestiona cómo dicho ex alto funcionario público va a utilizar su red de contactos en el Poder Ejecutivo, el Legislativo e incluso en el Judicial. No es casual, en consecuencia, que las empresas privadas busquen precisamente a este tipo de altos personeros para generar condiciones ante los órganos del Estado para pavimentar sus negocios”.

Puerta giratoria
Tomás Chuaqui, director del Instituto de Ciencia Política de la Universidad Católica, no se sorprende con el tránsito del mundo público al mundo privado, dinámica conocida como ‘puerta giratoria’. “Que esto ocurra no debiera sorprender a nadie. Chile nunca ha tenido una regulación fuerte en este sentido -sostiene Chuaqui-, básicamente por falta de voluntad política, pues es pedir al propio sistema político que se autorregule. Y claro, como a las empresas les conviene tener en sus filas personas que han trabajado en el Gobierno...”
Y claro, “no se trata de dudar de la fe pública de nadie”, insiste Chuaqui, pero son estos vacíos los que empujan a la ciudadanía a hacerse una pregunta: “¿Por qué no pensar que esta persona que estuvo en un cargo público hizo su trabajo con vista a conseguir posteriormente un cargo en determinada empresa privada? Regular -sentencia el académico de la UC- es velar por la fe pública”.
El actual estado de cosas, completa la cientista política de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), Marcela Ríos, “no le hace bien a la democracia”. El tránsito del mundo público al privado, “y también los vínculos entre algunas empresas privadas que hacen negocios con el Estado deben ser controlados”. En pocas palabras se trata de “regular los intereses privados en la política”, aclara Ríos.
No hacerlo, insiste Holzmann, expone al ex ministro o alto funcionario público a que determinada empresa le solicite explícitas gestiones antes organismos del Estado para conseguir sus objetivos comerciales. En otras palabras, si le pide que sea un lobbysta de la empresa, “eso directamente se llama tráfico de influencias, por eso el riesgo”, repone el académico de la Universidad de Chile.
¿Qué queda entonces para el ciudadano común y corriente que no tiene ni redes ni contactos ni vínculos que lo “acerquen” de esta forma a quienes toman las decisiones? “No sólo la duda razonable sobre quien pasa de lo público a la privado y viceversa”, agrega Chuaqui-, sino además se consolidan los números que arrojó una encuesta del PNUD hecha hace dos años: “El 75% de los chilenos piensa que el poder sigue igual o está cada vez más concentrado -cita el director del Instituto de Ciencia Política de la UC-, y esa escasa percepción de la dispersión del poder es grave para un sistema democrático”.

Legislar, prohibir, indemnizar
¿Qué hay hasta ahora? La Ley Orgánica Constitucional de Base de la Administración del Estado establece que “son incompatibles las actividades de las ex autoridades y los ex funcionarios de una institución fiscalizadora con otras que impliquen una relación laboral con entidades del sector privado sujetas a la fiscalización de ese organismo. Esta incompatibilidad se mantendrá hasta seis meses de haber expirado en funciones”.
Las salidas a la puerta giratoria pueden ser varias. La diputada Sepúlveda propone que sean los propios partidos políticos quienes regulen internamente a sus militantes. En el Instituto de Ciencia Política de la UC opinan que eso resuelve poco o nada el tema. “Los partidos lo pueden pedir a sus militantes, pero no los pueden obligar. Eso no da garantías al ciudadano como sí las entrega una ley de la República. Y esa ley -se extiende Chuaqui-, debe obligar a que los partidos no tengan lobbystas entre sus militantes”.
Guillermo Holzmann recuerda que el tema lleva más de 15 años de debate y que está pendiente desde que se impulsó la agenda pro-crecimiento. Es más, la próxima semana habrá sesión en el Congreso para regular el lobby. Una salida, según Holzmann, está en las restricciones que existen en otros sistemas democráticos. “En Estados Unidos y Europa quienes han detentado altos rangos o cargos públicos no pueden vincularse a empresas privadas por espacio de hasta un año, pero la ley establece indemnizaciones para que dichas personas puedan sostener su nivel de vida”, dice, de manera que el ex ministro no quede económicamente “liquidado” por no poder ejercer su funciones fuera del aparato público.

martes, abril 18

Allende y Escalona debaten en TV, El Mercurio

CLAUDIO SALINAS
Los dos principales candidatos a la presidencia del Partido Socialista confrontaron anoche sus posturas internas en un debate televisado de media hora, en el que marcaron escasas pero notorias diferencias políticas.
La diputada Isabel Allende planteó que el PS "requiere reformas profundas" que lo abran más a la sociedad y mitiguen su exacerbado tendencialismo. "El partido debe ser más integrador, no excluyente, como hoy ocurre con un sector que no participa en la directiva", indicó.
El senador Camilo Escalona puso el acento en la responsabilidad que tiene el PS en este período, con una Jefa de Estado de sus filas. "Porque ella es socialista hay que poner la mayor cuota de lealtad y respaldo a la Presidenta", dijo.
Allende y Escalona postulan en los comicios internos programados para el próximo domingo 23 de abril, día en el que se elegirá el Comité Central, instancia que luego nominará a los miembros de la directiva. Los dos parlamentarios estuvieron anoche en el noticiero central del canal privado Mega, y desde bambalinas mantuvieron en todo momento una actitud fría y distante hacia el otro.
Allende se hizo acompañar de su hija Marcia Tambutti -que vive en México- y dirigentes que la apoyan, entre ellos Gonzalo Martner, la abogada Pamela Pereira, el diputado Fulvio Rossi y Arturo Barrios. En cambio, Escalona acudió únicamente con su esposa, la periodista Ximena Tricallota.
Los candidatos respondieron trece preguntas -algunas de políticos como Adolfo Zaldívar y Jovino Novoa-, sobre las motivaciones de su candidatura, la baja del dólar, temas valóricos, las empresas del Estado, relación con el Gobierno y la demanda marítima de Bolivia, entre otros.En la oportunidad, el senador negó ser "el poder detrás del trono", dijo que el PS apoyará a Bachelet "en las duras y en las maduras", que se ceñirá estrictamente al programa de Gobierno -sin plantear demandas adicionales- y llamó a los militantes a enfrentar este período con un partido "unido y no dividido".
A su turno, la diputada dijo sentirse orgullosa del legado de su padre, denunció que el PS no tiene hoy gravitación en la sociedad, y aunque afirmó ser partidaria del aborto terapéutico y las uniones homosexuales, admitió que ello no está en el programa de Bachelet.
Al final ambos se despidieron de manera fugaz. Hortensia Bussi llamó a su hija para felicitarla.

