lunes, mayo 29

"El cambio tiene que venir de abajo", por Gary Hamel

ENTREVISTA A GARY HAMEL, PRESIDENTE DE STRATEGOS Y PROFESOR DE LA LONDON BUSINESS SCHOOL
www.lavanguardia.es

¿Cómo competir en la aldea global? Gary Hamel, uno de los pensadores más influyentes de la economía actual afirma que el cambio tiene que venir desde abajo. En su opinión, si se deja rienda suelta a los trabajadores para que desarrollen su creatividad y su pasión,la empresa acabará beneficiándose.

Cambiar el proceso de toma de decisiones es la innovación más importante para la empresa

En lugar de obediencia e inteligencia hay que sacar de los trabajadores pasión y creatividad


PIERGIORGIO M. SANDRI - 28/05/2006
Madrid

Los expertos de gestión le consideran el discípulo del malogrado Peter Drucker, el inventor de la estrategia de gestión de la economía moderna. Gary Hamel, escritor, académico y consultor mundialmente conocido ha afinado esa línea en libros considerados ya clásicos como Compitiendo por el futuro o Liderando la revolución.Para él, la clave para competir en la era de la globalización hay que buscarla dentro de la empresa, especialmente en el modo en que se toman las decisiones -¡tienen que venir desde abajo!", exclama-y en la innovación, que cabe desarrollar en los distintos escalones de la producción.

Usted sostiene que las empresas hoy en día tienen que ser elásticas. ¿Qué significa?

El mundo es cada vez más turbulento y acelerado. Las empresas sufren más dificultades financieras que en el pasado. Los ejecutivos duran menos en el cargo. Antes seguían en su puesto doce o quince años. Hoy cuatro como mucho. Como el cambio se acelera, hay que plantearse cómo renovar a tiempo la empresa. Antes las compañías se ponían a la obra cuando había una crisis financieras o el final de un ciclo industrial Pero el desafío hoy en día consiste en cómo crear compañías que cambian continuamente en ausencia de crisis. Para ello, hay que distribuir esta responsabilidad de adaptación para que no dependa sólo de una persona en la cúspide de la pirámide. Sin embargo, en muchas empresas el mando sigue concentrado arriba, cuando el capital intelectual de la cúspide se deprecia más rápidamente que su permanencia en el poder. Esto impide la elasticidad. Tenemos que crear otros modelos donde el poder es descentralizado y hay microcambios continuamente.

¿Quién tiene que liderar este cambio?

Si usted mira a la democracia constitucional, el cambio procede de abajo, no de arriba. El legislador no decide intervenir por su cuenta, sino porque el pueblo lo fomenta. Es la gente de la calle, los lectores que escriben cartas a su periódico, los que presionan a los políticos quienes generan los cambios. En las compañías no hay alternativa a esta innovación, que procede de abajo hacia arriba. Si usted pregunta a Eric Schmidt, el consejero delegado de Google, quién es el responsable de la estrategia, le contestará que él no. Tampoco lo son los fundadores Larry Page o Sergey Brin. Podría ser cualquiera. En esta empresa tienen a millares de personas que buscan ideas. Su objetivo es liderar un diálogo permanente en el seno de la empresa.

¿Cuál es la mejor estrategia? Deslocalizar, fusionarse o potenciar la investigación?

Desde una perspectiva histórica, las firmas siempre han hecho lo mismo para crecer: pueden comprar acciones, deslocalizar la producción, fusionarse con el rival. Pero todo esto tiene una ganancia limitada. Por ejemplo, usted se fusiona, saca provecho de las ganancias de la operación y luego ¿qué hace? La única manera de crear un valor a largo plazo es innovar.

¿Qué tipo de innovación?

Hay varios niveles. En el escalón más bajo tenemos a la innovación operacional o de distribución. Como la venta directa de PCs que hizo Dell. Esto permite reducir costes e incrementar la eficiencia. Luego tenemos a la innovación de productos y servicios. Esto consiste, por ejemplo, en lanzar al mercado una nueva videocámara, una nueva sección en un diario. Si subimos un escalón más, se puede innovar el modelo de negocio. Así se cambian las reglas del juego: es el caso de Zara en España, de Ikea en Suecia. Pero más arriba tenemos a la innovación en la arquitectura industrial. Esta clase de innovadores son los que cambian la manera en que la industria está organizada. Tal vez el ejemplo más cercano es el de Itunes de Apple. La verdadera innovación no está en el aparato, en el Ipod, sino en haber sabido convencer a las discográficas para que venden sus canciones a través de la web. No es sólo un mercado nuevo, es la recomposición de piezas industriales distintas. Pero la auténtica innovación es la que se produce en la gestión. La que crea ventaja competitiva. Si GM pierde el liderazgo respecto a Toyota se debe a este motivo. El secreto está en cómo se organizan y se motivan a los empleados. La mayoría de los ejecutivos no piensa en ello. Las empresas tienen procesos de negocio del siglo XX, presupuestos, capital, tecnología. Pero tienen principios de gobierno corporativo del siglo XIX.

¿En qué sentido?

Hay que aprender a ser experimentales e reinventar. La gestión, en sus comienzos, no fue diseñada para esto. Fue diseñada para mejorar la eficiencia. Ahora esta es sólo una parte de la estrategia competitiva. Las empresas catalanas deberían llegar a preguntarse: ¿cómo puedo aumentar el valor añadido per cápita y por empleado respecto a cualquier otro competidor en el mundo? Una compañía tiene que empezar a pedir compromiso a sus trabajadores de una forma distinta. No se puede exigir a sus empleados obediencia, disciplina o inteligencia. Esto valores se han convertido en la actualidad en una commodity.

Se pueden comprar en cualquier parte del mundo casi por nada. Hay que sacar de las personas su pasión, su creatividad y su espíritu de iniciativa. Estas son cosas que no se pueden pedir a la carta. Llegan como si se tratara de un regalo. Puedes exigir al empleado que sea obediente, pero no que sea creativo. Tenemos que invertir nuestro liderazgo en este proceso para que la compañía permita la realización de los objetivos individuales. El problema es que tal y como se plantea el management hoy en día, tenemos la tendencia en destruir estos valores, el lugar de promoverlos. En cambio hay que crear un ambiente de trabajo atractivo. Los de Google me dicen: si decimos a nuestros trabajadores qué es lo que hay que hacer pero hay algo que le importa más, tenemos que dejarles que sigan su pasión.

¡Pero esto es la anarquía!

Se cree que hay una dicotomía entre libertad y disciplina. Si yo doy demasiada libertad a los trabajadores, la disciplina disminuirá. De la misma manera, si impongo disciplina, la creatividad se verá afectada. El desafío es conseguir ambas cosas a la vez y en la misma medida. Otra vez, en Google se tiene mucho tiempo libre para trabajar en las cosas que más interesan, pero al mismo tiempo cada equipo tiene su propia web en las que hablan de lo que están haciendo a las que los demás también tienen acceso. Así, todos conversan y dan opiniones. Se trata más bien de un tipo de autodisciplina. Sólo hay una quincena de compañías en el mundo que están siguiendo este camino. ¡Deje a los consumidores y a sus colegas que decidan y no a la cúpula directiva!

miércoles, mayo 24

Las verdades detrás de la contaminación de Santiago, por Rodrigo Pizarro

19 de Mayo del 2006
Ya pasada la primera crisis del año en la contaminación de Santiago, corresponde una pausa-o un respiro- de manera de evaluar globalmente la problemática ambiental de la cuenca y las políticas de los últimos años. Si medimos la contaminación a partir de las concentraciones anuales de PM10, PM2,5 u ozono -los principales contaminantes- no ha habido avance en la reducción desde el 2001, incluso, en el caso del ozono las concentraciones han aumentado. Es decir bajo cualquier criterio objetivo: la contaminación se ha estabilizado o incluso empeorado desde 2001. Lo anterior sería irrelevante si las concentraciones totales fueran bajas, pero se encuentran entre las más altas del mundo. Asimismo, si bien ha disminuido el número de episodios críticos (considerando para ello la arbitraria definición de alertas y pre-emergencias) lo grave es que se supera la norma diaria de PM10 en promedio durante 55 días al año y la de ozono en 120 días. Es decir, estamos expuestos a condiciones graves y agudas de contaminación durante un tercio del año. ¿Por qué a partir del 2001 no se logra avanzar decididamente en la reducción de la contaminación? La respuesta se encuentra en la concepción original del Plan de Descontaminación (serie de medidas coordinadas por la Conama para reducir la contaminación) La lógica del Plan (implementado en los noventa) era identificar las fuentes emisoras -automóviles, microbuses, industrias, polvo en las calles y fuentes de calefacción etc.- y coordinar distintas acciones para disminuir la emisión de cada una de estas fuentes emisores. Se regularon las micros, se exigieron catalíticos, se normó la emisión de la industria y se pavimentaron las calles. En sus distintas versiones el Plan mantuvo y mantiene esta misma lógica. Las medidas tuvieron un resultado espectacular en los 90 y efectivamente se logró disminuir la emisión de cada uno de estos agentes emisores y consecuentemente, reducir la contaminación. Sin embargo, paralelamente, gracias al crecimiento económico y una serie de desafortunadas políticas públicas se incentivó el aumento en el número de agentes emisores. Hoy en Santiago existen más de un millón 200 mil automóviles, en el año noventa eran 450 mil. Es mismo año el 70% de los viajes motorizado era en transporte público, hoy son menos del 50%. El área urbana se ha extendido en más de 30% en la última década, incentivado por las políticas de vivienda y regulación del uso suelo (donde destaca la lúcida decisión de desafectar todos los suelos agrícolas de la región). Las industrias han reducido su contaminación, pero el número de establecimientos industriales se cuadruplicó, incentivado por la ausencia de políticas de descentralización. Es decir, mientras que por un lado las políticas de descontaminación reducían la emisión de fuentes emisoras puntuales, paralelamente las políticas sectoriales promovían el aumento en el número de fuentes emisoras. Es una situación insostenible en el mediano plazo, cuyos efectos eran evidentes a partir del 2001 y cuyos resultados más dramáticos presenciamos la semana pasada. En el segundo semestre de este año se reevaluará el Plan de Descontaminación, cualquier medida seria para descontaminar la ciudad de Santiago debe apuntar a detener el crecimiento en el número de agentes emisores, a través de políticas de gestión integral de la ciudad, lo demás, dada las condiciones meteorológicas y geográficas de la cuenca, simplemente no será sostenible en el tiempo.
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Rodrigo Pizarro. Director Ejecutivo, Fundación Terram

lunes, mayo 22

La cooperativa del siglo XXI, La Vanguardia

Una empresa con gestión democrática, ¿es eficiente?Aplicar la práctica "un socio, un voto", hace compatible la función directiva con la dimensión social
El cooperativismo enfatiza los valores que sitúan a la persona en el centro de la gestión y no al capital