La pesadilla "debería" acabar

PAOLO FLORES D'ARCAIS
EL PAÍS - Opinión - 18-04-2006

La pesadilla debería haberse terminado. Utilizo el condicional porque, a día de hoy, día de Pascua, Silvio Berlusconi todavía no ha reconocido su derrota. Por el contrario, sigue hablando de fraude y declara que espera que el recuento final reconozca su victoria. O bien, de forma contradictoria, habla de victoria moral, de un país dividido en dos, de la necesidad de un Gobierno de gran coalición. En definitiva, alterna la táctica del palo y la zanahoria, como si el dominus de la situación siguiera siendo él. Se comporta de este modo porque puede permitírselo. Porque, en efecto, el dominus sigue siendo él y seguirá siéndolo hasta que no se hayan resuelto las anomalías que convierten hoy a Italia, desde un punto de vista liberal clásico, en una no-democracia. De hecho, en una democracia liberal prima la división de poderes. La autonomía recíproca y el recíproco equilibrio de poderes entre las diversas esferas. La democracia liberal es un sistema de autonomías que impide a los poderes "hacer bloque", "hacer establishment", ya que supondría un riesgo y sería la antesala del totalitarismo. Y no se trata sólo de los tres poderes de Montesquieu, obviamente. En una democracia liberal moderna son y deben ser autónomos (y con un control recíproco, incluso hasta el conflicto) el poder político, el poder económico, el poder sindical, el poder mediático, el poder cultural (además, como es obvio, del judicial; en cuanto al poder de la iglesia, no debe existir ninguno). Y dentro de cada poder, no se admite el monopolio, sino que es taxativo el respeto al pluralismo.
Son cosas obvias. Pero son cosas que en Italia, desde hace años, han sido abolidas. Y hasta que no sean restauradas no se podrá hablar de democracia. En Italia, las frecuencias nacionales de la televisión comercial (sobre el papel cuatro, pero en realidad tres) están todas en manos del mismo empresario. Una violación no sólo del principio liberal, sino del estrictamente librecambista, de un mercado competitivo (al menos, un poco competitivo). En Italia, la televisión pública (tres cadenas) está controlada por los partidos y no bastará con sustituir la hegemonía de la mayoría de Berlusconi por la de la mayoría de centro-izquierda para tener una información televisiva digna de este nombre.
En una democracia liberal quien tiene un poder absoluto económico y/o financiero no puede participar en el poder político (a menos que renuncie al poder económico mediante un blind trust). Que un mismo sujeto pueda tener un poder absoluto a nivel económico y mediático y sumarles un poder político similar (incluso en la oposición) entra dentro de las cosas impensables en la teoría y en la práctica liberal. En Italia, en cambio, es la norma desde hace años. Y sólo gracias a esta anormal normalidad Berlusconi sigue comportándose como si hubiese ganado las elecciones, ya que hasta que no se le haya arrebatado el poder anómalo e ilegal que atesora, podrá efectivamente amenazar y tomar el control de la mayoría parlamentaria de Prodi. E incluso tratar de comprar a algunos senadores (ya desde hace un par de días en la prensa se alientan manejos en esta dirección).
Porque, a nivel electoral, el país está efectivamente partido en dos, pero ya no se recuerda que el (casi) 50% del consenso berlusconiano es producto del (casi) 100% de control mediático del propio Berlusconi. Hace poco más de un mes, todas las encuestas señalaban una distancia entre Prodi y Berlusconi de entre el 10 y el 15%. Ha bastado un mes de ocupación total de las pantallas por parte de los defensores de Berlusconi y de una desinformación científica y sistemática (modelo Bréznev, si Bréznev hubiese sido capaz de inteligencia posmoderna) para reducir la distancia a cero. En realidad, el control total de los medios de comunicación ha permitido a Berlusconi hacer creer a un número decisivo de electores que Prodi quería subir los impuestos. Ha sido suficiente. La mentira ha sido repetida de todas las formas y en todos los programas (incluso en los de entretenimiento) como si se tratase de un hecho comprobado, sobre el que pulsar las diferentes opiniones. Era un embuste arriesgado, pero de nada sirvieron los desmentidos de Prodi. En las dos últimas semanas sólo se ha hablado de ello: del "comunista" Prodi que había decidido aumentar los impuestos, sobre los bienes inmuebles, sobre las herencias y sobre los bonos del tesoro (en definitiva, sobre todo lo que afecta de forma directa a la clase media). Por otro lado, el bombardeo sobre los impuestos ha permitido dejar de lado todos los demás temas que eran motivo de desencanto entre los electores de centro-derecha y que impulsaban a numerosos ciudadanos (que cinco años antes habían votado a Berlusconi) a no acudir a votar: desde el aumento del coste de la vida hasta la situación desastrosa de las cuentas públicas, pasando por la crisis de la sanidad y el desplome de la escuela y de la investigación científica.
Algunos dirán que la televisión no lo explica todo, que los motivos del continuo consenso alrededor de Berlusconi son otros. Desde luego, también son otros (en otro momento podrán ser analizados). Pero su increíble recuperación en el último mes se ha producido toda ella a través de la minoría desencantada de su electorado, que desde luego no habría votado a "los comunistas", pero que tenía la intención de quedarse en casa. El control absoluto de la televisión ha sido más que suficiente para aterrorizar a uno de cada 10 italianos y para condicionar de forma decisiva el resultado de la votación.
Volvamos al principio: la pesadilla debería haberse terminado. Creo que ahora queda claro por qué es necesario utilizar el condicional. Si el Gobierno de Prodi no sabe acabar de inmediato con el control absoluto de los medios de comunicación por parte de Berlusconi (devolviendo las frecuencias de televisión a una pluralidad de individuos dentro de una competencia empresarial-cultural), si no logra promulgar una ley que obligue a elegir entre el poder económico (no sólo mediático) y el poder político, si no consigue hacer que sean inmediatamente operativas unas medidas que castiguen con severidad los delitos de los jefes de empresa (en los Estados Unidos de Bush, que no es precisamente un bolchevique, por falsear un balance contable te pueden caer 20 años de cárcel) y cualquier tipo de relaciones entre los negocios, la política y la mafia, Berlusconi seguirá siendo el dominus de la anomalía italiana. Y si, pasado un año, hubiera que volver a votar, tendría muchísimas posibilidades de vencer. Los problemas de Italia son muchos, pero el primer problema y el más crucial es éste. Y hasta que no se haya cortado de raíz, se podrá aplicar a la Italia de hoy lo que escribió Dante Alighieri hace casi ocho siglos: "Italia, sirviente de un hostal del dolor / nave sin piloto en una gran tempestad / no es dama de provincia sino de burdel".
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Paolo Flores d'Arcais es filósofo italiano, director de la revista MicroMega.