JORDI GOULA - 21/05/2006
Si nadie cuestiona las estructuras democráticas de una sociedad moderna, ¿por qué la empresa sigue siendo un mundo dentro de este planteamiento participativo? En la empresa desarrollamos nuestra actividad profesional y en ella pasamos una buena parte de nuestra vida, ¿por qué no podemos participar en sus decisiones? Las tendencias más recientes del management apuntan la necesidad de potenciar el talento y la implicación creciente del equipo en la estrategia empresarial como condiciones ineludibles del éxito, ¿por qué en la mayoría de casos estos planteamientos quedan en papel mojado, mientras proliferan la precariedad y la consideración de los costes laborales sólo como una magnitud a minimizar? Son apenas algunas de las contradicciones que vivimos día a día en el mundo profesional y, la verdad, con pocos visos de cambio. En la empresa cooperativa, sin embargo, afirman que estas contradicciones se han superado en buena manera con sus planteamientos. Con todo, para mucha gente la cooperativa sigue siendo una rara avis.
"Sí, es cierto, pero no nos debería parecer algo extraño, ya que lo único que hace la cooperativa es llevar y aplicar los valores de la democracia y la participación a la actividad empresarial", comenta Xavier López, director general de CLADE, grup empresarial cooperatiu. Y, en tiempos de globalización de la economía, ¿es viable? "Sí, la globalización puede ser una oportunidad para el cooperativismo si es capaz de crecer, generar alianzas y grupos, pero también puede ser una amenaza, si tiende a mantener estructuras pequeñas y atomizadas", responde. "Es bueno no olvidar que en la empresa siempre hay una doble dimensión: las personas y la eficiencia. La clave está en como se gestiona el impacto que tiene el ser eficiente en las personas. En este sentido, el cooperativo es un modelo muy moderno, ya que la integración del capital humano en el proyecto empresarial es muy alta. Por tanto, ello debe redundar en los resultados", comenta Eduard Brull, director general de Grup Qualitat.
También hay autocrítica, y ello es importante. "El cooperativismo no es el mundo ideal. Criticamos lo que las empresas predican y luego no llevan a la práctica, pero en las cooperativas también es complejo aplicarlo. Cuando entra una persona, viene a trabajar, no entra como cooperativista. Nuestro reto empieza aquí. Cómo lo llegamos a implicar en la vida cooperativa, en el perfil social de todos. Hacerle ver las ventajas", explica Miquel Angel Oliva, director general de Abacus. Estas ventajas pueden sintetizarse en el reparto de beneficios en función de lo que se ha decidido entre todos; en poder incidir a través de las personas que se deleguen en las decisiones estratégicas; en una mayor transparencia; en más estabilidad laboral, ya que hay un compromiso de mantenimiento del puesto del socio; en que el componente de innovación es más abierto que en otro tipo de empresas y, sobre todo, en una vertiente transformadora de entender y plantear las relaciones laborales, una transformación centrada en las personas... De todos modos, los tópicos ahí están. Hay quien se pregunta, ¿cómo se le va a prestar dinero a una empresa regida por una asamblea? "Esta batalla de las entidades financieras la hemos ganado", dice Oliva, mientras López añade que "el modelo cooperativo que defendemos es el que separa totalmente la vertiente societaria de la ejecutiva". En este modelo cooperativo la asamblea de socios hace de junta de accionistas, mientras el consejo rector adopta el papel de consejo de administración. El director general lidera la estrategia enjel día a día y rinde cuentas al consejo rector. Ermen Llobet, socio fundador de Ecotècnia, apunta un aspecto clave. "La diferencia entre la cooperativa y el resto de empresas es de altura de gestión, no tanto de modelo. A nivel ejecutivo, no hay diferencias en el modelo de gestión, sino en el estilo, que es mucho más involucrador. Un directivo medio, por ejemplo, encuentra un valor añadido superior en la cooperativa, ya que puede catapultar más sus conocimientos. Sus esfuerzos se ven recompensados por un alto nivel de participación en la empresa". Para Brull, "el director general de una cooperativa afronta los mismos problemas que sus competidores, pero nuestra gente está implicada de forma más natural en el proyecto. La Responsabilidad Social, que en muchos casos no es más que un maquillaje en muchas empresas, para nosotros está en el centro de la actuación. Por lo menos, tenemos los instrumentos para ir por el buen camino". Uno de los aspectos complejos es el del abanico salarial en la cooperativa. Oliva explica que "hace tres años la escala salarial era de uno a tres y no podíamos retener talento. Se ha pasado a otra de uno a 6,8, haciendo mucha pedagogía hasta que la gente lo ha entendido y aprobado". Para Brull, "en la retribución tendemos a ser más espartanos que el mercado y hemos de ser competitivos". Pone como ejemplo a seguir el de Mondragón. "Es un sistema que funciona bien. La banda baja está algo por encima del mercado y la banda alta algo por debajo". Llobet cierra la reflexión, "los valores están en la base del modelo cooperativo. Venimos de un siglo dominado por ideologías y debemos enfatizar los valores que derivan de situar la persona en el centro de la actuación y no al capital".

Ni eutanasia ni censura, por Carlos Montes

18 de Mayo del 2006

Una frase atribuida a Voltaire, pero cuya autoría ha sido cuestionada, señala: “Estoy en absoluto desacuerdo con tus ideas, pero daría mi vida por defender tu derecho a expresarlas.” Esa es, precisamente, la naturaleza del debate al que asistió la Cámara de Diputados con ocasión de la censura a la Mesa de la Corporación promovida por un grupo de parlamentarios de oposición. Quiero decirlo, claramente. Soy contrario a la eutanasia. Respeto y defiendo el derecho a la vida y la necesidad de agotar los esfuerzos humanos y técnicos para preservarla. Sin embargo, junto con esa definición básica, también creo que en nuestra sociedad deben debatirse, con libertad y altura de miras, distintos puntos de vista y que, en ese contexto, la opinión del otro es tan legítima como la mía. Por ello estimé que el razonamiento que fundó la posición de los censuradores –el término resulta doblemente acertado- es jurídicamente incorrecto y políticamente muy grave. En primer término, desde lo puramente normativo, es incorrecto porque las disposiciones vigentes entregan al Presidente de cada una de las ramas del Congreso Nacional la facultad de declarar inadmisible un proyecto de ley sólo en caso de vicios formales. No existe una atribución que permita a éste o a la Sala, en subsidio, no admitir una moción o Mensaje por ser, en el fondo, contraria a la Constitución. Tal determinación está entregada al Tribunal Constitucional. Por ello, respecto de la moción de los Diputados Fulvio Rossi y Juan Bustos, entre otros, no cabía otra cosa que dar cuenta de ella. Éste fue el mismo razonamiento utilizado por el Senador Hernán Larraín, como Presidente de la Cámara Alta, para acoger a trámite, en octubre de 2004, un proyecto del Senador Nelson Ávila sobre el mismo tema. En lo político, lo argumentado es muy grave y pone en cuestión la calidad de nuestra democracia, las facultades de los parlamentarios y el respeto que la oposición tiene por las opiniones contrarias Se ha dicho que la última reforma constitucional ha concluido la transición en Chile. ¿Podría sostenerse eso en una sociedad cuya Carta Magna impide como postulan los censuradores- que sus legisladores debatan sobre un tema de esta trascendencia? Me parece que no. La discusión surgida en la Cámara de Diputados, impulsada por parlamentarios de la UDI, nos retrotrae a una época que creíamos superada, aquélla de la proscripción de doctrinas y de la existencia de temas tabú. So pretexto de defender la vida, la oposición ha vuelto a mostrar su cara más antidemocrática y represiva. Los colegas que la han promovido han aprovechado, con audacia y oportunismo, las discrepancias surgidas al interior de la Concertación, pero lo han hecho incurriendo en un error político muy grave al sostener que el Presidente de la Cámara o del Senado y, por tanto, la coalición que los sostiene, puede sujetar a su propia interpretación la incorporación a trámite de las mociones parlamentarias. Siguiendo ese razonamiento, cada vez que un tema pareciera reprobable, desde su particular perspectiva, podría evitarse el debate con sólo buscar una interpretación constitucional que lo respalde. Así, cualquier discusión futura sobre la estructura tributaria del país, sobre el rol del Estado en la economía o sobre otros temas valóricos quedarían a criterio de la mayoría de turno. La censura cuestiona, además, las atribuciones de los parlamentarios y la propia naturaleza de esta institución, al establecer temas vedados de discusión, formulando una censura previa inaceptable en cualquier democracia –y más propia de regímenes totalitarios o integristas- justo en momentos en que buena parte de las naciones del orbe discuten estas mismas temáticas. No quiero que Chile tenga una ley de eutanasia. Espero y procuraré el rechazo de esta iniciativa, pero anhelo que ello ocurra en el marco de una discusión seria y razonada, donde seamos capaces de convencernos y no a costa de impedir el debate, cercenar las facultades de los legisladores, dejar la decisión sobre las materias dignas de análisis público al arbitrio de la mayoría de turno y, en definitiva, de afectar la calidad de nuestra democracia y el respeto de las opiniones de todos los ciudadanos.
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Carlos Montes. Diputado del Partido Socialista. Ex presidente de la Cámara Baja.

miércoles, mayo 17

Un derecho, Francesc-Marc Alvaro

17/05/2006
Descubro los aforismos del italoargentino Antonio Porchia la misma semana que resurge la polémica sobre la eutanasia a raíz de la muerte del tetrapléjico Jorge León. El poeta Porchia lo dice mejor que nosotros, mejor que nadie: "Cuando caen tu cuerpo y tu alma, la humanidad levanta tu cuerpo, solamente tu cuerpo". Ésa es la gran trampa. Por eso algunos tildan de artificial este debate. La ministra de Sanidad, Elena Salgado, cierra la discusión: "No corresponde ahora". Los tiempos de la política son inescrutables, pero lo que ayer fue polémico hoy es ya normal. Para cierta España, legislar las bodas homosexuales parecía el fin del mundo, pero, hace muy poco, Galicia fue el escenario del gran casamiento gay de un destacado político local del PP, con gran pompa y boato. Pasaron las manifestaciones apocalípticas de los segmentos más conservadores de la sociedad y surgió la sorpresa. Los homosexuales del PP también se casan gracias a una legislación reformista impulsada por un Gobierno adversario. Para los homosexuales, la España oficial ha tenido un momento liberal. Celebrémoslo. ¿Habrá un momento liberal para los que ya no tienen suficiente con los cuidados paliativos y quieren usar su libertad para dejar esta vida porque ya no merece tal nombre? "No corresponde ahora", nos dice la ministra de Sanidad. Más tarde o más temprano corresponderá. El eurodiputado liberal británico Chris Davies fija el problema: "El suicidio asistido no es una cuestión de salud, es un derecho". Tener un derecho no implica ejercitarlo, como sabemos. Por ejemplo, usted, querido lector, tiene derecho al divorcio, pero ello no le obliga a separarse de su pareja. Cuando se discutió en España la ley de Divorcio, los sectores más retrógrados mantenían que la nueva normativa acabaría con los matrimonios, con la familia y con la civilización. Hoy, todo aquello da risa y va unido a las imágenes de las películas de destape en las que el españolito recién salido del franquismo -cargado de traumas- descubría la complejidad gracias a alguna estupenda señora (acaso extranjera) que le hacía aterrizar en el siglo XX. A pesar de todas las conquistas del individuo por tener un control responsable sobre su vida, las fuerzas conservadoras libran en este campo su batalla más dura. Tanto que devienen reaccionarias y son capaces, en su estrategia de freno, de ponerse al lado de los mismos que no permiten la burla de dioses y profetas. Entonces, surge la tentación fanática y la voluntad férrea de mantener la superstición como control y norma general. Suerte que Porchia descubre la trampa y la salida: "Ahora, cuando no tienes nada, sólo dolor no tienes". Tome nota, ministra.

Los partidos y sus bases, Francesc de Carreras

11/05/2006
La posición de Esquerra Republicana en el próximo referéndum sobre el nuevo Estatut de Catalunya ha sido tomada, al parecer, bajo la presión de sus bases, es decir, de sus militantes más activos reunidos en asamblea. En efecto, consultadas estas bases, la dirección del partido ha rectificado posiciones anteriores y ha decidido recomendar el no. A raíz de esta controvertida decisión, se ha desatado una interesante polémica sobre la democracia en los partidos que puede plantearse en torno a un interrogante: ¿el mejor modelo de partido es aquel en el cual las bases participan directamente en la toma de decisiones importantes o bien ello propicia que se adopten decisiones políticamente inmaduras que le llevarán a incapacitarle como partido de Gobierno? Lo que se debate, en realidad, es si el grado de democracia de un partido se mide por la forma directa o indirecta, asamblearia o representativa, de la toma de decisiones. En realidad, la polémica nos retrotrae a un antiquísimo debate sobre los diversos métodos de participación política. Tan antiguo que sus orígenes se remontan a la Grecia clásica. El modelo de democracia instaurado por Clístenes y, sobre todo, por Pericles, en la mítica Atenas, se basó fundamentalmente en dos principios: la participación directa y la igualdad entre ciudadanos. Ello suponía que era una asamblea, en la que todos podían participar en condiciones de igualdad, la que ejercía el Gobierno. El ciudadano participaba directamente y su poder era indelegable. Este modelo de democracia fue, sin embargo, una excepción en la Grecia clásica: las formas de gobierno más habituales fueron la monarquía y la aristocracia, que desembocaban, a menudo, en despotismo y oligarquía. Platón y Aristóteles, como es sabido, se declararon partidarios de las formas aristocráticas y fervientes antidemócratas. Tampoco en los siglos posteriores, hasta llegar a la actualidad, la democracia directa, entendida al modo de Pericles, ha tenido mejor suerte. Tuvo una breve efectividad en algunas ciudades italianas renacentistas y en los primeros meses de la revolución bolchevique. Escasísimos han sido los pensadores políticos que la han defendido: Rousseau, ciertas tendencias anarquistas y poco más. El tipo de democracia que ha triunfado es la indirecta, la representativa. En este modelo, los ciudadanos escogen a una minoría para que actúe en su nombre y defienda sus intereses. Esta delegación de los ciudadanos en el ejercicio de las funciones de Gobierno es debida, según un clásico como Benjamin Constant, a que el común de los mortales no quieren o no pueden ejercerla por sí mismos, dado que no se consideran suficientemente capacitados para ello o prefieren dedicar su tiempo a otras cosas. Constant considera que los individuos desean dedicarse, preferentemente, a sus asuntos privados y, además, son conscientes de que no tienen suficientes aptitudes y conocimientos para defender con eficacia sus propias ideas e intereses. Por consiguiente, la mayoría de los ciudadanos se inclina por no participar directamente en política y decide depositar su confianza en los políticos, es decir, en los expertos en gestionar la cosa pública, a los efectos de que actúen en su nombre, convencidos de que éstos lo harán mucho mejor que ellos mismos. El proceso representativo va encaminado, precisamente, a este fin: designar a especialistas de confianza para que resuelvan adecuadamente los asuntos públicos, a la manera como uno decide ir al médico o al abogado para que le resuelva los problemas propios que él es incapaz de solucionar. Nuestro sistema democrático se basa, preferentemente, en la democracia representativa. La alternativa de la democracia directa ha resultado utópica por la insalvable dificultad de aplicarla a un Estado tan amplio y complejo como el actual. Ahora bien, esta conclusión no puede aplicarse mecánicamente a los partidos políticos porque la gestión de los partidos es mucho menos complicada que la de los estados. Además, tampoco puede decirse que la democracia representativa en los estados funcione muy bien. Muchas son las dificultades que se interponen a una fluida participación de los ciudadanos en un Estado democrático representativo: es cada vez más palpable la distancia entre ciudadanos y políticos. Entre las imperfecciones de la democracia ocupa un espacio central el mal funcionamiento de los partidos y cada vez está más extendida la impresión de que la necesaria regeneración de la democracia pasa indefectiblemente por la regeneración previa de los partidos. Por tanto, si bien la democracia asamblearia no parece ser un buen sistema de funcionamiento, tampoco la democracia representativa es ejemplar. En consecuencia, no estaría mal comenzar a introducir en los partidos algunos mecanismos que faciliten la participación directa de los militantes. Quizás así disminuya el creciente foso que los separa de los ciudadanos. Es discutible si la decisión de ERC de proponer votar no al Estatut es conveniente para sus propios intereses y para el de sus potenciales electores. Pero es discutible también que la decisión del PSC de votar afirmativamente el Estatut haya sido conveniente para sus intereses y para el de sus potenciales electores. Uno es un partido asambleario, otro es un partido representativo. ¿Quién se equivoca? ¿Quizás ambos? ¿Unos por un exceso de participación directa, otros por defecto? En todo caso, la participación democrática en los partidos no parece bien resuelta.
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FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB

Luchar contra la pobreza con una ayuda adecuada, Jeffrey Sachs

Opinión

El mundo en desarrollo a menudo se parece al tráfico de una carretera. Países como China, India y Chile avanzan en un sentido de rápido crecimiento económico, que reduce las diferencias tecnológicas con los países desarrollados, mientras que naciones como Nepal, Níger y Sudán se precipitan en sentido opuesto, cada vez con más disturbios, enfrentamientos, sequía y enfermedades. Los costes del fracaso económico son enormes para todo el mundo, ya que los conflictos, el terrorismo, el tráfico de drogas y los refugiados sobrepasan las fronteras nacionales.
Pero los conductores pueden cambiar de sentido, y también los países. India, China y Chile difícilmente se podían considerar historias de éxito en los años sesenta y setenta. Los tres estaban agitados, acuciados por la pobreza, el hambre y la inestabilidad política. Su transformación económica demuestra que los "casos perdidos" de hoy pueden ser los mercados emergentes del mañana.
Quienes afirman que la ayuda exterior no funciona -y que no puede funcionar- están equivocados. Esos escépticos hacen carrera fomentando el pesimismo, al señalar los múltiples e indudables fracasos de anteriores campañas de ayuda. Pero lo cierto es que podemos ayudar a garantizar el desarrollo económico adecuado de los países más pobres. Podemos ayudarlos a escapar de la pobreza. Y debemos hacerlo por nuestro interés nacional.
El primer paso para salir de la pobreza rural casi siempre supone aumentar la producción de alimentos y poner fin a los ciclos de hambruna. La salida de Asia de la pobreza durante los últimos 40 años empezó con una "revolución verde". La producción de alimentos se duplicó o se triplicó. La Fundación Rockefeller colaboró en la obtención y la difusión de semillas de alto rendimiento; y la ayuda estadounidense permitió a India y otros países proporcionar abonos y semillas subvencionados a los agricultores pobres. Cuando consiguieron tener unos ingresos, los campesinos pudieron pasar a la creación de pequeñas empresas.
El segundo paso para salir de la pobreza es la mejora de las condiciones sanitarias, empezando por la mejora de la nutrición, el agua potable y los servicios sociales más básicos. En las historias de éxito asiáticas, la mortalidad infantil ha disminuido drásticamente, lo cual, a su vez, ha reducido el tamaño de las familias, porque los progenitores pobres empezaron a confiar en que sus hijos sobrevivirían hasta la edad adulta.
El tercer paso consiste en salir del aislamiento económico para introducirse en el comercio internacional. Chile, por ejemplo, se ha convertido en las dos últimas décadas en el principal proveedor de fruta de EE UU fuera de temporada, gracias a la creación de unas cadenas de suministros altamente eficaces. China e India han prosperado como exportadores de mercancías manufacturadas y servicios, respectivamente. En los tres casos, las relaciones comerciales dependían de la mejora de la conectividad: carreteras, energía, telecomunicaciones, Internet e introducción de contenedores para el transporte.
Hoy, a los escépticos les gusta afirmar que África está demasiado atrasada y es demasiado corrupta como para llegar a ser como China o India. Se equivocan. Una revolución verde, una revolución sanitaria y una revolución de la conectividad están al alcance de África. Los ingenieros y científicos ya han desarrollado las herramientas necesarias. El proyecto Aldeas del Milenio, desarrollado por mí y un grupo de compañeros, se está expandiendo con rapidez en 10 países africanos y está demostrando que esa triple transformación -verde, sanitaria y de conectividad- es factible. Las variedades de semillas mejoradas, los abonos, el regadío y los camiones han contribuido a convertir el hambre en cosechas extraordinarias en sólo una o dos temporadas.
La malaria está controlada. Los agricultores tienen acceso a la capital para pasar de las cosechas de subsistencia a los cultivos comerciales. A los niños se les trata contra las lombrices y reciben una comida a mediodía que ayuda a garantizar que estén sanos y asistan a la escuela.
Los escépticos afirmaban que los campesinos africanos no obtendrían más alimentos, que los fertilizantes se perderían, que cortarían las mosquiteras de las camas para hacer velos de novia y que los funcionarios locales bloquearían el progreso. Está ocurriendo lo contrario. En cualquier parte del mundo, los más pobres de entre los pobres desean una oportunidad para mejorar el futuro, en especial el de sus hijos. Denles herramientas y las aprovecharán.
Los escépticos de la ayuda, como William Easterly, autor del reciente libro The White Man's Burden, son legión. En lugar de señalar los fracasos, debemos amplificar los éxitos, incluidas la revolución verde, la erradicación mundial de la viruela, la expansión de la alfabetización y, ahora, la promesa de las Aldeas del Milenio.
Los criterios para que las ayudas tengan éxito están claros. Deben tener un objetivo definido y ser específicas, medibles, responsables y ampliables. Deben fomentar la triple transformación de la agricultura, la sanidad y las infraestructuras. Deberíamos proporcionar a las aldeas una ayuda directa que se pueda calibrar y controlar.
El proyecto Aldeas del Milenio se basa en la participación de la comunidad y en que ésta se responsabilice de garantizar que los abonos, las medicinas y demás ayudas se emplean adecuadamente. Millennium Promise, una organización de la que soy cofundador, propugna y amplía el avance del proyecto Aldeas del Milenio. Se ha unido a Cruz Roja, Unicef, la Fundación de Naciones Unidas, los Centros para el Control de Enfermedades y la Organización Mundial de la Salud para instalar mosquiteras contra la malaria en las camas de los niños de África.
En este mundo frágil y plagado de conflictos debemos valorar la vida en todas partes frenando las enfermedades y las muertes innecesarias, promoviendo el crecimiento económico y ayudando a garantizar que la vida de nuestros hijos sea muy preciada en el futuro.
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Jeffrey D. Sachs es director del Earth Institute de la Universidad de Columbia y autor de El fin de la pobreza.