jueves, abril 13

Para meditar

Del editorial del diario El País, a propósito de la detención del jefe mafioso de Sicilia:
"La Mafia es una organización, pero es sobre todo un método. Su materia prima es la intimidación: produce miedo y trafica con la protección que ofrece contra ese temor".
Cualquier parecido con prácticas políticas que se han visto últimamente es sólo coincidencia.

Italia: el doble desafío del 'Professore'

EZIO MAURO
EL PAÍS

Y bien, ¿qué ha pasado? Para entenderlo, fijémonos ante todo en la esencia de las cosas: si se confirman los resultados difundidos por el Viminal, Silvio Berlusconi ya no será presidente del Gobierno, y tendrá que bajar las escaleras de Palazzo Chigi, que subió triunfante hace cinco años. No irá tampoco al Quirinal, adonde pensaba trasladarse durante siete largos años en caso de victoria del Polo, y dominar desde la Colina todo el panorama de la política italiana. La época del Cavaliere a la cabeza del país parece pues terminada, mientras empieza la segunda era Prodi, con una perspectiva de gobierno frágil en los números, dificultosa por lo heterogéneo de la coalición, débil e incierta en su cultura política y, sin embargo, plenamente legítima. Porque el centro-izquierda, si nos atenemos a las cifras hasta hoy oficiales, al final ha vencido, después de la batalla electoral más difícil de toda la historia republicana.
Digamos enseguida que si en la hipótesis nocturna de un empate (una Cámara de derechas, la otra de izquierdas) se discutía sobre el derecho de la izquierda a tratar de gobernar, en el momento en que ha conquistado la mayoría en ambas ramas del Parlamento la Unión tiene el deber de intentarlo. Un deber constitucional, pero también moral, porque Prodi se ha presentado a los electores pidiéndoles que manden a casa a Berlusconi, que cambien el gobierno para ayudar a Italia a empezar de nuevo y pasar página. Estamos todos bajo el efecto de una ducha escocesa sin precedentes: primero, el tam-tam continuo que da una ventaja muy clara a la Unión en el silencio electoral; luego, los primeros sondeos que anuncian una victoria segura; después, la corrección del rumbo, las regiones conquistadas hace un año por la izquierda que van a la derecha; el Cavaliere que gana terreno, el anuncio de su victoria en el Senado por un voto, una victoria que parece extenderse también a la Cámara; por último, el vuelco, primero parcial, luego total, hasta la fiesta nocturna por la victoria, ya acechada por el anuncio berlusconiano del recurso para la verificación de las papeletas.
La moderna religión de los sondeos se ha revelado como lo que es, una superstición de baja tecnología que aspira a subyugar la política, determinándola o reemplazándola, mientras cita al pueblo en lugar de movilizar a los ciudadanos. Una vez desgarrado el velo de la falsa profecía, surge la doble realidad de un país dividido en mitades, irreducible en sus divisiones fruto de culturas divergentes, intereses legítimos separados y distintos y valores opuestos e irreconciliables. No es un resultado desdeñable para el centro-izquierda el prevalecer en el discurso público de un país en el que cada vez está sorda una mitad, donde objetivamente a las consignas de solidaridad, igualdad, derechos y justicia les cuesta trabajo pasar, al ser transversales en su naturaleza política. Y en cambio la Unión ha prevalecido al fin, con un margen estrechísimo y sin embargo claro, como si la sabiduría superviviente y residual de un país exhausto viera en la izquierda más que en la derecha la única posibilidad de mantener juntas a las dos Italias.
¿Por qué entonces esta sensación difusa de victoria mutilada, con un éxito de sabor amargo? A mi parecer, la respuesta está clara: por el descubrimiento de que incluso con la victoria del Olivo, Berlusconi muerde la mitad del país. Hay una mitad de Italia que después de 12 años de aventura, después de cinco años de mal gobierno, después de una campaña electoral exagerada y desquiciada (que debería asustar a los moderados) sigue eligiendo a Berlusconi, y no importa si el sueño de 1994 hoy está desinflado. Quiere a Berlusconi no ya por lo que promete, sino por lo que ya ha desvelado abiertamente. Elige su naturaleza en el momento en que se vuelve más radical, su propuesta cuando coincide con su figura y poco más, su política cuando es revolucionaria y técnicamente subversiva respecto a cualquier regla, su figura como paradigma agigantado y obligatorio de una moderna derecha.