martes, mayo 16

Abrigar la esperanza, por Fernando Savater

Opinión, www.elpais.es

En una de sus inteligentes humoradas señaló Ortega que dice mucho sobre nuestro país la expresión común de que a las esperanzas y las ilusiones hay que abrigarlas. ¡Qué nítido reconocimiento de la cruel intemperie que acoge en España a los proyectos de reforma social y política! Ahora, con motivo del alto el fuego de ETA y de la perspectiva de algo enigmáticamente llamado "proceso de paz", hay muchos dentro y fuera de nuestras fronteras que se declaran por fin esperanzados. Y que regañan de modo más o menos agrio a quienes señalan las ambigüedades del actual compás de espera y exigen garantías que por el momento nadie ofrece, quizá porque aún sea imposible brindarlas. ¡No metamos palitos entre las ruedas para forzar el descarrilamiento de la esperanza, no le pongamos cortapisas! En algunos casos, los así incriminados por no abrigar suficientemente a la esperanza que tirita son precisamente quienes más se han movido y más riesgos corrieron durante las décadas del terror. Y no faltan malpensados que sospechan que los ahora remisos han hecho de su pasada resistencia un modus vivendi (aunque fuese moriendi en varios casos) del que ahora se resisten a abdicar en las nuevas circunstancias.
Dice una milonga que "muchas veces la esperanza son ganas de descansar". Pero también está comprobado que acogerse a la desesperación suele ser una coartada para no mover ni un dedo ante los males del mundo. Puestas así las cosas, soy decididamente de los que prefieren abrigar esperanzas..., aunque siempre tomando la precaución de no considerarlas una especie de piloto automático que nos transportará al paraíso sin esfuerzo alguno por nuestra parte. Es decir, creo que la esperanza puede ser un tónico para los rebeldes y un estupefaciente para los oportunistas y acomodaticios. De modo que esperanza de la buena es precisamente lo que hemos derrochado desde hace bastantes años todos quienes nos hemos enfrentado al terrorismo y al nacionalismo convertido hegemónicamente en obligatorio a su amparo. Si nos hubiera faltado del todo la esperanza, también nos habrían fallado las fuerzas..., porque la situación no era precisamente favorable para quienes querían tomarse la molestia de no dejarse someter. Estábamos rodeados de cautelosos desesperanzados que nos desaconsejaban correr riesgos, encogiéndose de hombros y moviendo tristemente la cabeza: "No insistáis, que es peor. No crispéis más la cosa... ¡Si esto no hay quien lo arregle!". Otros, también desesperanzados pero más técnicos, recomendaban ponerse en manos de los especialistas: "La culpa de todo la tienen los políticos, ¿no? ¡Pues que lo arreglen los políticos, que para eso les pagamos!". Ahora son precisamente todos estos ex desesperanzados los que nos recomiendan fervientemente la esperanza, tras el alto el fuego otorgado por ETA. Y uno no puede por menos de pensar que ayer no necesitaban la esperanza porque no pensaban hacer nada y hoy la necesitan porque esperan que ya no haga falta tomarse el trabajo al que en su día sabiamente renunciaron... Resumiendo: nada esperaban porque nada hacían; ahora, por fin, esperan que ya nada haya que hacer.
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Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.

lunes, mayo 15

Entrevista al Ministro de Hidrocarburos de Bolivia

Reportaje de Página12 a Andrés Soliz Rada
(www.pagina12.com.ar)

El hombre fuerte del gobierno de Evo Morales en la sensible área de hidrocarburos e ideólogo del audaz decreto de nacionalización afirmó a Cash que si Brasil no quiere pagar más por el gas, Bolivia encontrará otros mercados. Adelantó que se realizará una profunda auditoría de las petroleras porque no cree en los números de las empresas. También sentenció que en Bolivia se ha reabierto el proceso de una revolución nacional. Y envió un duro mensaje a Brasil, por la participación extranjera en el capital accionario de Petrobras.

“El decreto permite mejorar los ingresos de 400 a 700 millones de dólares anuales.”

Por Natalia Aruguete

“El decreto de nacionalización desató un proceso revolucionario”, manifestó el ministro de Hidrocarburos de Bolivia, Andrés Soliz Rada, en diálogo exclusivo con Cash. Desde la decisión de nacionalizar los hidrocarburos anunciada el Día Internacional del Trabajador, el gobierno de Evo Morales enfrentó reclamos de diferentes sectores locales, presiones de empresas petroleras poderosas –apoyadas por los gobiernos de sus países de origen–, amenazas de perder mercados para la venta de gas y reacciones de presidentes de la región. En esta entrevista, Soliz Rada aseguró que el gobierno boliviano sigue firme en su política energética, que apunta no sólo a nacionalizar los recursos hidrocarburíferos sino a industrializar el sector, cambiar la matriz energética y aumentar los ingresos del Estado que serán destinados a convertir al país en un “torrente energético”.
Precio del gas
¿Cómo evalúa las negociaciones sobre el precio del gas que Bolivia le vende a Brasil y la Argentina?

–Son negociaciones complicadas que no se pueden hacer sobre el vacío sino sobre referentes concretos. Chile anunció su deseo de comprar gas de Indonesia y dijo que está dispuesto a pagar entre 7 y 9 dólares por millón de BTU. Si ése es el precio que está proponiendo Chile, a lo mejor cuando la Argentina le venda gas a Chile también pueda hacer referencia a ese incremento en el precio. Otro referente es Brasil. Cuando dijo que podía recibir gas a 1 dólar desde Venezuela, el gobierno venezolano dijo: “No, si pongo el gas venezolano en Brasil, el costo sin ninguna utilidad sería de 5 dólares”. Acá hay un tema adicional: en Brasil se compara la energía importada desde Bolivia con la energía producida en el propio país. Y Brasil está pagando por el gas boliviano un precio inferior en dos dólares al producido allí. Por cada dólar que Bolivia logre aumentar en el precio del gas exportado a Brasil consigue alrededor de 300 millones de dólares anuales más de ingresos para el Estado.
¿Cuáles son los referentes que Brasil pone en la mesa de negociación?
–Ellos dicen que tratarían de sustituir el gas boliviano y buscar alternativas más baratas. Esperamos llegar a los mejores acuerdos. Se ha dicho que la nacionalización puede generar que Bolivia pierda mercados para vender gas.
¿Cómo evalúan esa posibilidad?
–Cuando viajamos al Paraguay, unos días antes de la nacionalización, se presentó un proyecto. Desde una de las poblaciones bolivianas más cercanas al Paraguay, Villamontes, podría salir un gasoducto que atraviese Paraguay y llegue a la frontera con Brasil. Y allí está Puerto Casado, frontera con el Mato Grosso. Los paraguayos plantean que Bolivia tenga una instalación grande de diesel sintético en Puerto Casado para uso y consumo del Mato Grosso sur, que es la región más dinámica de la economía brasileña. Están pensando en una planta de 50 mil barriles de diesel ecológico por día, además de otros emprendimientos. Lo que permitiría que YPFB –con el 51 por ciento de acciones como mínimo– pueda asociarse con empresas que construyan un gasoducto de 20 millones de metros cúbicos. Con este proyecto, si Brasil no quiere comprar más gas, lo habríamos reemplazado por el mercado paraguayo.
¿Están pensando, entonces, en la eventualidad de perder mercados?
–Estos proyectos no surgen porque se pierdan mercados. En realidad, los interesados se tienen que apurar para que Bolivia elija cuál es el mejor. Incluso no menciono algunos proyectos que mucho no me gustan y que, en una situación de mucha presión, se podrían considerar.
¿Cuáles?
–Como los reiterados llamados del mercado mexicano para comprar gas de Bolivia. Incluso está el Puerto de Rosario, que ofreció llevarlo más cerca del Pacífico como parte de los ofrecimientos que hizo la Argentina. Chile está interesado en comprar termoelectricidad para su minería y para el convenio minero argentino-chileno. Nosotros podemos vender termoelectricidad, pero no gas natural mientras no se resuelva la cuestión marítima. Tenemos opciones.
¿Por qué no le gustan esas opciones?
–Porque quiero que el gas quede en la región. No me gusta que el gas boliviano salga de nuestra Sudamérica.
Decreto
¿Cree que 180 días serán suficientes para concretar los pasos contemplados en el decreto de nacionalización?
–Debemos disponer de un máximo de 90 días para hacer las auditorías, que van a ser orientadoras. Cuando las empresas dicen que invierten fabulosas sumas de dinero en la exploración y explotación de campos, ¿nos están diciendo la verdad? ¿Las utilidades son las que realmente perciben? ¿En qué medida las petroleras que trabajan en la Argentina, Brasil, Bolivia, hacen figurar compras de sus casas matrices? ¿Acaso obtienen créditos con altos intereses que después son cargados a los costos de operación? Son preguntas de una enorme importancia para el futuro de las empresas en Bolivia.
¿Implementarán algún mecanismo para recuperar las reservas una vez hecha la fiscalización?
–Hay países que tienen una enorme experiencia en el análisis de la declinación de los campos, pero también en saber si las inversiones y las utilidades son las que las empresas mencionan. Noruega tiene una empresa estatal, Statoil, que fiscaliza a las empresas transnacionales. Hemos pedido asistencia técnica de Noruega para las auditorías. Otra experiencia es Canadá. Imagínese la influencia de las petroleras norteamericanas en Canadá. Ellos se dieron modos para llevar adelante una buena auditoría. También estamos en contacto con ellos.
¿Esto negaría la versión de que Bolivia está siguiendo el modelo venezolano?
–Ese es un concepto cargado de intencionalidad. Se quiere presentar a Bolivia como una especie de extensión de la política venezolana. Hay una relación fraterna, de un gran respeto mutuo, de los gobiernos de Venezuela y Bolivia, no una dependencia como pretenden presentar ciertos medios de comunicación interesados en distorsionar la verdad.
¿Qué efecto tendrá en los ingresos fiscales que YPFB tenga el 51 por ciento del negocio energético o el cambio en la ecuación del 82/18 por ciento en las áreas San Alberto y Sábalo?
–El decreto permite mejorar los ingresos de 400 a 700 millones de dólares anuales. Pero el tema del 50/50 son cálculos provisionales. Los porcentajes definitivos serán pautados después de las auditorías. Con los cálculos que hicimos internamente sobre Sábalo y San Alberto vimos que si en lugar de 82/18 por ciento quedara el 90 por ciento para el Estado y el 10 por ciento para –concretamente– Petrobras, la empresa seguiría obteniendo una utilidad mayor o igual al promedio de la región.
¿Cómo se negociará en el futuro con las empresas, si se pretende impulsar un proceso de industrialización de los recursos hidrocarburíferos?
–Hay que ver caso por caso. Una de las empresas de mayor peso en Bolivia es Repsol y su subsidiaria, Andina. Esta negociación es precedida por una visita de la Cancillería española, que manifestó que respeta el derecho de Bolivia a nacionalizar sus hidrocarburos. Esta definición nos ayuda mucho. Y lo propio ocurrió en Puerto Iguazú cuando los presidentes Kirchner y Lula reconocieron la soberanía del Estado en la recuperación de sus recursos.
Con estos antecedentes, ¿como prevén que será la negociación con las petroleras?
–Cuando hablemos con Petrobras o con Repsol ya habrá una definición previa que facilitará la negociación.
Oposición
¿Cómo se posiciona el gobierno de Evo frente al planteo de la Central Obrera Boliviana (COB) de que este decreto es “una nacionalización a medias”?
–Con el correr de los días, la COB ha reconsiderado su posición inicial y pasó a una de apoyo.
¿Por qué?
–En primer lugar, la extraordinaria euforia del pueblo boliviano, que siente que el país ha recuperado no sólo el gas y el petróleo sino la dignidad nacional y la autoestima. En Bolivia se ha reabierto el proceso de una revolución nacional. Nosotros la concebimos como parte de las revoluciones nacionales de nuestra América latina, y en el Cono Sur de manera especial, que debería culminar con ese ansiado sueño de una patria grande, socialista y latinoamericana. Además, lo que se da en Bolivia es producto de movimientos sociales, no sólo de capas medias intelectuales sino de corrientes quechuas, aymaras y guaraníes que estuvieron en la resistencia en años pasados. La participación desde abajo con un presidente con fuerte raíz originaria y que también es mirada con un enorme cariño, simpatía y espíritu militante de las capas medias y mestizas hace que nosotros estemos hablando cada vez con más fuerza de la unidad de la nación oprimida por el imperio y la necesidad de mantener esta unidad para enfrentar los desafíos futuros.
¿Qué proponía la COB que no se pudo concretar?
–La expulsión de las empresas y el no pago de indemnizaciones. El gobierno tiene el deber de recoger esas aspiraciones, pero en un margen de realismo y madurez. No puede exponer al país a intervenciones peligrosas. ¿Cómo vamos a dejar de considerar que a 200 kilómetros de los grandes megacampos, en el Paraguay, se ha instalado una base militar norteamericana? No sería responsable y maduro por parte del gobierno no considerar este conjunto de factores. Debemos tomar decisiones lo más avanzadas posibles, en el marco del realismo y la madurez.
¿Y con respecto a la reacción de los empresarios nacionales, sobre todo los de Santa Cruz?
–La Confederación de Empresarios Privados de Bolivia visitó al presidente Evo Morales y le dio su apoyo. En Santa Cruz se produjo una división de los sectores empresarios: el empresariado agrícola y el de los importadores. El empresariado nacional apoya la nacionalización.
¿Por qué la nacionalización se viabilizó vía decreto y no por ley del Congreso?
–La ley ya estaba dictada. Nosotros teníamos la nacionalización en el papel. El decreto ejecuta lo que dice la ley. Y en ello desata un proceso revolucionario, no es sólo decir “se acata la ley”: es establecer los mecanismos, ampliar la tributación, empezar a nombrar directores de las empresas que antes estaban dominados por las petroleras. Tenemos mayoría en las refinerías, en los ductos y en importantes emprendimientos. La ley sobre nacionalización era un instrumento pasivo que tiene con el decreto una presencia dinámica. Las Fuerzas Armadas también jugaron un papel importante.
¿En qué sentido?
–Primero para que la nacionalización se lleve a cabo de manera ordenada con los fiscales del Ministerio Público que veían cómo los fiscales de YPFB ingresaron a lo que fue la vieja administración. Las Fuerzas Armadas se quedaron afuera. Indudablemente jugaron un papel disuasivo para que el proceso nacionalizador se llevara adelante de manera ordenada y tranquila. Pero también tienen un carácter simbólico de enorme importancia. Es la fuerza popular y el poder de las Fuerzas Armadas articulados en una sola voluntad nacionalizadora.
¿Qué impacto prevé que tendrá el decreto en la región?
–Lo de Bolivia es una especie de consecuencia de lo que se hizo anteriormente en otros países, como la experiencia de negociación de contrato hecha en Cuba, donde tienen aproximadamente 50/50 por ciento de tributación, y una vez amortizadas las inversiones la ecuación es 80/20 por ciento, con tendencia a subir la participación del Estado. La legislación venezolana tiene parecidos con Cuba, pero a través de la formación de sociedades mixtas. Esto nos da un abanico de posibilidades para que Bolivia analice una situación mejor.
¿Qué otro caso merece atención en la región?
–Quiero poner de relieve la lucha de Ecuador. Es inconcebible que Ecuador haya sido un importante productor de petróleo durante décadas y no haya una sola refinería en ese país. Toda la producción de crudo que tiene Ecuador es para la exportación. Y la obligaron durante los últimos decenios a importar gasolinas, diesel y GLP. O sea que, entre la exportación de crudo y la importación de refinados, tiene un saldo casi cero. La lucha por la nacionalización que se ha dado en Bolivia ha de influir en Ecuador como también en la Argentina, donde el grupo Moreno envió una carta al presidente Kirchner pidiéndole que se revise la legislación, y apoya la nacionalización de hidrocarburos en Bolivia.

Integración
Si Bolivia se integra al proyecto del Gasoducto del Sur, ¿en qué condiciones lo haría?

–En Puerto Iguazú expresamos que Bolivia está interesada con tres condiciones. Primera, que todo el gasoducto y sus implicancias sean llevados a cabo por empresas estatales. Acá hay un problema para Brasil, porque Petrobras entregó el 60 por ciento al sector privado. Tiene acciones privilegiadas la empresa estatal, pero hay un peso de las transnacionales en Petrobras. Y para que este proceso de integración se lleve adelante necesitamos que Petrobras transparente su relación con las empresas extranjeras. Concebimos al Gasoducto del Sur como una alianza sólo de empresas estatales. La segunda es que una porción importante del gas boliviano sea industrializado dentro de Bolivia. Y una tercera es que el gas de Bolivia que tiene como destino, por ejemplo, los consumidores de Buenos Aires o las termoeléctricas de Brasil, allí donde el gas genere utilidades esperamos tener un porcentaje.
¿Qué cambios económicos produciría la incorporación de Bolivia y Venezuela en el Mercosur, con el aporte energético que podrían hacer?
–Toda esta problemática de los hidrocarburos se genera en lo que un escritor boliviano, René Zabaleta Mercado, llamaba la “querella por el excedente”. ¿Quién se lleva la utilidad y en qué porcentaje? Si estos procesos logran que el excedente de los beneficios se reinvierta en nuestros países, será beneficiosa la integración de nuestras empresas estatales. Habremos logrado la articulación de nuestras empresas para lograr que el excedente no se lo lleven las petroleras privadas. Ese es el fondo del problema.
El mapa vacío
¿Qué plazo se puso el gobierno para abastecer de gas a la población?
–La idea es que en las fronteras que tiene Bolivia con la Argentina y Brasil se generen grandes emprendimientos industriales para vender no sólo gas natural sino también gas con valor agregado. Podemos instalar plantas de urea del lado boliviano para que la Argentina nos compre no sólo gas natural sino también urea. En las fronteras argentina y brasileña podemos vender termoelectricidad. El diesel ecológico tiene enorme mercado. Las utilidades que generen estos emprendimientos nos tienen que servir para los gasoductos internos, de Tarija a Santa Cruz, a Mataral, al Salar del Iuni y a departamentos alejados retardados en su desarrollo por falta de energía. Oruro y El Alto de La Paz son “puertos secos”, que con gas tendrían una capacidad productiva y exportadora notable. Convertiríamos a los gasoductos en un “torrente energético”. Todos los países tratan de tener un balance energético.
¿Bolivia también?
–Bolivia no lo tiene desde 1996, cuando se liquidó la empresa petrolera estatal. Estamos trabajando para tener el balance energético actualizado y lograr un cambio radical de nuestra matriz energética: queremos dejar de consumir diesel, gasolina, GLP y reemplazarlos por gas natural. Y tener mayores volúmenes de exportación de esos productos. La idea es tener para el futuro un mapa lleno de gasoductos e industrias internas con un fuerte peso de la industria agrícola también.