Y es sin duda posible, o más bien seguro, que una parte de estos electores vote a Berlusconi por sus intereses, siguiendo la invitación del Cavaliere a hacer caso al bolsillo. Pero, por otra parte,vota a Berlusconi en contra de sus intereses, una vez vistos los malos resultados de su Gobierno, la incapacidad de hacer reformas, el crecimiento cero. Y por fin, y es lo que más cuenta, hay un trozo de Italia que vota a Berlusconi en todo caso y a pesar de quien sea, por auténtico ideologismo. Sólo así se explica la impetuosa recuperación del Cavaliere: por su capacidad de transformar su base social hecha de pequeña burguesía antiliberal, de propiedad menuda, ancha y difusa, de intelectualidad radical y "revolucionaria", no sólo en un bloque social, sino en una especie de auténtica nueva "clase" dispuesta a moverse de forma homogénea en política. Si esa clase además de bolsillo tiene alma, que la tiene, Berlusconi es hoy su señor indiscutible. Paradójicamente, cuando deja de ser presidente del Gobierno, Berlusconi empieza a ser una política.
El martes, con una mano deslegitimó y puso posdata a la victoria de la izquierda, aludiendo a pequeños embrollos en los escaños que faltaban por comprobar. Y con la otra mano lanzó por sorpresa la propuesta de una gran coalición capaz de gobernar la división italiana, incluso con su salida personal del horizonte del gobierno. Por la alteridad de las dos formaciones en el panorama italiano, y por los tonos de la última campaña, es un tipo de compromiso histórico berlusconiano inédito y sugestivo en la estructura europea, pero poco creíble en la traición definitiva a todo espíritu mayoritario. La derecha venció en 2001 y gobernó. Si la izquierda ha vencido, es justo que gobierne, o al menos que lo intente. Eso dicen las reglas, que sin embargo, tienen también un corolario: si Berlusconi ha perdido, es justo que vaya a la oposición, abandone el papel de deus ex machina, pase la mano.
¿Qué necesita la izquierda italiana para gobernar bien y no sólo intentarlo? Darían ganas de contestar que lo que no tiene: una identidad clara y resuelta, por lo tanto una conciencia de sí misma. La contrapartida está en el buen resultado de los partidos con una razón social clara como Refundación, pero también los Verdes y los Comunistas italianos, incluso el de Di Pietro. Los problemas empiezan con la Margarita, que no ve el largo plazo, y sobre todo con los Demócratas de Izquierda, reducidos en sus ambiciones al 17,5%, después de haber sido el eje central de la coalición durante cinco años.
Si antes el partido democrático era una oportunidad para dirigentes como Rutelli y Fassino, hoy es una necesidad. Pero ay de ellos si lo conciben como un ensamblaje de aparatos. Tiene que tener y transmitir una huella de modernidad europea, de apertura y de inclusión (a partir de los socialistas, de los radicales, de la sociedad), de identidad nueva, de necesidad reformista, de cultura de gobierno, fuerte y radical. Tiene que ser una ocasión para renovar las clases dirigentes, desde la cima, sin miedos y sin reservas. En resumidas cuentas, tiene que ser algo nuevo, que se haga enseguida, creyendo en ello, sin astucias. Sólo así, cambiando la naturaleza de la izquierda, puede cambiar su suerte. Y sólo así puede funcionar como centro de gravedad para el Gobierno de Prodi en esta época complicada.
Todo eso da a Prodi una tarea más, una tarea doble. Tiene que intentar gobernar en una situación difícil, no sólo por los números, sino por lo heterogéneo de una coalición que hay que transformar en fuerza de Gobierno, y por la debilidad de una cultura reformista aún incapaz de desplegarse. Pero al mismo tiempo tiene que estar a la cabeza de este proceso de fundación de un nuevo Olivo, que se llamará partido demócrata. El Profesor sabe que la suya es una victoria débil, frágil. Si sale para flotar, se va al fondo. Necesita romper, pensar a lo grande. Que empiece por su Gobierno, nombrando enseguida a los ministros, fuera de los juegos y de las condiciones, escuchando a los partidos, pero sin dejarse enjaular. Su debilidad es su fuerza: deberá usarla, como si el partido ya fuera democrático.
La verdadera respuesta al movimiento berlusconiano de la gran coalición está en la capacidad de Prodi para hablar al país, a todo el país. Debe intentarlo, empezando por los de ese Norte que por primera vez en la historia italiana se opone políticamente al Centro, convirtiéndose en el nuevo cofre ideológico del Cavaliere, las regiones berlusconianas contra las regiones rojas, con la derecha que obtiene un territorio expropiando a la Liga. La otra respuesta a Berlusconi está en la capacidad del centro-izquierda para indicar una solución limpia, pero que pueda ser compartida por el Quirinal. Hoy sólo hay un nombre posible, el del presidente Carlo Azeglio Ciampi, que quiere dejar la Colina, pero que representa un punto de encuentro fuerte y seguro. Desde aquí hay que partir.
Como se ve, y por suerte, después del voto, la palabra vuelve a la política. Que la izquierda, después del antiberlusconismo, demuestre que tiene una. La política es la única forma de hacer vivir a un Gobierno de Prodi, si nace después de la victoria. Y también es el único modo de derrotar de verdad a Berlusconi, después de haberle descabalgado.
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Ezio Mauro es director del periódico italiano La Repubblica.