¿Como reconstruir Bolivia?, Juan Gabriel Tokatlian

La decisión del presidente de Bolivia, Evo Morales, de nacionalizar los hidrocarburos en su país se puede inscribir en el marco de un último intento por reconstruir un Estado nacional profundamente postrado y en vías de desfallecer. La enorme debilidad del Estado boliviano ha llevado a un gran número de especialistas y observadores a indicar que aquél oscilaba entre el colapso -esto es, la implosión de las estructuras de autoridad y legitimidad- y el fracaso -esto es, la incapacidad de proteger a los ciudadanos de las fuerzas que amenazan su seguridad existencial-. Bolivia no es un ejemplo de Estado anárquico -ausencia completa de gobierno central-, pero sí de un Estado frágil -crecientemente imposibilitado de brindar funciones básicas, en especial para los pobres-. En ese contexto, la decisión del mandatario boliviano puede comprenderse mejor -y asimilarse igualmente- como el mayor y más incierto esfuerzo para evitar una degradación estatal plena. El categórico triunfo electoral de Evo Morales expresó la intención de los bolivianos de ampliar su democracia, fortalecer el Estado y propiciar la convivencia interna, al tiempo que acalló las voces que venían alentando propuestas secesionistas en el país.
Sin embargo, los desafíos que afronta su Gobierno son monumentales. En el corto plazo, los asuntos institucionales principales son la realización de la Asamblea Constituyente y del referéndum autonómico. Resulta esencial, en ese sentido, que estos trascendentales acontecimientos culminen exitosamente. Es imperativo prevenir que, como producto de posturas polarizadas, expresiones desafortunadas o acciones desacertadas, el resultado final sea la partición de Bolivia. Ello tendría, a no dudarlo, efectos simbólicos y secuelas reales en toda América del Sur. Para contribuir al éxito político y económico del nuevo presidente y, además, ayudar a eludir un escenario negativo e incontrolable, Sudamérica y España podrían desplegar una política exterior convergente, dinámica y prudente hacia Bolivia. Podrían ejecutar, en consecuencia, una diplomacia preventiva con varios componentes básicos y simultáneos.
En primer lugar, es imprescindible el compromiso de Mercosur como un todo, porque en el caso boliviano está en juego, en cierta medida, el futuro de la paz, la seguridad y la democracia en el Cono Sur. Lo anterior implica precisar una estrategia que conjugue elementos políticos y económicos. Si Mercosur desea ser un protagonista en los asuntos regionales y hemisféricos, entonces es importante contar con su disposición diplomática y su capacidad material.
En segundo lugar, resulta fundamental persuadir al nuevo Gobierno de Bachelet en Chile de que es hora de hallar una solución seria al justo reclamo boliviano de una salida al mar. Es crucial desactivar cuestiones externas pendientes como ésta, que, de no resolverse, sólo profundizarán internamente las enormes dificultades que hoy vive Bolivia. Santiago debe ser consciente de que los problemas irresueltos que se prolongan no se olvidan; sólo empeoran.
En tercer lugar, es indispensable inducir a Estados Unidos a que se involucre en esta política concertada y cooperativa hacia Bolivia. Esto puede, incluso, reparar el pobre estado de las relaciones entre Washington y Latinoamérica y mejorar las relaciones triangulares Estados Unidos-España-Sudamérica.
En cuarto lugar, es relevante poner a disposición de todos los sectores bolivianos información, experiencias y conocimientos comparativos en materia de cambio constitucional y autonomía regional. La Cumbre Iberoamericana cuenta ahora con una secretaría ejecutiva a cargo del ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo Enrique Iglesias, quien podría coordinar esfuerzos y recursos en el caso boliviano como una cuestión urgente y emblemática. Se buscaría que los actores sociales y políticos en Bolivia conozcan, por ejemplo, cómo España ha venido manejando el complejo tema de las autonomías y cómo Colombia alcanzó una consensual reforma de la Constitución (1991) con avances significativos para los grupos indígenas.
En quinto lugar, es clave llevar a Bolivia a los expertos e instituciones involucrados en negociaciones internas e internacionales. Las Naciones Unidas y muchas ONG españolas y sudamericanas tienen experimentados especialistas en resolución de conflictos. Se pretendería así conseguir que las conversaciones y acuerdos en torno a la nacionalización de los hidrocarburos y en cuanto a la Asamblea y al referéndum sean juegos de suma variable -todos ganan y pierden algo- y no juegos de suma cero -una parte gana todo y otra pierde irremediablemente-.
En sexto lugar, es urgente que empresas como Repsol YPF y Petrobras lideren, con el respaldo de los gobiernos de España, Argentina y Brasil, salidas viables y sustentables al tema de los recursos energéticos. Una solución positiva para Bolivia exige entender que los estados y las empresas necesitan coincidir en el objetivo estratégico de que un mejor Estado en Bolivia es funcional y vital para todos los actores involucrados y comprometidos con el futuro del país.
El presidente Evo Morales busca acelerar el proceso de reformas en su país. América del Sur -en especial, los países del Cono Sur- y España pueden aportar para que los cambios económicos y políticos anunciados conduzcan a una democratización efectiva, a una estatalidad vigorosa y a una convivencia pacífica. Una desafortunada confluencia de razones internas y externas puede conducir a que Bolivia termine partida. Ese destino no es inexorable; sólo lo será si los países con intereses en la nación andina olvidan sus responsabilidades internacionales.
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JUAN GABRIEL TOKATLIAN es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés (Argentina).

Referendos en la niebla, por Manuel Castells

13/05/2006- La Vanguardia (www.lavanguardia.es), extracto.
La paradoja de los referendos políticos es que expresan a la vez la democracia directa y la aclamación plebiscitaria. Desde mi experiencia californiana he vivido la práctica del referéndum como forma directa de hacer llegar a los ciudadanos, y convertir en ley, innumerables iniciativas variopintas que no llegan a ser procesadas por el sistema político. Como en otros países de tradición referendaria, el origen del gobierno por iniciativa popular se encuentra en la desconfianza de los ciudadanos con respecto a sus representantes políticos. Es por tanto un correctivo a la democracia por delegación. Pero la capacidad de un grupo de interés para llegar a los votantes directamente depende de su incidencia en los canales de comunicación, tanto en los grandes medios como en las diversas formas de difusión del mensaje. Lo cual favorece, por un lado, a aquellos que tienen arraigo militante; por otro lado, a aquellos que disponen de recursos que les permiten la presencia en los medios de comunicación y en la sociedad. Por tanto, el dinero y la ideología prevalecen sobre los partidos y las instituciones políticas. Los resultados del proceso son diversos, pero en general el dinero manda y las emociones del momento deciden. Pero también existe la tradición referendaria desde el poder, cuando los gobiernos intentan santificar con la legitimidad de un plebiscito popular decisiones importantes, generalmente de ámbito constitucional. Cuando funciona correctamente este mecanismo los textos así aprobados se revisten del manto original de la soberanía popular. En la mayoría de las democracias su uso es excepcional por los riesgos que presenta. Cuanto más importante es el contenido de un referéndum más se arriesga el sistema político a un movimiento de opinión inesperado que eche al traste el complicado encaje de bolillos que suele estar detrás de un texto constituyente. Así, los referendos se plantean para situaciones límite o cuando cuentan con un tal apoyo político organizado que el riesgo parece menor. Es en este último supuesto cuando pueden producirse terremotos políticos. Sin ir más lejos, la derrota del referéndum sobre la Constitución europea en Francia y Holanda obligó a replantearse el proceso de construcción europea. Y el rechazo se produjo pese a contar con el apoyo al sí de los grandes partidos, de las instituciones del Estado y de los medios de comunicación. Sabemos que el no a la Constitución europea fue un rechazo generalizado a la clase política. Y aquí está el quid de la cuestión. La claridad de la consulta referendaria depende de la relación de confianza que exista entre los ciudadanos y sus representantes. Y en particular, con quienes plantean el referéndum. Si esa relación está enturbiada por la sospecha y la decepción, se sabe lo que se pregunta en el referéndum, pero no se sabe lo que se responde. El sí o el no se convierten en expresión de apoyo o rechazo a los proponentes de la pregunta por motivos de muy distinta índole que además varían en distintos sectores del electorado. Si la relación entre política y sociedad es nebulosa, los referendos se celebran en la niebla.

viernes, mayo 12

¿Existe el capitalismo?, por Julio Silva Solar

La Nación

Una figura de prestigio intelectual, columnista de “El Mercurio”, que mantiene cierta aura del Mapu, ha venido a descubrir ahora, según su última columna, que “el capitalismo, como tal, no existió nunca”. Tan sorprendente novedad debe haber desconcertado a muchos lectores del editorialista. No hace tanto tiempo él luchó denodadamente contra el capitalismo desde las posiciones revolucionarias más extremas. Pero esta vez resulta que aquello contra lo que combatió tanto nunca existió. Era como las fortalezas que el Quijote veía en los molinos de viento, un producto de su imaginación. La versatilidad humana es maravillosa. Lo que por largo tiempo es el enemigo absoluto que debe ser destruido y contra el cual se movilizan las mayores energías, se convierte luego en un apacible molino de viento. Tal enemigo nunca existió. Es como hacer el loco si el asunto fuera tan ingenuo como en el Quijote.
¿Y cómo se llega a descubrir la inexistencia del capitalismo? El columnista sostiene que a la guerra fría entre el capitalismo y el comunismo, que caracterizó al siglo XX, le sucede otra guerra fría en este siglo XXI entre “el capitalismo de tipo norteamericano o anglosajón” y el “capitalismo de tipo europeo o continental”. Lo curioso es que de esta segunda guerra fría saca la conclusión o descubrimiento de que “el capitalismo como tal, no existió nunca”. Cualquiera entendería más bien, si tal hipótesis es cierta, que habiendo dos tipos de capitalismos que compiten entre sí en esta nueva guerra fría, y antes, en cambio, uno de los contendores en la guerra fría era el comunismo, hoy dado de baja, todo el campo de la contienda es ocupado por dos formas diferentes de capitalismo, o sea, el capitalismo cubre todo el espacio, no sólo una parte como antes, y por tanto, gana de todos modos con una u otra de sus formas, no está ya expuesto a perder la guerra y dejar de existir, como en el siglo pasado, lo que muestra que se ha expandido y está más fuerte. Pero lejos de esto el columnista entiende que de este proceso se desprende que el capitalismo como tal, no existió nunca. Increíble. No quiere ver lo que todos los días tiene ante sí.
Es cierto que el capitalismo nunca ha sido igual en uno y otro país y que los conflictos entre las grandes potencias capitalistas han derivado incluso en guerras mundiales, pero esto es cosa sabida, no es una novedad del siglo XXI, ni menos algo que nos venga a descubrir que el capitalismo nunca existió. Todo lo contrario. Y hoy está sin contrapeso, más avasallador que nunca. Lo que ocurre, tal vez, es que para ciertos espíritus sería más cómodo dar por inexistente o superado, como se dice, al capitalismo. Pero nada se gana con negar una realidad tan evidente. El inexistente vive y aún más robusto, entre otras cosas, por la seducción que ejerce sobre una selecta fracción de sus más furibundos detractores de ayer.

lunes, mayo 8

Entrevista con Alvaro García Linera, Vicepresidente de Bolivia

"En Bolivia, no estamos pensando en socialismo sino en revolución democratizadora"
Franklin Ramírez y Pablo Stefanoni
Alvaro García Linera es vicepresidente boliviano, matemático y sociólogo autodidacta. Con 44 años de edad tiene cinco encima de prisión, varios librospublicados y una vida de búsqueda intelectual. En ese camino exploró "obsesivamente" la idea de Marx de los pueblos "sin historia" y llegó a conclusiones que lo unieron a Evo Morales.
-¿Cómo fue su trayectoria intelectual?
-Soy una persona que vivió la adolescencia en un período de gran inestabilidadpolítica: elecciones, golpes de Estado, elecciones, más golpes de Estado,en un ambiente cargado de movilizaciones, de proyectos, de debates, de utopías. Estoy hablando de fines de los años '70 y creo que eso influye en un tipode acercamiento personal a la política y a las ciencias sociales. En 1979, a los 17 años, viví el primer gran bloqueo indígena de la historia moderna de Bolivia. Era difícil de entender lo que estaba pasando y en ese ambiente busqué la ayuda de las ciencias sociales, de la sociología, de la economía, pero más como autodidacta. Sin embargo, me sentía distante de las organizaciones partidarias, tenía un abordaje un poco intelectualizado de la política. Había comenzado a estudiar matemática porque creía que las ciencias sociales podía aprenderlas solo, y decido continuar mis estudios en México. El contexto centroamericano influye mucho en mi percepción de la política, especialmente la guerrilla salvadoreña, y politizó mis lecturas. Paso de una orientación más filosófica y abstracta del capital, de la dialéctica de Hegel, de Kant, a una mirada más práctica. Entonces comienzan mis lecturas más leninistas, digamos así, para comprender mejor lo de la gestión de lo político. Esto ya es en los años '80 y, al acabar la carrera, regreso a Bolivia con una posición de mayor involucramiento político.
-¿Cómo influyó el conocimiento de los movimientos insurgentes centroamericanos en su evolución intelectual?
-Había dos elementos importantes: la lucha armada como modo de resolución o de conquista del poder y, en particular, el tema étnico. En Guatemala escucho por primera vez en un debate político el tema de la multiculturalidad. Aun cuando ya era un momento de reflujo, la guerrilla guatemalteca logra incorporar este elemento en el debate a partir de la presencia de los mayas. Esto para mí es en extremo novedoso. Y con esos bagajes regreso a Bolivia, y aquí intentamos (junto a Raquel Gutiérrez, su pareja de entonces) construir una estructura política principalmente obrera porque los mineros eran el eje de la política contestataria en Bolivia, e iniciamos un largo debate, que perdura en alguna medida hasta el día de hoy, contra el trotskismo y el stalinismo, representado por el Partido Obrero Revolucionario y el PC. Luego conocemos a un grupo de líderes indígenas, jóvenes todavía, que venían de las corrientes kataristas e indianistas de los '70 que denunciaban el "colonialismo interno".
-Ahí se va produciendo un giro hacia lo étnico-nacional.
-Iniciamos una relectura, o más bien una ampliación de nuestra mirada, desde lo obrero hacia la temática de lo nacional y lo campesino-indígena, más centrado en lo que se denomina "identidades difusas". Ahí se inicia una etapa -hacia1986- que se mantiene hasta hoy, de una preocupación en torno de la temática indígena y de la construcción de la nación. Dedico mi tiempo a escribir varios libros, unos polémicos, en debate contra la izquierda tradicional predominante,y otros que anticipaban trabajos con mayor abstracción. Ahí comienza una obsesión, que mantuve durante diez años, de rastrear lo que Marx había dicho sobre el tema y comenzamos a escudriñar sus cuadernos, sus textos sobre los"pueblos sin historia" del '48, los Grundrïsses, los textos sobre la India y China, y sus cartas a Vera Zasulich, incluso sus manuscritos etnológicos y otros, inéditos sobre América latina, que están en Amsterdam. Viajamos allá a consultarlos. Algunos compañeros me reñían por esto: no veían bien que en momentos de tanta intensidad de la lucha política yo estuviera revisando archivos. Comienza una obsesión, con distintas variantes, a fin de encontrar el hilo conductor sobre esa temática indígena desde el marxismo, y creyendo que era posible que el marxismo pudiera dar cuenta de la fuerza de la dimensión, del contenido y del potencial de la demanda étnica nacional de los pueblos indígenas. Ello implicaba múltiples peleas, en textos menos académicos y más polémicos, con la izquierda boliviana para la cual no había indios sino campesinos. Se trataba de una pelea marginal porque éramos un grupo de personas que no influíamos en ninguna parte, nos dedicábamos a repartir nuestros panfletos, nuestros textitos, nuestros policopiados de 50 páginas en las marchas, en las minas. Pero ahí se inicia una polémica.
-Luego viene el intento de formar el Ejército Guerrillero Túpac Katari y la prisión.
-En los años '85 y '86 convergen intelectuales, jóvenes, muy jóvenes, obreros de las minas especialmente en proceso de radicalización y un conglomerado de líderes campesinos e indígenas provenientes de las filas del indianismo katarista. En esta primera etapa, toda la actividad se centra en el trabajo político en las minas, en las asambleas, en producir panfletería, crítica a las posiciones de izquierda tradicional con una consigna clara: "Va a haber una prueba de fuerza, y esa prueba va a dirimir la nueva época". Esa prueba de fuerza fue en 1986, la Marcha por la Vida de los mineros contra el desmantelamiento de la Corporación Minera de Bolivia. Los obreros salen derrotados políticamente, ni siquiera hay necesidad de una salida militar, se desmorona el movimiento y comienza el desbande.
-¿Y esa derrota abre el camino a una orientación hacia las comunidades indígenas?
-Desde ese momento nos trasladamos con todo ese bloque de intelectuales y mineros a potenciar el trabajo en el campo junto con los indianistas. Se va construyendo un escenario más potente de autodeterminación de lasnacionalidades indígenas, especialmente la aymara. Hay un fuerte énfasis en la posibilidad de una sublevación indígena, en la idea de que la emancipación indígena pasa obligatoriamente por una sublevación de comunidades. Quispe teoriza ahí sobre la guerra de los ayllus, tiene la imagen de una toma del poder mediante una sublevación de ayllus y comunidades, es decir, no se estructura un imaginario guerrillero sino un escenario de emancipación de masas. Se inicia un proceso que luego va a dar lugar al EGTK y a ejercicios de formación militar en las comunidades; primero en el Altiplano, con militantes del viejo indianismo de los '70, luego en Potosí, en el Chapare, en Sucre. Era una dinámica fuerte.
-Luego viene la desarticulación del grupo y la cárcel. ¿Cómo se desarrolla su actividad intelectual posterior desde la prisión?
-Al saber que no iba a contar con muchos libros, que no tendría mi biblioteca disponible, decido dedicarme sólo a unos cuantos libros, a trabajarlos de un modo mucho más profundo. Continúo con parte de mis trabajos teóricos y escribo Forma valor, forma comunidad, que es una lectura enteramente dedicada a El Capital bajo la obsesión de trabajar el tema del valor de uso, el valor de cambio y de las lógicas organizativas de la modernidad para hacer un contrapunto con las lógicas organizativas del mundo andino. Fueron cinco años de encierro. Creo que es mi libro mejor logrado por el tiempo que pude dedicarle, por la paciencia que tuvimos en armar las transcripciones. Fue un curso acelerado de antropología andina, de etnohistoria andina y de economía agraria. Al salir de la cárcel, inmediatamente me incorporé a la academia, incluso retomo el tema del mundo obrero, pero desde una perspectiva más sociológica. De allí saldrán Reproletarización, sobre el mundo obrero fabril en Bolivia y sus cambios organizativos y tecnológicos, y La condición obrera, sobre la nueva minería. Las conclusiones generales son que los obreros no han desaparecido, pero ha habido una modificación sustancial de la estructura material de la condición obrera, de la identidad obrera y de la composición política y cultural de la clase obrera. De allí se deriva una explicación de por qué la Central Obrera Boliviana se extingue como movimiento social unificador del país. En los últimos años he desarrollado varios estudios de los movimientos sociales, incorporando teorías más modernas como las de Charles Tilly, Pierre Bourdieu y Norbert Elias.
-Usted pasó de la acción insurgente a la academia, y de ahí osciló entre los medios y la política. ¿Cómo ve el papel del intelectual en un campo universitario como el de América latina, poco institucionalizado y en medio de una nueva oleada de politización social?
-En los años '90 se instaló la creencia de que había que separar la política de la academia o la idea de un campo académico autónomo, pero eso fue una ilusión. La promesa de un academicismo mucho más sólido, coherente, fundado en bases propias, acabó en un academicismo que servía de legitimador ideológico del proyecto político y económico neoliberal. Cuando revisas desapasionadamente la producción de los años '90 te das cuenta de la pobreza investigativa, conceptual, de la abundancia de retórica y sentido común de una gran parte de esa producción. Creo que ahora se presenta un nuevo reto para la producción intelectual: la capacidad de construir críticamente categorías, argumentos y razones, y no simplemente panfletería política pero, a la vez, que sepa recoger estas señales y la riqueza de la sociedad, no solamente de losmovimientos sociales. Ahí está el gran reto de continuar esta larga trayectoria del intelectual latinoamericano y boliviano que rompe esa falsa asepsia ideológica a lo Vargas Llosa. Sin embargo, no se requiere que frente al intelectual neoliberal cooptado por el discurso estatal surja un intelectual de los movimientos sociales que haga la apología de la acción colectiva sino un intelectual crítico con el poder existente y con las fuerzas emergentes. Parte de eso, sin duda, puede ser utilizado por los movimientos sociales y parte no; les va a doler que reflexionen sobre sus límites, y ahí está el pedazo de autonomía de la reflexión intelectual de no acallar o forzar sus reflexiones a favor de talo cual.
-¿Es un problema ser a la vez sociólogo crítico y vicepresidente?
-No, al contrario, es una excelente combinación, porque permite analizar con una frialdad siberiana lo que está sucediendo y tus acciones. Y como vicepresidente ves algunas cosas que jamás verías desde tu gabinete de sociólogo.
-Varios medios hablan de "evismo" para referirse a este gobierno.
-El "evismo" plantea una ruptura con respecto a anteriores estrategias de lucha por el poder, es un proyecto de autorrepresentación de los movimientos sociales, de la sociedad plebeya. Es un nuevo horizonte que no nace de la teoría sino que se va implementando en la práctica y puede aportar una interesante veta de análisis a las corrientes neomarxistas. Un segundo elemento que podría definir al "evismo" es un indianismo flexible capaz de convocar a los sectores no indígenas, mestizos, sectores medios urbanos. En términos didácticos podríamos decir que la Revolución Nacional de 1952 despierta al indio a la ciudadanía, pero trata de diluirlo en el mestizaje y le bloquea las posibilidades de desarrollo político. Cincuenta años después, el indio se postula como un sujeto político autónomo que propone un nacionalismo expansivo, una nación con "unidad en la diversidad" como lo ha repetido tantas veces Evo Morales. La experiencia que estamos viviendo en Bolivia replantea todo el debate sobre la lucha por el poder, incluso las propuestas de Antonio Negri. ¿Qué es un gobierno de los movimientos sociales? ¿Es posible? ¿Cómo se operará la relación entre lo político y lo social?
-Usted habló de capitalismo andino.
-Con esa expresión, más bien teórica, hice referencia a que las estructuras materiales de las rebeliones sociales desde el 2000 son las pequeñas economías familiares, tanto en el campo como en la ciudad. Son los pequeños productores los que se han rebelado: campesinos, cocaleros, artesanos, microempresarios, cooperativistas mineros. Y no va a haber revolución socialista en una nación de pequeños productores. El "evismo" visualiza estas múltiples modernidades, el pequeño campesino del Altiplano no va a ser un farmer, pero puede tener tractores o Internet. Siempre lo moderno subsumía lo tradicional, ahora pensamos en una articulación diferente y no subordinada entre estas dos plataformas que van a perdurar en los próximos 50 o 100 años. No estamos pensando en el socialismo para el futuro próximo sino en una profunda revolución democrática descolonizadora.