miércoles, abril 12

¿Perú gira a la izquierda?, por Esteban Silva

Más allá del perfil de los candidatos y sus discursos, es importante comprender las tendencias profundas que marcaron la primera vuelta presidencial en el Perú el domingo 9 de abril pasado, que expresan los recientes resultados electorales. Si analizamos la votación obtenida por los dos principales candidatos que seguramente disputarán la segunda vuelta Ollanta Humala y Alan García, así como de otros-de orientación similar- con menor opción, es claro que alrededor del 65% del electorado peruano se inclinó por opciones y propuestas nacionalistas o sociales de centro izquierda e izquierda. La votación mayoritaria del electorado peruano expresa la necesidad de cambios profundos en el actual modelo económico. Un énfasis mayor en políticas sociales de subsidios directos e indirectos, una mayor protección social, así como una mayor participación del Estado como regulador y promotor para un desarrollo incluyente, descentralizado y redistributivo.
A diferencia de la campaña Presidencial del 2001 -que tuvo como eje principal la lucha por reconstruir la democracia post Fujimori y la generación de empleo- en el 2006, se ha instalado en la sociedad peruana el debate sobre el continuismo o el cambio de la política económica y social, lo que implica, no otra cosa que la discusión sobre los roles del Estado y del mercado. El economista Pedro Francke, ex director de FONCODES, (equivalente al FOSIS chileno) durante los primeros años del gobierno de Toledo, efectuó una acertada síntesis sobre las propuestas e ideas o principales que dominaron y se impusieron en los discursos de los candidatos presidenciales (incluyendo también a la candidata Lourdes Flores) durante primera vuelta electoral:
1-No Chorrea. La política económica neoliberal ha generado un crecimiento que no ha favorecido a las mayorías, particularmente a los más pobres.
2- Aumentar el gasto social. El Estado peruano no es demasiado grande: más bien es demasiado chico. Hay que aumentar la inversión en educación, salud y lucha contra la pobreza, para que estos servicios públicos sean de calidad y de alcance universal.
3-Profundizar los derechos laborales. Los trabajadores peruanos no están debidamente protegidos ni las empresas enfrentan “sobrecostos” laborales.
4- Renegociación de contratos con grandes empresas mineras y de hidrocarburos. En algunos casos están obteniendo sobre ganancias extraordinarias y actuando sin la consideración necesaria por el medio ambiente y de responsabilidad social.
5- Rechazo a la privatización de empresas importantes como Sedapal (empresa de Agua) o Petroperú, revalorizando su importancia y modernizando su gestión.
6- Apoyo especial a la agricultura y las pymes. El agro y las pequeñas empresas requieren de apoyos prioritarios, con crédito, asistencia técnica y promoción comercial.
El riesgo de un país fragmentado
Sin embargo, los electores no dieron un respaldo sólido a ninguno de los candidatos principales. La sierra sur y central se inclinó mayoritariamente por Ollanta Humala. El Norte costeño, ( la tierra de Víctor Raúl Haya de la Torre) le otorgó un alto respaldo al ex Presidente Alan García. Mientras que Lourdes Flores sólo obtuvo ventaja en Lima y Callao y en el voto de los peruanos en el exterior. El dato no es menor pues ningún candidato ni agrupación política podrá darle al Perú el cambio anhelado con gobernabilidad. Así lo ha entendido el ex Presidente Alan García (PAP) quién señaló al día siguiente de las elecciones que resulta imprescindible buscar la concertación entre los tres sectores que- según dijo- han quedado claramente definidos en las elecciones del pasado domingo.
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Esteban Silva Cuadra
Analista Internacional
Publicado en el diario siete de Santiago

domingo, abril 9

Entrevista a Isabel Allende, La Nación

La elección en el partido del hacha está al rojo vivo. La primera mujer con posibilidades de dirigir el futuro socialista se defiende de las críticas de Camilo Escalona, que sugieren que de llegar a la presidencia del PS ella sería oposición a Michelle Bachelet. Allende baja el tono y asegura que la elección del 23 de abril no es carrera corrida.
En el lanzamiento de su lista “Grandes Alamedas”, hace una semana, Isabel Allende calificó de “delirantes” las declaraciones que hizo Camilo Escalona, en una entrevista a “La Tercera”, pues, según la diputada, el líder de la Nueva Izquierda introdujo el factor Bachelet en la elección interna donde enfrenta al barón socialista –muy cercano a la Mandataria– por la presidencia del partido.
Aunque el clima en el PS se mantiene en una “calma chicha”, ella afirma no estar dispuesta “a seguir con las descalificaciones”, pero reitera que Michelle Bachelet “no necesita guardia pretoriana”.
“Estoy más interesada que nadie en elevar el debate. En la proclamación de mi lista planteamos con mucha fuerza que lo que está en juego es el tipo de partido, las características del liderazgo, cómo vamos a superar deficiencias. La idea es que la mesa tenga opiniones en los temas relevantes, con los que el PS hoy no aparece vinculado”.

–¿Pero se superó el clima que la llevó a usted a calificar a Escalona de “delirante” hace unos días?
–Cualquiera que lea mi intervención en la proclamación de mi lista, puede ver la altura de miras con que se planteó y, por supuesto, sin ninguna descalificación. En esa entrevista señalé que me parecían –no me voy a desdecir– delirantes sus afirmaciones –no la persona– de que lo atacaban a él porque no se atrevían a atacar a Michelle Bachelet. Pudo sonar fuerte, pero fue una reacción a una increíble arbitrariedad. No conozco a nadie en mi lista, ni en el partido, que quiera atacar a la Presidenta. No sé a lo que apuntaba Escalona. Por eso dije que las declaraciones eran delirantes.

–¿Por qué reaccionó tan duro?
–También leí a Marcelo Schilling, que insinúa que nos preparamos para ser oposición y otras declaraciones que cuestionan nuestro compromiso. Nadie más que yo desea de que la interna del PS se haga con altura de miras, pero nosotros no pusimos a Michelle Bachelet en el tapete. No está en discusión el apoyo a la Presidenta, sino que el tipo de partido que queremos y cómo se inserta en la sociedad. Actualmente, en este partido no hay discusiones internas.

–Ricardo Núñez dijo...
–Estoy asombrada. Leí cuidadosamente la entrevista que le hizo “El Mostrador” [donde la critica duramente] y no entiendo sus expresiones. Más allá del aprecio que le tengo, si alguien tiene responsabilidad en esta elección interna es el presidente del partido. A pesar de que él se incline por una lista, ¡debe garantizar la transparencia y la idoneidad del proceso! Núñez insinúa cosas que no sé a dónde apuntan.

–Habla del acarreo.
–Por cierto, pero como político experimentado él sabe que en cada interna ocurre eso. No es lo deseable, pero para mucha gente de comunas rurales es difícil llegar a votar si no se le ofrece un transporte. El acarreo no nos agrada, pero existe.

–También habla de los recursos económicos que estaría gastando en su campaña.
–Más que nunca quiero pedirle a Núñez que se comporte a la altura de su cargo. En la lista que él apoya se postula a secretario general del PS el actual administrador financiero del partido. Núñez, más que nadie, debe velar por la transparencia del proceso. No estoy dispuesta a seguir con descalificaciones. Necesitamos hacer cambios. Si algunos pensaban que esto era carrera corrida, se están llevando una sorpresa.

–¿Con usted se acabarían los acuerdos cupulares?
–El partido no es monolítico y no se justifica que corrientes de origen diverso se transformen en adhesiones a liderazgos que administran el poder y que sustituyen la voluntad soberana. Ahí entramos en conflicto.

–¿Cómo pretende lograrlo si usted asegura que la Nueva Izquierda no quiere soltar la teta, como diría Felipe Lamarca?
–Yo no he dicho eso ni he ocupado ese lenguaje, por ningún motivo.

–Se desprende de sus palabras...
–No, no, no. ¡Seamos claros! No uso ese lenguaje. Y, en segundo lugar, no he descalificado el deseo de Escalona a postularse. Sí digo que cuando alguien se postula por cuarta vez, lo menos que puedes pensar es que le gusta el poder.
–Hay quienes dicen que Escalona sería mejor presidente del PS, ya que contendría las críticas de la DC a Bachelet y que aseguraría “gobernabilidad”.
–El Gobierno de Michelle Bachelet no necesita ninguna guardia pretoriana. Necesita de un partido leal, responsable, sólido, abierto. Que realmente sea inclusivo, no como hoy, que tenemos sectores excluidos.

–¿Qué haría usted como presidenta del PS?
–Un partido mucho más acogedor y propositivo. El PS no lo ha sido. Hemos estado siempre en la contingencia. Debemos entregarle a la opinión pública propuestas sobre las jubilaciones o no de las mujeres de 65 años, el alcance y contenido de una reforma previsional, etc.

–¿Sería la hora de la baronesa y no de los barones en el PS?
–No me gusta... [Se ríe]. O sea, me gustan mucho los varones, entiéndase bien. Pero los barones con “be” larga me gustan menos, porque hasta ahora son los que se han identificado como cabeza de tendencia de los grupos de poder.

–¿Qué le parece que Jaime Estévez, tras salir del Gobierno de Lagos, trabaje para Endesa, o que Ricardo Solari desembarque en el directorio del Transantiago?
–Es un criterio razonable el de Michelle Bachelet la renovación de caras. Lo lamentable es que perdamos gente de calidad. Pero no es un tema menor cuando al otro día de entregar el cargo público se cruza la calle y se pasa al mundo privado. No es que estemos en contra. El tema es de límites. Porque se puede prestar para cierto lobby o aprovechamiento para el ámbito privado.

–El analista Antonio Cortés Terzi dijo que el eje trascendente en la elección del PS es entre el “oficialismo” o “conformismo” y la “oposición” o el “inconformismo crítico”.
–El PS no es un regimiento, es un partido. Y tiene que tener y recibir distintas miradas. Tenemos que ser voces críticas en algunos sentidos, pero nunca desleales.

–Nunca ha habido una mujer dirigiendo el PS.
–Francamente... [Piensa unos segundos] es un signo de los buenos tiempos. Sería la primera mujer elegida presidenta en toda la historia del PS.

–Escalona dijo que los errores del pasado forjaron su sentido de responsabilidad al alinear al PS con Lagos y que pretende hacer lo mismo con Bachelet. ¿Su sector ha dado suficientes muestras de buena conducta?
–Absolutamente. A diferencia de Camilo, no estoy presa de ningún fantasma del pasado. A partir del año 90, el PS ha sido absolutamente leal y consecuente con los Presidentes Aylwin, Frei y Ricardo Lagos. No fue Camilo Escalona el que tomó esa decisión, fue todo el partido el que estuvo detrás.

–El nuevo “think thank” Project America, comandado por José Antonio Viera-Gallo, “huele” a plataforma de campaña para Lagos el 2009. ¿Le puede generar ruido a este Gobierno, de corto período?
–Es absurdo hablar ahora de Lagos 2009. Él tiene conciencia de la definición de Felipe González, de que los ex Presidentes son valiosísimos jarrones chinos que nadie sabe dónde ponerlos.

–¿A este jarrón le crecieron piernas y brazos y quiere caminar?
–No. Estamos iniciando un Gobierno y Ricardo Lagos está consciente, lo dijo su hijo, que tiene que hacer mutis por el foro. Él está cumpliendo un rol al presidir el Club de Madrid [integrado por ex Presidentes]. Tiene todo el derecho de asumir una fundación, pero no es momento de hablar del 2009.

–¿Le sorprendió que la derecha rechazara el nombramiento del juez Carlos Cerda a la Corte Suprema?
–Es lamentable. Indica que hay parlamentarios que calificaron al juez Cerda por su comportamiento en los derechos humanos, porque se negó a aplicar la Ley de Amnistía e investiga el caso Riggs. La actitud de los senadores de derecha es un triste espectáculo. Alguien como el juez Carlos Cerda, que le habría hecho bien a la Corte Suprema, es simplemente descalificado por su actuar legal y ético. Me alegre cuando el senador Espina dijo que había votado en conciencia.

–¿Con esto la UDI regresa al pinochetismo duro?
–No sé si regresa, pero llegado el momento demuestran que por mucho intento que hagan de alejarse de Pinochet, siguen presos de su pasado.

Jubilación de la mujer: sociedad y mercado, por Alexis Guardia

El debate que se está abriendo en torno al sistema previsional vigente, tiene a lo menos dos grandes virtudes. Primero, la de abordar temas relacionados con el carácter colectivo de la protección social. Segundo la discusión tiene un rasgo menos encapsulado que las reformas emprendidas anteriormente por la Concertación. En este sentido el interés despertado por la diferencia de pensión que resulta del actual sistema entre hombres y mujeres ejemplifica muy bien la aseveración precedente. De los trabajos entregados por el grupo Expansiva sobre el tema previsional el estudio de las investigadoras Tokman y Bernstein, es muy ilustrativo en cuanto al esfuerzo por cifrar el problema de la brecha de pensiones entre sexos. En efecto, su cálculo se concentra en la generación que comenzó a trabajar el año que se implementó la reforma de pensiones (1981) y que se jubilara entre los años 2020 y 2025. Sus resultados son que en promedio la renta vitalicia de la mujer es un 42% más baja que la del hombre, y además con educación básica los hombres se pensionarían con 114 mil pesos y las mujeres con 36 mil pesos. Con educación media (completa o incompleta) los hombres recibirían 202 mil pesos y las mujeres 74 mil pesos. Y si se trata de personas con educación superior los hombre se jubilarían con 415 mil pesos como promedio, y las mujeres, 168 mil pesos. Estos resultados hablan por sí mismo y nos dan un orden de magnitud que es interesante tener en cuenta.
Sin embargo, las conclusiones que de estos resultados se derivan son discutibles en particular aquella que dice relación a la edad de jubilar entre hombres y mujeres pues si bien es cierto que las mujeres viven más que los hombres pero trabajan menos años, lógicamente ellas llegan a la vejez con menos fondos acumulados en su AFP y por consiguiente con menos pensiones. Luego en la lógica de mercado, o en la búsqueda de soluciones amigables con el mercado como se propone el grupo Expansiva, la mujer debe ahorrar más trabajando 5 años adicionales. Hasta aquí el razonamiento es impecable pero de una gran ingenuidad. Por varias razones, aparte de las limitaciones obvias que existen en el mercado del trabajo para mujeres de tercera edad, nosotros señalaremos dos de ellas. La primera es que las mujeres a igualdad de calificaciones, experiencia o méritos ellas obtienen remuneraciones más bajas. En efecto, según Sernam, las mujeres ganan en Chile 31% menos que los hombres por igual tipo de trabajo, lo que no es considerado en el estudio indicado. El mercado es miope frente a esta anomalía. Segundo, el mercado sólo registra el trabajo remunerado, pero las mujeres trabajan de manera no remunerada en la atención y cuidado de los hijos y buena parte del trabajo doméstico. Ambos aspectos, particularmente el primero tiene una gran importancia para el interés colectivo.
Si la sociedad considera que la mujer que trabaja remuneradamente tiene además un trabajo que socialmente es útil pero no remunerado entonces la solución de la brecha de pensiones entre géneros no es un tema de ahorro individual ni de la edad de la jubilación, la que puede ser flexible y converger hacia una sola fecha de retiro en la medida que la economía cree más riqueza. Encontrar una solución a la brecha de pensiones por sexo, y que en el caso de Chile está marcado por discriminación de género y donde el mercado es miope, entonces la solución técnica debe girar en torno al principio general dado por la atención que hace la sociedad sobre el tema; o dicho de otro modo a la valoración que la sociedad otorga al doble rol de la mujer. Así, por ejemplo, podría estimarse que a la mujer que trabaja remuneradamente al momento de su jubilación se le considere 1 ó 2 años de cotización por hijo. Las modalidades de financiamiento pueden ser variadas, las utilizadas para el subsidio de cesantía pueden ser interesante examinar pues allí confluyen cotizantes, empleadores y el Estado. Por cierto, la comisión de expertos recién formada podrá encontrar la forma más adecuada para financiar esta exigencia relativa a la sociedad, a sus valores y sus instituciones. Sin embargo, el principio fundamental que trasciende los aspectos técnicos es saber si la sociedad en que vivimos valora o no el doble trabajo de la mujer y corrige la discriminación salarial existente. La técnica o juicio de experto viene después de esta decisión que por cierto tiene un carácter político, en el sentido que los griegos daban a este vocablo. La verdad es que el país enfrenta una elección de sociedad dentro de la cual queremos convivir y que traduce además el nivel de solidaridad que deseamos admitir y defender.

miércoles, abril 5

Entrevista a Sergio Aguiló, El Mostrador

''Escalona maneja al PS con cierta tendencia al estalinismo''
por Susana Jaramillo
Integrante de la lista de la diputada Isabel Allende y exponente del martnerismo, condena actitudes del senador por la X Región Sur, uno de los principales favoritos en las elecciones internas de la colectividad. Parlamentario por Talca asegura que es ''una mitología'' pensar que el actual secretario general del partido mantenga una relación de plena confianza con el Ejecutivo. Una dura y profunda crítica a la lista que encabeza el senador Camilo Escalona, referente de la Nueva Izquierda, para las elecciones de la mesa directiva del Partido Socialista (PS) hizo el diputado, Sergio Aguiló, quien representa a la nómina de su par, Isabel Allende, y es dentro de ella uno de los máximos exponentes del "Nuevo Socialismo" o martnerismo. Para el diputado no es real que la colectividad pasa por sus mejores momentos, ya que si bien tiene ocho senadores y 15 diputados, sin embargo representa un nueve por ciento de la votación en todo el país. A su parecer esto significa que el PS necesita de ideas, propuestas y debates, y que dirigentes como el senador Escalona deben dedicarse no sólo a "administrar el poder", según recalcó.
-¿Qué propone su lista para modernizar al PS y estar acorde con las iniciativas del gobierno de Michelle Bachelet?
-Nosotros partimos de la base de que la situación del PS es bastante precaria. Este es un punto muy central porque la lista que preside Escalona asegura que el partido está viviendo uno de sus mejores momentos en las últimas décadas. La euforia que uno examina en los puntos de vista de Escalona, Ricardo Núñez o Marcelo Schilling, es muy sorprendente, pues ellos dicen que tenemos ocho senadores y 15 diputados y que es un momento de gloria para la colectividad. Nosotros, sin desmerecer a este número de parlamentarios, no podemos dejar de constatar que el PS tiene apenas un nueve por ciento de la adhesión ciudadana, exactamente en el momento que por segunda vez en la historia del país, tiene un Presidente de la República. Cuando el Presidente Salvador Allende ganó con el 36 por ciento de los votos, al año siguiente en las elecciones municipales de 1971 el PS llegó a tener el 27 por ciento del respaldo ciudadano, entonces esto que Bachelet tenga el apoyo que tiene y que el partido donde ella milita tenga sólo un nueve por ciento, para nosotros es un tema extremadamente preocupante. Y eso tiene que ver con lo anquilosado que se ve el partido frente a la opinión pública, es decir, una colectividad administradora del poder, que ha perdido las esperanzas, los proyectos y las ideas y donde no hay ninguna buena idea de cambio social, de promoción de la realidad de los sectores más pobres y postergados del país. El PS se quedó sin ideas, sin proyectos y puramente administrando el poder, entonces lo primero que nosotros queremos decir es que tenemos un diagnóstico distinto, o sea, estamos muy preocupados por la realidad del PS y para enfrentar esto nosotros planteamos tres cosas esenciales: en primer lugar el PS no puede abandonar el sentido más profundo que le dio su existencia y que es promover la justicia social, la integración de los sectores postergados al desarrollo del país... Segundo, nosotros planteamos que el PS debe ser un partido de ideas y que éstas tengan relación con la realidad social del país, y lograr el progreso de los sectores más postergados. En tercer lugar que sea un conglomerado acogedor. Y en ese sentido, quiero decir que Escalona representa no sólo una cierta disposición de manejar el poder por el poder con ausencia de ideas, esperanzas y de sueños como fue el socialismo de antaño, sino que además es una persona que administra al partido con una cierta tendencia a prácticas estalinistas que son muy jodidas. Hoy en el PS hay temor y recelo porque se aplica internamente un conjunto de normas con quienes no piensan igual que la dirección.
-Algunos dirigentes señalan que el PS se transformó hace varios años en un partido que sólo lucha por conseguir cargos de gobierno. ¿Cuál es su opinión al respecto?
-Por supuesto. Yo creo que el PS ha entendido o ha asumido mal algo que es enormemente positivo: llevamos 16 años en los gobiernos de la Concertación, pero ha asimilado mal esta experiencia porque se ha acostumbrado a manejar el poder por el poder, lo que significa pelear por cargos a todo nivel.
-¿Cuál es su opinión respecto a la relación de confianza que hay entre la Presidenta Bachelet y Escalona?
-Yo creo que eso es un mito que ha manejado y ha dejado que transcurra el mismo Escalona y que tiene bastante menos de realidad y mucho de mitología. Yo creo que Bachelet tiene relaciones humanas y muy cercanas con muchos socialistas, y también con Escalona, qué duda cabe, pero también con otros militantes que estamos en otras listas.
-¿Entonces, esa relación no les preocupa en el sentido de que la mandataria pueda influir de manera implícita en las elecciones del PS, a favor de Escalona?
-Para nada. Yo creo que ella tiene perfectamente claro que el PS está haciendo un ejercicio democrático y eso lo hemos conversado. Incluso la semana pasada la mandataria estuvo en Talca, donde yo soy diputado por esa zona, y ella decía que lo importante es que los ministros prescindan absolutamente de su participación en las elecciones internas y no sólo del PS sino que también del PPD y de la Democracia Cristiana.
¿En definitiva, quizás fue un error que tanto su lista como la de Escalona de enfrascaran en una discusión cerrada en torno a quienes son más leales al gobierno de Bachelet?
-Eso demuestra el estado en que está el partido, donde no hay propuestas e ideas de fondo.