martes, mayo 2

Poder de clase, poder de género, por Vicenc Navarro

EL PAÍS - Opinión

Según los últimos datos provistos por la Agencia Estadística de la Unión Europea, España es, junto con Portugal, el país que tiene el gasto público por habitante más bajo de la UE-15 (la Unión con 15 miembros); esta situación deficitaria se presenta en prácticamente todos los componentes de tal gasto. El gasto público por habitante en temas sociales (que incluyen los servicios públicos del Estado del bienestar, como sanidad, educación, servicios sociales y vivienda social, entre otros, así como las pensiones y otras transferencias sociales) es, también, el más bajo de la UE-15. En realidad, España se gasta mucho menos en su Estado del bienestar de lo que le corresponde por el nivel de riqueza económica que tiene. Nuestro PIB per cápita (que mide el grado de desarrollo económico del país) es ya el 90% del PIB del promedio de la UE-15 y, sin embargo, el gasto público social por habitante es sólo el 62% del promedio de la UE-15. España debería gastarse alrededor de 66.000 millones de euros anuales más para alcanzar el gasto social per cápita que le corresponde por su nivel de riqueza. Una situación semejante, por cierto, ocurre en el capítulo de infraestructuras como carreteras, ferrocarriles y otras comunicaciones.
Una de las causas más importantes de esta pobreza del gasto público social es el enorme poder que el 25-30% de renta superior de la población española (que incluye los sectores sociales que solían llamarse la burguesía, la pequeña burguesía y clases profesionales de renta alta) ha tenido históricamente y continúa teniendo en la cultura mediática y política del país y en los aparatos económicos del Estado (ver Navarro V. El subdesarrollo social de España. Causas y consecuencias. 2006). La enorme influencia que este grupo social tiene sobre el Estado y sobre los medios de información y persuasión, y su resistencia a pagar impuestos es lo que explica el bajo gasto público. La baja presión fiscal de España, la más baja de la UE-15, 34,8% del PIB, comparado con un 41% en el promedio de la UE-15, se debe, en gran parte, a que la contribución al erario público de este sector pudiente de la población es también de los más bajos de la UE-15, mucho menor que la de sus homólogos. Este sector pudiente de la población no es consciente de este déficit de gasto público social, pues no lo sufre en carne propia: lleva a sus hijos a las escuelas privadas (gestionadas en su mayoría por la Iglesia, que reciben los subsidios públicos más altos de la UE-15) y va a la sanidad privada (o bien reciben trato preferencial en la pública) cuando cae enfermo. Mientras tanto, informe tras informe de la OCDE y de la UE que analizan la situación de los distintos componentes del Estado del bienestar de sus países miembros señalan el gran retraso social de España, retraso que se debe, en gran parte, a la citada pobreza de recursos en sus servicios públicos.
Otro indicador del enorme poder de clase de tales sectores (al cual hay que añadir el poder de género, que determina que dentro de la pobreza del gasto público social el más bajo sea precisamente el que se gasta en los servicios públicos como escuelas de infancia y servicios de dependencia, que benefician particularmente a las mujeres) es la creencia liberal de que hay que bajar los impuestos; creencia reproducida incluso en sectores liberales de las izquierdas, incluidos algunos economistas del Gobierno socialista español, uno de los cuales, a raíz de una reflexión sobre el futuro del socialismo cuestionó recientemente "si hoy alguien puede defender a estas alturas del siglo que un programa socialdemócrata debe estar a favor de más impuestos y más gasto público".
Este dogma liberal va acompañado de otro que señala la necesidad no sólo de equilibrar las cuentas del Estado, sino incluso de alcanzar un superávit en tales cuentas. Consecuencia de esta creencia, estamos viendo hoy en España (el país de la UE-15 que tiene un gasto público más bajo) un superávit mayor (un 1,1% del PIB) que el que cualquier Gobierno tenga en dicha Unión; lo cual se justifica refiriéndose a la experiencia de las socialdemocracias escandinavas (y, muy en particular, de la sueca) que tradicionalmente han tenido superávit en sus presupuestos estatales, olvidándose, sin embargo, que tales países tienen el gasto público (53,3% del PIB) y la presión fiscal más elevados de la UE-15 (47,5% del PIB). Tener un superávit en el presupuesto del Estado y, a la vez, bajar los impuestos es condenar a España a estar a la cola de Europa, pues el enorme déficit de gasto público social no puede resolverse sólo a base del elevado crecimiento económico. En realidad, ha sido el elevado gasto público de los países escandinavos de tradición socialdemócrata lo que les ha permitido un extenso Estado de bienestar (que ha ofrecido seguridad a la población, incluyendo la laboral) y unas potentes infraestructuras que han facilitado su respuesta a los retos de la globalización (estos países son los más globalizados de la UE-15), siendo los países más competitivos de esa Unión. La escasa calidad del crecimiento económico español (con escaso valor añadido) y la elevada inseguridad en su mercado de trabajo derivan precisamente de la pobreza de su gasto público. Esta pobreza de gasto público, por cierto, está también contribuyendo a las enormes tensiones interterritoriales en España. Es sorprendente que barones en todos los partidos políticos, que sacan pecho en defensa de su territorio, hayan guardado durante todos estos años un silencio ensordecedor sobre el enorme déficit de gasto público existente en toda España, déficit que es mucho mayor que la suma de todos los déficit fiscales territoriales existentes en nuestro país. Y ninguno de ellos ha levantado la voz pidiendo un aumento de los impuestos.
En Cataluña, al enorme déficit de gasto público se le han sumado en esta Comunidad Autónoma unas políticas de clase llevadas a cabo con gran dureza por el Gobierno de derechas anterior, resultado de las cuales, la escuela privada (en su mayoría religiosa, que recibe el subsidio más elevado de España) ha estado ofreciendo 1.050 horas más al año que la escuela pública; con lo cual los graduados de la privada (pertenecientes a los sectores más pudientes de la sociedad catalana), al terminar la escuela, han ido nada menos que un año más que los graduados de la escuela pública (pertenecientes en su gran mayoría a las clases populares). Estamos viendo ahora una gran movilización de clase (que incluye el mundo financiero, empresarial y mediático) para que el Gobierno socialista español cambie de alianzas, reproduciendo la alianza del periodo 1993-1996 (PSOE-CiU), cuando, bajo la dirección del mismo equipo que dirige hoy las políticas económicas del Gobierno español, se redujo el gasto público social por habitante, iniciándose una política de austeridad social que fue continuada por la alianza PP-CiU que le siguió.
Tal sensibilidad liberal -reflejada también en los nombramientos económicos hechos o propuestos por parte del Gobierno, incluyendo el de consejeros del Banco de España- está dificultando todavía más la realización de la promesa realizada en el programa del PSOE de converger con el gasto público social por habitante del promedio de la UE-15.
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Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra.